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martes, 7 de agosto de 2012

Corazón


Mi amiga Ileana Medina Hernández hace unas horas colocó en andariveles (perdón por la metáfora natatoria) distintos al amor como expresión del corazón y la conducta tangible que se manifiesta en acciones concretas (dar, acompañar, acariciar, permanecer, comprender, perdonar, aceptar). Ella sostiene que es un síntoma de una cultura neurótica. Quizás tenga razón. Como sea, a mí me hace pensar en la importancia de las palabras, en el uso de metáforas que sugieren, agrandan y emocionan (también existen aquellas que están desgastadas porque se convirtieron en un lugar común). Palabras que invitan a la acción. Palabras que hacen que el amor se manifieste en acciones. Por lo tanto, quizás la problemática está mal planteada. Tal vez tengamos que sacar un cable que separa y dejar que por el mismo andarivel fluyan las buenas metáforas y las acciones que ellas desencadenan. Escribo esto y siento que entiendo mejor a Ileana. Entiendo que la palabra "corazón" ha sido desgastada por malos poetas, malos administradores de la fe y pésimos funcionarios públicos. Por mi parte, yo ("que nunca tuve otra religión que el cuerpo de una mujer") prefiero creer que el amor -si hay que pensar en que vive en alguna parte del cuerpo humano- existe entre las curvas de los pechos de una mujer. El corazón queda mejor en una tabla de anatomía o en el mostrador de una carnicería. Por suerte existen buenas canciones que nos reconcilian. Como la que cantan Fito y Ana Belén.

domingo, 22 de abril de 2012

Y sin embargo


“No miento si juro que daría por ti la vida entera”, dice el cantautor y también aclara que no será más fiel que a sí mismo. Él, como nosotros, corazón, es una oveja descarriada de tantas madrugadas. Me gusta mucho esta canción porque siempre sentí la tentación del solitario para escuchar música sin interferencias, para leer en silencio los poemas que pocos conocen (“mi mujer con lengua de hostia apuñalada”), para trabajar sin que ningún jefe me toque los cojones. Y sin embargo (parece que siempre hay un “sin embargo”), corazón, ahora que vivo solo, cuando no estás, mi casa es una oficina. ¿Por qué en el momento que empiezo a llevarme bien con la soledad tengo que necesitarte? Existe algo que nos une, algo que se empeña en apuñalar mis palabras para que yo vuelva a escribir una y otra vez el poema que resuelva el dilema de esta trama. Tal vez todo se reduzca a la maldición de intentar escribir el verso imposible. Sospecho, corazón, que aceptás ese destino para mí. Y yo, por vos, daría la vida entera.


domingo, 4 de marzo de 2012

Curso “Literatura en Jujuy: De la oralidad al hipertexto”

Dictado por Alejandra Nallim y Reynaldo Castro.

La oralidad. La literatura anónima: leyendas, cuentos, mitos, relatos, etc. El campo y la ciudad. Los primeros escritores y los fundadores del campo literario local: la Generación X. Literatura de viaje, femenina, testimonial y autobiográfica. La construcción de la figura de un escritor de fronteras. Nuestros años setenta: ¿una vanguardia local? La Generación Y.  La poesía de posdictadura: entre la utopía democrática y la indignación por las atrocidades de la dictadura. Campo literario de los 90: El fin de la inocencia. Los pliegues de las memorias de la represión dictatorial. La Nueva Historia: la consolidación de un campo de investigación regional. La generación Z: estéticas del nuevo milenio. La aldea blogal.

La capacitación tiene una duración de 60 horas cátedras y cuenta con una evaluación final.

Empieza el 14 de marzo.

Más información: Dirección de Cultura de la UNJu, Av. Bolivia 1685 Barrio los Huaycos, teléfono 4244101 de 08,00 a 13,00 horas y de 15,00 a 19,00 horas, mail: cultura@unju.edu.ar.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La ambición extrema

¿Quién no ha querido escribir el poema que lo redima? ¿Quién no ha querido escribir la página imposible de escribir? Por eso, el bueno de Ciorán escribió: "Somos fervientes de la obra abortada, abandonada en el camino, imposible de concluir, minada por sus propias exigencias". Hay que ser muy lúcido para entender que esa imposibilidad es lo que nos empuja a escribir. Que ser poetas es un manera de comportarse en el mundo. Una manera de caminar. O, para decirlo con una palabra altisonante, una ética. Y detrás de toda ética hay una estética. Ya sé que parece confuso esto que escribo. Pero, por favor, créanme, es preferible ser oscuro y no atarse a lo que peligrosamente nos acostumbra la rutina. Es preferible la ambición extrema, imposible de lograr, y no la mediocridad que siempre nos peina con sangre.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ilob de Paula Soruco

Tapa del libro
Las editoriales Black & Vermelho (Buenos Aires) y Perro Pila (San Salvador de Jujuy) invitan a la presentación del libro de poemas Ilob de Paula Soruco. El para nada solemne acto será en el Centro Cultural Héctor Tizón (Hipólito Yrigoyen esq. Junín), el jueves 29 de setiembre, a horas 20. Conjuntamente se inaugurará una muestra de dibujos de Bruno Rojo y otras actuaciones imperdibles (performance de Charlee Espinosa y sus ADN shockitos, Mistol Algarroba y sus canciones + Dj Mendoxa y fotografías de la mismísima poeta y de Walter Mendoza).
Ilob (coedición de Perro Pila y Black & Vermelho, 2011) de Paula Soruco (PS) es quizás el libro de poemas más radical del conjunto de autores de este nuevo milenio. Los poemas componen este libro, cuyo título ya es desconcertante para el lector ingenuo, están realizados con total libertad de los mecanismos inconscientes que rigen en la vida de toda actividad creativa. Al igual que su título, cada verso exige una posición activa del lector (¿es que acaso existe otra posición para el buen lector de poesía?) y su autora sabe que corre un riesgo grande. Por eso, ella violenta al lenguaje, rompe con normas de sentidos y crea su verdadera posesión: el riego de escribir. Así, PS es capaz de hablar sobre “una avenida en rojos donde todo se va poniendo verde sin que nunca nunca tengas que frenar”. Esa vertiginosidad de la imagen es la transformación de una realidad por medio de las palabras. La realidad que se puede leer en estos poemas es inseparable de los que ellos son en el continuo cambio.
Con una escritura ágil, los textos de este libro logran ampliar el horizonte estético al que estábamos (peligrosamente) acostumbrándonos. Para despertarnos de la modorra local, PS escribe textos que desencadenan palabras. Des-encadenan palabras, lo repito, por si quedan dudas. Ella borra los límites espaciales y marca, de alguna manera, los extremos que permite tocar la poesía:

“Piernas haciéndose nudo con otras piernas. Dormir trenzados y amanecer, en el cuerpo de la conciencia de la trenza. Ese tipo de elasticidad para llevar. Erguidos y lejanos continuar trenzados y que lluevan meteoritos. Vos allá, yo acá.”

Sobre la autora:
PS, autorretrato con sombra
Nació en Jujuy. Residió (y reincidió) varios años en Córdoba, donde se recibió de Psicóloga. Anteriormente, publicó Illinois (Córdoba, La Creciente, 2005) y Cornisa (Córdoba, Llanto de mudo, 2008). Poemas de PS forman parte de las siguientes antologías: Espuma de rabia: plaqueta de poesía perra (Córdoba, La Creciente, 2003), Poetas argentinas 1961-1980, compilado por Andi Nachon (Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2008), Quince – Antología de poetas mujeres de Córdoba (Córdoba, Tinta de Negros, 2010), Once – Salpicón de poesía jujeña (San Salvador de Jujuy, Intravenosa, 2011) y Peligro inflamableAntología de poesía contemporánea (Buenos Aires, Folia ediciones, 2011). Es, además, fotógrafa. Ejerce su profesión universitaria en el barrio separatista de Alto Comedero, San Salvador de Jujuy.





domingo, 4 de septiembre de 2011

Lectores 3.0


Los lectores no son lo opuesto a los escritores; son complementarios: los unos no pueden existir sin los otros, aunque a veces los lectores llegan tarde al encuentro.
Los buenos escritores hacen escuela. Los buenos lectores, a lo sumo, son difusores; pero no por eso son menos importantes.
Los que leen son paseantes en ciudades extranjeras. Algunos se pierden y, con gusto, viven en sus laberintos. Otros son callejeros que arrebatan ideas, conceptos o metáforas que ya fueron escritas para, después, dejar que terceros las vuelvan a robar.
Los que tienen incorporado el hábito de la lectura pueden reconocer a un buen escritor con sólo leer una frase. Esa velocidad para descubrir es su orgullo secreto. Es, además, su maldición porque saben que todo buen texto debería haber sido escrito por ellos.
Para zafar del orgullo del solo o no caer en la maldición, algunos comienzan a escribir. Pero sólo unos pocos -o mejor: muy pocos- van a quedar en la historia.

sábado, 27 de agosto de 2011

Piedras, editores y otros sujetos de moral dudosa

Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,
si es que llegáis a viejo,
si es que entonces quedó alguna piedra.
(Joaquín Pasos, “Canto de guerra de las cosas”).


Néstor Groppa, creador de la editorial de la UNJu

Es posible que muy pocas personas conozcan los versos que acabo de citar. Pertenecen a Joaquín Pasos (Nicaragua, 1914-1947) y están incluidos en su único libro Poemas de un joven (FCE, 1962). Parto de este poeta porque me parece emblemática su historia: formó parte de un país atrasado, como nosotros, vivió tan solo 33 años en los que no llegó a ver su obra publicada (“Sólo poetas, putas y picados conocieron sus versos”, expresó en un verso memorable Ernesto Cardenal que después musicalizó Joan Manuel Serrat) y, sin embargo, su obra trasciende.

¿Por qué digo que trasciende? Porque sus poemas están incluidos en las más importantes antologías latinoamericanas. Porque su único libro tiene un prólogo muy esclarecedor de Cardenal. Repito lo que dije antes: es posible que pocos conozcan la obra de Joaquín Pasos, pero estoy seguro de que todos saben de la importancia del prologuista para la poesía de idioma español.
Quizás, la práctica concreta de una política editorial sea lo que les acabo de contar: un poeta reconocido rescata del olvido a otro autor por medio de un prólogo que contextualiza, pondera y posiciona al poeta olvidado. Esta acción –nunca estará de más decirlo– va acompañada de un sello editorial que otorga prestigio ( en este caso el FCE).
La segunda cuestión, entonces, es cómo armar un sello editorial que otorgue respaldo a sus autores. Creo que para lograr este objetivo hay que cuidar extramadamente la edición. Esto es: corregir, mejorar lo más que se pueda el estilo, buscar una diagramación adecuada al contenido y –quizás lo más importante– armar un catálogo coherente al perfil de la editorial.
El catálogo es importante no sólo por lo que se publica; también es importante por lo que no publica. Me explico: si yo soy editor de la Universidad, debo armar un catálogo con obras que estén directamente ligadas con la cultura universitaria (trabajos de investigación, obras literarias muy bien escritas y obras de divulgación científica). Esto que digo parece una obviedad, pero creánme si les digo que en la actividad concreta no todos entienden esto. Están los que se presentan a la editorial y dicen que son parientes del rector o (lo que es casi lo mismo) que han colaborado en su campaña política para que el supremo jefe ocupe el lugar que bien se merece.
En más de una oportunidad he recibido a sujetos con esa prepotencia del acomodo. Cierta vez, harto de la insistencia de un mal escritor le contesté que el rector tenía una idea general de toda la Universidad, pero que en el producción de libros el responsable era yo. Que su obra ya había sido rebotada dos veces por el comité editorial y, si él no aceptaba los cambios sugeridos, tendría que buscarse otra editorial.
Llegados a este punto nos conviene definir qué es un editor. Un editor es alguien que, a menudo, tiene que convivir diariamente con diseñadores gráficos que se creen artistas incomprendidos, autores que sienten que ocupan el lugar dejado vacante por Borges, imprenteros que buscan sacarte ventaja con respectos a los insumos, libreros que te miran con desconfianza cuando le llevás una obra de un autor local, abogados que colocan tantas claúsulas en el contrato de edición que, cuando firmás, sentís que estás vendiendo tu alma al diablo, contadores que te entregan el cheque para la edición meses después de que el libro fue presentado y otros personajes similares que forman parte de las delicias de la vida laboral.
Volvamos a la importancia del sello editorial. El sello más importante del fin de milenio fue el de nuestra Universidad. Y aquí hay que destacar la tarea ejemplar de Néstor Groppa, el creador, empujador y, cuando llegó el caso, el que plantó la renuncia cuando veía que la cuestión laboral empezó a resultar insostenible.
Un sello resulta importante cuando tiene un catálogo que enorgullece a sus editores. Un sello será dudoso cuando se averguence de algunos títulos que publica o los niegue públicamente. La construcción de un sello prestigioso se realiza de manera lenta y sostenida. Tan importante como determinar qué títulos se van a publicar, es explicitar aquellos que no se quieren publicar. Los sellos que publican según la lógica del dinero a lo sumo pueden aspirar a un lugar en la literatura comercial. No niego su derecho a existir, pero digo que no es la empresa que a mí me interesa mirar. Tampoco me parece mal que una editorial gane algún dinero. Pero esa ganancia tiene que ser una consecuencia del armado de un buen catálogo. Nunca se debe armar un catálogo que marque los pasos que dicta el gobierno o el poder de turno (hablo de los familiares que me visitaban y empezaban con una frase gastada: “Dice el rector”).
Por otro lado, gestionar una editorial con un espíritu transgresor es una actividad que muy pocas personas están preparadas para desarrollarla. Y lo peor que puede ocurrirle a una propuesta editorial que busque ser subversiva en el campo intelectual es tener éxito.[1] Porque de esa manera su espíritu buscará –conscientemente o no– repetir ciertas fórmulas que le hicieron conocer las mieles del éxito y es, en ese preciso momento, que su rebeldía se transforma en norma. La consecuencia lamentable es que toda la invención subversiva original se transforma en aquello que sus editores decían combatir.
Pero entonces, ustedes se preguntarán si una editorial transgresora es posible. Si vale la pena intentar subvertir el estado actual de las cosas. Si todo no está cooptado por el mercado. La cuestión –me parece– es mirarse críticamente y responder: ¿qué estoy haciendo?, ¿responde lo que hago a mi voz interior?, ¿estoy traicionando los ideales que me llevaron a escribir, a editar, a amar la literatura?
Esta sociedad parece condenar de antemano todo intento de subversión, pero eso no significa que tengamos que renunciar a nuestros ideales. Me explico: toda nuestra educación nos prepara para vencer. Desde nuestros padres que nos decían: “Estudiá para que seas alguien en la vida y la gente te respete”; no decían estudiá para que te superes vos mismo. Ni hablar de las competencias que existen en algunos colegios para determinar quién llevará la bandera y estupideces por el estilo. Desgraciadamente, estamos educados para vencer, no para cooperar. Me pregunto, entonces, ¿no será mejor cooperar aunque seamos el último orejón del tarro de la cooperación?, ¿qué hay de malo en ser el último de la fila?
Creo que las vanguardias literarias le han hecho mucho bien al arte en general. Han ampliado el horizonte estético y abierto nuevos caminos, pero –me pregunto– si ese modelo que abrió todo el siglo XX sigue aún vigente. Quizás no. Quizás estamos entrando en otro tipo de modelo, aunque el viejo aún se resiste a ser enterrado definitivamente.
La idea del pelotón que se filtra por las líneas enemigas para golpear en el corazón del adversario ya está decadente. A lo mejor tenemos que confundirnos con las personas comunes que caminan por nuestras calles. Ser, como bien lo había definido Walter Benjamin, un perfecto paseante: “Estar fuera de casa, y sentirse, sin embargo, en casa en todas partes, ver el mundo, ser el centro del mundo y permanecer oculto al mundo, tales son algunos de los menores placeres de esos espíritus independientes, apasionados, imparciales, que la lengua sólo puede definir torpemente”.
Postulo, por la tanto, la existencia de pequeñas editoriales independientes que se contrapongan a los postulados oficiales. No por una opisición dogmática, pero sí para garantizar una diversidad literaria. ¿Hace falta decir que este modelo de editorial independiente debe tener una autonomía de cualquier tipo de poder? Hace falta porque deben tener una creciente autonomía para no ser cooptadas, para que el poder nos las envuelva.
Hablo de pequeñas editoriales que tengan fluidez para desplazarse, “para burlar los controles y hacer temblar la estructuras”, como define Ricardo Pochtar al término “Alternativo”[2]. Hablo de diversidad literaria y no de autores que corren a escribir los que los lectores o editores –o, lo que es peor, el mercado– le piden que escriban. Hablo de diversidad y no de búsqueda de un best-seller. Los autores que ceden a la presión del mercado no tienen pudor en abrazarse al cheque que les ofrecen. Nos tienen verguenza: se muestran complacientes frente a los concursos. Posan para las fotos para que otros escritores los envidien o, en el mejor de los casos, los admiren.
La diversidad literaria, por el contrario, nos permite reflexionar y ganar en autonomía. No convertirnos en dependientes del poder. Sí en constructores de ciudadanía. La reflexión nos empuja –necesariamente– hacia el camino de la creatividad, hacia la instación de valores éticos, hacia la defensa de los derechos humanos. La diversidad, para Jesús Martín Barbero, está muy ligada con el concepto de comunicación plural:

Frente a ese tramposo pluralismo, que cofunde diversidad con fragmentación, y al fundamentalismo de los nacionalistas étnicos que transforman la identidad en intolerancia, comunicación plural significa el reto de asumir la heterogeneidad como un valor articulable a la construcción de un nuevo tejido de lo colectivo.[3]

Hablé de editoriales que posean fluidez; hablé de la importancia de reflexionar. Digo, entonces, que toma mucha importancia la gestión que pueden hacer estas editoriales independientes y la reflexión sobre esa importancia.
Gestión y reflexión, por lo tanto, son dos práctica necesarias. Hasta el momento, muchos hemos estado más preocupados en la forma de gestionar nuestras editoriales, ahora, gracias a la oportunidad de este foro, tenemos que preocuparnos también de reflexionar. Romper con esa idea de que “los que hacen  no reflexionar y los que reflexionan no hacen”. Toda gestión editorial merece ser reflexionada.
No dudo de que estamos aún en una etapa inaugural de la profesionalización de la edición en esta región. Es posible que aún nos esperen pruebas mucho más dura que las que hemos superado, pero ya el sólo hecho de estar reflexionando y gestionando constituye un horizonte prometedor que nos empuja hacia adelante. De esta manera, trataremos de llegar a viejos con nuestras editoriales; no arrojaremos piedras, las respetaremos; como nos respetaremos más entre nosotros.

(Este texto fue leído en el 1er Simposio Regional sobre la Literatura del Noroeste Argentino, organizado por la Universidad Nacional de Jujuy, en San Salvador de Jujuy, el 19 de octubre de 2010. El título con el que se expuso fue “Política editorial, políticos y editores”.)




[1] Al respecto, afirma Elfriede Jelinek que “el peor lugar para un artista es la fama y que la marginación es el lugar del escritor”, en “El hábito de la irreverencia”, revista Ñ, Clarín, Buenos Aires, sábado 5 de febrero de 2005.
[2] En Hugo E. Biagini y Arturo A. Roig (directores), Diccionario del pensamiento alternativo. Buenos Aires: Biblos, 2008.
[3] Jesús Martín Barbero, “Comunicación: el descentramiento de la modernidad”, en revista Anàlisi, n° 19, Universidad Autónoma de Barcelona, 1996: 94.

domingo, 24 de julio de 2011

Estela Mamaní o la centralidad de los marginales

Pablo Baca, RC y Estela Mamaní, en el CC Héctor Tizón
El reciente 20 de julio, en el Centro Cultural (CC) Héctor Tizón, me tocó moderar una mesa de poetas en la que estuvieron: Pablo Baca, Estela Mamaní, Pablo César Espinoza Lafuente y Juan Pablo Salinas Guillén; los dos primeros de esta provincia y los restantes de Cochabamba, Bolivia. Fue la primera vez que visité el CC Héctor Tizón y debo reconocer que me agradó mucho. Un público numeroso siguió la lectura de los poemas que no fue para nada acartonada, ni aburrida. (Aclaro esto porque mi amiga Nati sólo conoce lecturas plúmbicas que hacen que ella, cuando las recuerda. afirma que se "pegaba unos emboles importantes". Algún día, alguien deberá juzgar a muchas de nuestras instituciones, en especial a las "sádicas", por el crimen de lesa poesía).

La cuestión es que fue un gusto conocer a poetas del otro lado de la frontera que manejan bien las palabras y el humor. Lo mismo que reencontrarnos públicamente con Pablo Baca y Estela. A los dos los había leído intensamente antes que de que editaran sus primeros libros. Creo que nunca más volví a leer con tanta voracidad. Ellos, desde entonces, eran buenos poetas y yo tenia veintipico de años y creía en la revolución y en la poesía; ahora sólo creo en la poesía, pero no crean que es poca cosa.

De la poesía de Pablo siempre me gustó su manera enigmática de narrar. La capacidad para crear climas internos y conmover. Me parece que actualmente la política gana mucho más que lo que aparentemente pierde la poesía al verlo tan diputado provincial . Aquella noche afirmé que él es la gran esperanza blanca de la intelectualidad del radicalismo jujeño y, como dijo alguien aquella noche, dará pelea dentro del ring.

Con Estela tengo otro tipo de relación. Desde el vamos, cuando la conocí, ella cuestionó su propia condición de profesora de letras ("para lo único que sirve una profesora es para corregir la ortografía y hasta ahí", me acuerdo que decía).  Que alguien haya estudiado la carrera de Letras en la Universidad, que además no haya matado la creatividad que tiene adentro y que sea capaz de mirar críticamente a sus pares y a ella misma, no es algo muy común. Y que encima escriba buenos poemas, ya está.

Para no ser un plomazo, como diría mi amiga Nati, voy a cerrar este entrada con un texto que escribí, en 1997, para la reedición de una antología que por distintas razones no llegó a tal.


EL SILENCIO DE LOS JUJEÑOS



En una galería de arte -que ya no está más- de la calle Belgrano, un chanta porteño (de cuyo nombre no quiero ni acordarme) organizaba reuniones en las que se hablaba de poesía. Ahí fue donde conocí a Estela Mamaní. Por alguna razón que ignoro, ella no era -ni aparentaba- ser amigable. Un día, todos -o casi todos- leímos cosas propias. Cuando le tocó el turno a ella nadie daba ni cinco. Y nos sorprendió a cada uno de los que estábamos presentes.

Después, me acuerdo, hablamos de la actuación de Charly García en el estadio del Parque San Martín; comentamos un poema de Juan Gelman (“Lamento por gallagher bentham”) y ella me preguntó si quería conocerlo. Le dije que sí y sus palabras fueron tajantes: “Andá a La Quiaca y entrá a la comisaría. Debajo de un cartel que dice BUSCADO, está la foto”. Entonces estábamos en la primavera alfonsinista y todavía Gelman no podía regresar al país.

No sé en qué momento decidimos armar un grupo para publicar poemas. El hecho es que con Estela y otros amigos descubrimos lo que significa trabajar para la poesía. Después nos separamos; ella se fue con sus hijos a Tilcara, yo encaré hacia Córdoba.

Sus poemas todavía no tienen libro propio. Quizás, porque lo que ella escribe no se parece en nada a lo que hay publicado. En sus versos -como en ella- se nota un gran respeto al silencio. Es más: su poder reside en el silencio. Sus poemas valen por lo que dicen, pero más por lo que dejan de decir.

Sus silencios, además de ser representativos (los jujeños, en general, no somos de hablar mucho -excepción hecha de los políticos y los animadores televisivos, tan parecidos últimamente), son signos secretos que esperan a lectores atentos para ser descifrados. Por eso si alguien quiere conocer profundamente nuestra provincia tiene que recorrerla esquivando los circuitos hechos para turistas y meterse a compartir cosas con sus habitantes. Pero también tiene que leer, por ejemplo, “En Jujuy”; en ese poema Estela habla un lenguaje secreto que es de esta tierra. Testimonio de un silencio que muy pocos han expresado.

Muchas veces yo le hablé de publicar. Y ella, sistemáticamente, no le dio importancia. Lo que sí le importa es escribir sin traicionar. Escribir de sus cosas, de sus alegrías y tristezas, del amor.

Debe ser por lo anterior que en un poema les habla a los borrachos de la vereda y, con una especie de sequedad expresiva, les hace un lugar para que metan la espalda. Habla de un sueño que “la ciencia nunca podrá descubrir” y muestra no sólo la precariedad del prestigio científico sino que ella misma confiesa no poder descubrirlo; esa precariedad está en su lenguaje y -aunque parezca irónico- ése es su poder. La búsqueda de este poema no es la belleza como se la entiende generalmente, o es otra clase de belleza que se parece mucho a una especie de totalidad en el vacío.

Y también ha escrito himnos. “Ave fénix” es un canto generacional, una escritura donde entran los años de plomo que nos transformaron en un amor acuchillado y en los que existir equivalía a resistir. En tanto, “Es tolteca” significa una forma de conocimiento que bien podría ser un texto de antropología poética; los espacios en blanco adquieren en la página significados expresivos, tanto que parece un dibujo muy preciso. En estos poemas -como en la mayoría de su obra- hay dos fuerzas que actúan en paralelo: el silencio se expresa con plenitud, a la vez que el lenguaje calla con exactitud.

En estos días, con motivo de trabajar en la reedición de este libro, nos volvimos a reunir. Está contenta de trabajar en Tilcara, aumentó un poco de peso y sigue siendo muy auténtica. Hablamos unas cuantas horas; durante varios minutos el silencio cortaba nuestras palabras. Entonces me di cuenta: el silencio no es el simple hecho de callarse, sino el acto de prescindir de todo ruido especulativo que interrumpa una conexión completa con el mundo.

Estela, armada con la desnudez de los sentidos, sigue viviendo en coherencia con su espacio. Tiene un código cortito: no aparentar, no traicionar.

miércoles, 13 de julio de 2011

Cristina Mucci habla de la Feria del Libro de Jujuy



La conductora del programa Los siete locos (Canal 7, Buenos Aires) habla de su visita a la Feria del Libro de Jujuy. Cristina Mucci, además de prestarse para una entrevista que recorrió su trayectoria como periodista cultural y sus libros de ensayos, habló -sin ningún tipo de almidón- con escritores, libreros y vecinos que se interesan por la literatura de la región.

Fue todo un acierto invitar a esta periodista (felicitaciones a María Eugenia Jaldín y Rodolfo Pacheco) por varios motivos. El más importante, quizás, es que ella -dueña de una imagen y voz muy fuerte en el campo mediático- puedo tener un pantallazo de la literatura que se escribe en esta tierra de fronteras. Otro motivo es que la Feria, al ser comentada en unos breves minutos por la televisión pública, gana en repercusión nacional.

Vale la pena destacar el excelente trabajo de difusión que realizó Amalia Eizayaga, ya que este año hubo mucho más noticias de la Feria, tanto en medios locales como en algunos de Buenos Aires. También es bueno decir que, en varias presentaciones y mesas de debate, estuvo el intendente de San Salvador de Jujuy, Raúl "Chuli" Jorge; lo vi un par de veces: una vez acompañado de su esposa y, en otra oportunidad, tomando nota, en medio del público (hace bien en ir solo y no con algunos de los diputados de su partido que no tienen el hábito de la lectura y mucho menos de la escritura, a excepción de Pablo Baca).

Ya son siete los años que ininterrumpidamente ser realiza esta fiesta literaria. Y no hubo ninguna picazón, como algunos esperaban. Por el contrario, sus organizadores están proyectando repetir esta valiosa experiencia en provincias vecinas y también en Bolivia. Para ellos, ya no se trata sólo de aglutinar esfuerzos en el mes de Julio; ahora van por más. No una, sino dos, tres, muchas ferias de libros. La teoría del foco cultural ya está elaborada y probada en Jujuy.

La praxis literaria de esta gran región -el norte del sur- está en marcha.

martes, 28 de junio de 2011

El mundo de arriba y el mundo de abajo




Tapa del libro
El domingo 3 de julio, 18 horas, en el marco de la VII edición de la Feria del Libro de Jujuy. estaremos presentando el libro El mundo de arriba y el mundo de abajo de Darío Melano Jasmín, editado por Perro Pila. La cita es en el Profesorado de Artes en Teatro, avenida Bolivia 1600 (ex Hilandería), barrio Los Huaicos, San Salvador de Jujuy.

El libro está compuesto por once relatos literarios basados en la historia jujeña. Su autor nació en San Pedro de Jujuy, en 1981; es abogado; ejerció el periodismo cultural durante los años 2006 y 2007, como columnista y editor en el semanario El Sol Abc; dirigió y escribió el guión del documental Desafiando al silencio, trabajo que recibió la 1era. Mención de Honor en el Festival Nacional de Cortometrajes "Piza, birra y cortos" realizado en la ciudad de Galvez, Santa Fe, en 2009.

A continuación, el prólogo de Francisco J. Fernández:

Cuando el dato objetivo y la recreación literaria se combinan equilibradamente, lo que se dice y el modo en que se dice resultan partes complementarias de un todo. Los textos que integran este libro vienen a poner a prueba dicha premisa, en la medida en que son el producto de un doble y simultáneo enfoque. Por un lado, representan un ejercicio exigente en busca del dato histórico preciso. Por el otro, implican una mirada menos convencional pero igualmente inquisitiva hacia ciertos intersticios de la Historia, a los que a veces sólo es posible acceder apelando a una transcripción de los hechos más laxa e imaginativa.

Ambos aspectos se entrecruzan aquí, se superponen, se relacionan recíprocamente, entrelazando una y otra vez la información documentada con la ficción tramada en la escritura. Desde luego, no es dable narrar sin cruzar fronteras; es decir, sin inventar un relato. Pero es verdad también que los acontecimientos históricos tienden a fijar a esta clase de relatos una dirección determinada, así como a establecer un recorrido cronológico y a pautar sus escalas temáticas. En este caso el autor no ha evitado ni uno ni otro camino. Y, al situar los hechos aquí registrados en la permeable línea que delimita ese mutuo condicionamiento, parece haberse propuesto la meta más deseable para un libro de estas características: estimular el pensamiento crítico de quien lo lee, sin que el pormenor llegue a obturar los espacios demandados por los artificios de la literatura.

Existen en la historia de nuestra provincia no pocos episodios que andan por ahí, sospechosamente desperdigados cuando no deliberadamente tergiversados, encubiertos u omitidos. Darío Melano ha reunido algunos de ellos en este libro y, yuxtaponiéndolos a modo de collage, nos ofrece algo así como una hoja de ruta en la que los escenarios y la cronología cambian pero las situaciones conflictivas que dan base al argumento persisten, impregnando también el presente. Una tesitura que podrá incomodar a algunos, sin duda, pero que el autor aspira a convalidar mediante estas versiones en las que los personajes se definen por su pertenencia de clase o etnia, en ese secular juego del poder económico y político. Es que si bien la Historia no se repite, no es menos cierto que sus protagonistas tienden a reincidir.

El saqueo producido durante la conquista y colonización de nuestros territorios por parte de España constituye, desde esa perspectiva, el inicio de una secuencia de abusos e inequidades que luego se verán reiteradas (bajo similares o diferentes modalidades) por los sucesivos “dueños” de la superficie y de las profundidades del suelo jujeño. De ahí esa clara intención del autor en el sentido de aproximarnos al pasado para rememorar la codicia de los invasores y latifundistas, las luchas y resistencias de los oprimidos, la crueldad de los opresores, los triunfos y derrotas de los inconformes, el coraje impotente de los denunciantes o las rebeldías individuales asumidas como gestos justicieros. Tal vez no debiera sorprendernos demasiado que el ayer y el hoy se nos impongan de tal manera, casi sin solución de continuidad. Porque, hemos de convenir, lo nuevo no ha derivado aquí de una mudanza generada en el campo de los dominados, sino simplemente del cambio de dominadores. Y en tales circunstancias, resulta inevitable que toda convocatoria al pasado acabe conduciéndonos ante el espejo del presente.

Son, pues, esas intensidades pretéritas acechándonos en un pliegue de la memoria, esas que al igual que otras muchas fueron opacadas por complicidades y silenciamientos, las que Darío Melano ha procurado poner en evidencia aquí, transgrediendo deliberadamente los límites instaurados por la Historia oficial.

lunes, 13 de junio de 2011

Una ecuación para el día del Escritor

Fotografía de Aloma Rodríguez
Hoy, 13 de junio, es el día del Escritor. Ya sabemos el origen de esta conmemoración y no vamos a aumentar nada más. Sí vamos a decir que un escritor que siempre es alguien que invierte tiempo, dinero y corre ciertos riesgos para forjar un nombre. Hacen faltas horas para desarrollar la ecuación culo + silla + lectura + escritura + corrección + escritura, y, también lo sabemos, nunca será suficiente el tiempo que le dediquemos. Hace falta dinero para disponer de ese tiempo o hay que robarle a otros trabajos, preferentemente hay que robarle a aquellos que paga el Estado (hay que agradecer aquí a las municipalidades, secretarías de Cultura y universidades nacionales que tanto bien hacen al desarrollo de la literatura al permitir que varios robemos horas y no seamos sancionados; bueno, a veces, sí nos despiden, justo es decirlo); hace falta dinero para impulsar, sobre todo, a las obras que tienen un carácter subversivo dentro del campo literario y hace falta dinero para que no nos acusen de tener una moral ligera, consumir sustancias prohibidas y ser malos ejemplos para los jóvenes, aunque de verdad tengamos una moral ligera, consumamos sustancias prohibidas y seamos malos ejemplos. Y hace falta correr ciertos riesgos para que demostrar que la literatura es una práctica social, que muchas veces se enfrenta a los poderes de turno. Nuestros mejores escritores siempre son termómetros de las sociedades en las que se desarrollan sus obras. Pienso en el libro inédito Los TIPROFI de Néstor Groppa, un conjunto de poemas compuestos de manera lúcida y profunda sobre ese engendro que fueron los bonos con que se pretendió solucionar una crisis económica de los años 90 y que ningún político opositor pudo denunciar de manera tan tajante como si lo hizo el poeta. Y también pienso en Andrés Fidalgo, el escritor que estaba a disposición del Poder Ejecutivo de la Nación (PEN), en 1975, cuando su mujer, Nélida Pizarro, y el editor José Luis Mangieri apuraban la edición del Panorama de la literatura jujeña, con la intención de hacer más injusta la detención del escritor. Por todo ello, hoy a saludamos a todos los ladrones de tiempo, a los escriben, a lo que arriesgan y, en esas tres acciones, siguen buscando la solución -aunque sepan que nunca la van a encontrar- de la ecuación culo + silla + lectura + escritura + corrección + escritura.

jueves, 5 de mayo de 2011

Ayer, murió Néstor Groppa, el cronista sensible

El contestador


Yo estaba viendo "una de Tarzán"
el domingo de aquel noviembre,
mes, en la tierra.
Y sentía que era la misma criatura
caminando por un pueblito
hasta dar con mi madre en la vereda
contemplando estrellas
y surcos del cielo
desde su "mecedora
de las buenas noches".

Me dije: estoy desandándome.
Porque cuando la infancia
porfía en uno
es porque están vistiéndolo
como para salir de visita un largo domingo eterno

"ustéestáhablandoconlacasadeng.
Disculpe pero no lo puede atender
porque acaba de salir de su casa
sin hora ni día ni año
de regreso.
"despuésdeltonodejesumensaje"...
..."elqueseráguardadoportreintadías"...

Néstor Groppa (Laborde, 17 de junio de 1928 - San Salvador de Jujuy, 4 de mayo de 2011)

Ver la a noticia en el diario Clarín

jueves, 10 de marzo de 2011

Escritores nuevos, escritores jóvenes

A propósito de la antología Nueva poesía de Jujuy

Tapa de Víctor Montoya

Armé este libro entre 1989 y 1990, y fue publicado en los primeros meses de 1991 en Jujuy. Entonces apareció con el título de Nueva poesía de Jujuy y, no bien vi el primer ejemplar, me di cuenta que era un título engañoso. Nuevo es algo que irrumpe, que no pide permiso, pero ya cuando se lo califica -en ese preciso momento- deja de serlo.
Por aquellos años, algunos amigos -con absoluta buena voluntad- me convencieron de lo oportuno del título, “hay una nueva poesía que se diferencia notablemente de la ya establecida”, decían no sin fervor. En ese momento tenían razón. Pasado el tiempo, el título empezó a oler mal.
Digo que era un título que invitaba al engaño porque muchos, cada vez que hacían referencia a los poetas seleccionados, hablaban de “nuevos poetas”, como si estos recién estuvieran haciendo sus primeros garabatos. Decían: “ahí va fulanito, ese joven que escribe...”, cuando para la gran mayoría la juventud era una visita que ya empezaba a levantarse de la silla.
Pero, más allá de la discutible juventud de estos “muchachos”, lo que me interesa aclarar es que la nueva poesía irrumpió gracias a la madurez poética de hombres y mujeres que venían de años de buscar, experimentar y empujar -a ciegas algunas veces- contra una forma de escribir que estaba clausurada para contener un espíritu nuevo. (Insisto: lo que en su momento fue nuevo, no nació por generación espontánea; fue el resultado de un largo camino que tenía -como aquella canción de Silvio Rodríguez- peligrosas sillas que invitaban a descansar.)
Ahora que vuelvo a reller estas páginas me doy cuenta de algunas ausencias notoria. Ángel Negro no està incluído porque leí sus poemas recién después de la primera edición; Víctor Ocalo García no tenía razón de estar ausente. Tampoco pueden faltar unas líneas de agradecimiento.
Compilar, juntar y editar poemas de distintos autores es, más que una forma de arte, un trabajo de periodismo cultural. En el periodismo, ya se sabe, siempre es importante tener un buen soporte de producción. Importa decir, entonces, que este libro se formó gracias a la producción de muchas personas y el apoyo de distintas instituciones.
Hago una lista (incompleta) de quienes colaboraron en la primera edición: Víctor Montoya responsable de la diagramación; Víctor Redondo y Reynaldo Jiménez, quienes armaron los originales; Cecilia Acuña que se bancó la difícil tarea de la corrección de pruebas; Ernesto Monteavaro y Pablo Teruel, autores de las mejores fotografías del libro; las municipalidades de Palpalá y de San Salvador de Jujuy, que apoyaron económicamente; los escritores e investigadores que escribieron acerca de los poetas seleccionados; y, fundamentalmente, los poetas seleccionados que acercaron sus trabajos con total desprendimiento.
La circulación de la antología se logró sin utilizar los circuitos comerciales (no porque se los desprecie, sino por tener una vocación de perdedor). Para que la poesía de Jujuy sea leída resultaron imprescindibles algunos escritores generosos que publicaron comentarios: Andrés Fidalgo en Jujuy, Cristina Siscar, Jorge Fondebrider y Julio Bepré en Buenos Aires, Rodolfo Alonso en Tucumán y Barcelona, Ricardo Díaz Villalba en Salta (casi todos están incluidos en el último capítulo de este libro). Otros no publicaron nada, pero sí hicieron una decisiva campaña oral; entre tantos nombro al más desaforado: José Luis Mangieri.
En un país que -entre tantas cosas- carece de una política de divulgación cultural hacia el exterior, las posibilidades de viajar merecen una mención especial. En 1996 recibí una beca de investigación del Instituto de Cooperación Iberoamericana que me permitió conocer a escritores e investigadores -Uberto Stabile, Adrián Alemán de Armas y la lista sigue- de España que tienen un discurso que no se contradice con el que armamos por aquí. El viaje, además, fue aprovechado para organizar un seminario que se tituló “Poesía actual de Jujuy” en la sede Iberoamericana de la Rábida de la Universidad Internacional de Andalucía, por su excelente disposición quiero mencionar a algunos de mis anfitriones: Juan Marchena, Braulio Flores, Manuela Fernández y los amigos de la Fundación “Juan Ramón Jiménez”.
Las investigadoras Ileana Medina Hernández (Universidad de La Habana, Cuba) y Sara Marcela Bozzi (Universidad Jorge Tadeo Lozano, Colombia) han logrado que algunos de los poetas que integran este libro sean conocidos en esas lejanas y queridas tierras.
Andrés Fidalgo fue el asesor espiritual (y material) de esta generación. Él y su esposa, Nélida, fueron generosos amigos que organizaron -entre otras cosas- las mejores comilonas. Los dos nos han enseñado que no hay que tener problemas digestivos a la hora de escribir. (Creo que es la primera vez que escribo sobre ambos en pasado; es posible que ahora soporte el vacío que generaron esas muertes, lo que no toleraré es que nadie diga que hubo alguien más jóven que los Fidalgo).

viernes, 7 de enero de 2011

O que será (Chico Buarque), versión de Maria de Medeiros


A los veinte años, después de haberme enamorado varias veces, fui correspondido por primera vez. Después, descubrimos que no había certezas ni arreglos y nos separamos. Fue entonces que empecé a descubrir a la poesía más delirante. El paso siguiente (o quizás el anterior) fueron las canciones de (des)amor. Más tarde estudié en la universidad y adquirí ciertas poses de criptointelectual; leí sobre el amor líquido, el fin de las ideologías duras y toda la sanata posmoderna. Han pasado más de veinte años, he amado y desamado mucho, es tiempo de volver a mi punto de partida como oyente: esta canción.

sábado, 1 de enero de 2011

Revista de frontera

Tapa del primer número
En los últimos días del año que se fue, apareció el número de la revista de Frontera. En sus páginas se puede leer información referida a la música, la literatura, el teatro, la arquitectura, las artes visuales, el cine, el comic y la investigación en esta confusa tierra fronteriza.
El consejo editorial está conformado por Martín Goitea, Nora López, Nadia Meriño y Silvana Espinoza. En este primer número (muy tizoniano) participan: Natalia Mamaní, Adrián Temer, Sebastián Velázquez, Jorge Vargas, Julio Lencina, Alejandro Teves, Silvina Montecinos, Elisa Barrientos, Mariano Goitea, Pablo Espinoza, Bruno Rojo y quien suscribe. Las fotografías son de Gladis Coromina, Gimena Lovito, Pablo Alemán, Jorge Vargas y Martín López.
De Frontera obtuvo una mención especial en el concurso federal "Abelardo Castillo", organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación. Se consigue en las librerías Horizonte y Rayuela, el bar Humanos, la Fundación Séptimo Arte y en quioscos de Jujuy. Contacto: revistadefrontera@gmail.com

viernes, 29 de octubre de 2010

Apuntes para una historia de la literatura de Jujuy

Andrés Fidalgo, en su Panorama de la literatura jujeña[1], nos recuerda que la provincia de Jujuy se constituyó como tal el 18 de noviembre de 1834 y que el quichua fue la lengua general (aclara que, subsidiariamente, el aymara también fue practicado). Ambos, junto al castellano, fueron adoptados para difundir los manifiestos de la Junta Patria de 1810, algunos decretos de la Asamblea de 1813 y el anuncio de la Expedición Libertadora de San Martín al Alto Perú.

De las lenguas indígenas, no se ha encontrado literatura escrita; al menos con alcances aproximados a los que hoy damos a esa expresión. Pero resulta evidente su gravitación en cuanto a temas de mitos, fábulas, cuentos, leyendas y canciones, algunos de los cuales han llegado hasta nosotros por vía oral. No es despreciable tampoco, la incorporación de vocablos quichuas y la influencia de ese idioma en la pronunciación diaria (eses silbantes en exceso, aspiración impropia de sílabas que se inician con vocal, etc.).[2]

Fidalgo también expresa que el conocimiento de la biografía de un autor y el contexto social ayudan a comprender la obra literaria. Es decir, el origen social de cada autor, su historia educacional y el tiempo que le toca vivir, nos permite analizar las influencias que esas marcas tienen en toda obra literaria. Esto no significa que tengamos que pensar en clases e instituciones sociales y, después, en las personas como sus simples representantes; por el contrario, en más de una oportunidad, existen autores que se desvían del mandato social recibido y traicionan a su propia clase[3]. Como sea, todos crecemos en relación con un modelo social, por lo que “el supuesto de la creación autónoma –el individuo creativo que actúa con completa libertad– es engañoso e ingenuo”[4].

Un dato importante: la primera imprenta en nuestra provincia comenzó a funcionar en 1856. Su propietario fue Macedonio Graz (en ese momento, diputado nacional en el Congreso de la Confederación en Paraná). El primer periódico fue un seminario dirigido por Graz y su tío, Escolástico Zegada (vicario foráneo de Jujuy), se llamó El orden y apareció el 6 de setiembre de ese año.

Debido a la tardía llegada de la imprenta a Jujuy y a la inexistencia de escritura entre los pueblos originarios, la producción literaria se realizó por transmisión oral y, en consecuencia, afirma Fidalgo, “no había interés en mantener el nombre del autor”. La literatura anónima incluye distintos géneros: la prosa en sus distintas variantes (leyendas, cuentos, mitos, relatos, etc.), pero el uso hegemónico está dado por la transmisión de versos (mayoritariamente por medio de la copla, aunque también por medio de glosas. Lo sustancial de esta poesía anónima, afirma Fidalgo, fue compilado por Juan Alfonso Carrizo en su Cancionero Popular de Jujuy, impreso originalmente en Tucumán en 1934.

Etimológicamente, copla deriva de la voz latina “copula”, unión, enlace. Y se la define como aquella composición poética breve que suele servir de letra en canciones populares. Es una de las formas más bellas y fecundas de la literatura española y tan antigua como la historia de la misma. Desde su origen fueron composiciones destinadas a ser puestas en música y cantadas en regocijos populares. Su carácter distintivo es la naturalidad. Por eso, rechaza las formas rebuscadas y los pensamientos alambicados. Las coplas que pudiéramos llamar “eruditas” son falsa expresión del género, y aunque muchos poetas cultos las hayan escrito, su virtud consistió en adecuarse a las características arriba señalada hasta el punto de disimular técnica y cultura del autor.[5]

Existen distintas variedades de copla que no las vamos a desarrollar aquí. Sí queremos expresar que muchas de ellas son construcciones dignas de cualquier antología, como las que transcribimos a continuación que –con justicia– figura en una selección de textos eróticos:

Paloma quisiera ser

y que me cace el halcón

que me derrame las plumas

y me coma el corazón.

Que el primer periódico estuviera dirigido por un diputado y un hombre religioso nos da la pauta de que para escribir (tanto en periodismo como en literatura) hace falta contar con ingresos fijos y seguros que brinden momentos para la escritura en un lugar y un momento en que dicha actividad no es reconocida como trabajo. Si el tiempo es dinero, entonces, el tiempo libre puede ser obra literaria.

En las conclusiones de su ya imprescindible libro, Fidalgo escribe sobre las personas que escribieron en Jujuy:

[E]n un comienzo lo hizo la minoría ilustrada, en especial miembros de la jerarquía eclesiástica, abogados, políticos de nota (incluso ministros y gobernadores). Cierto que tales cargos no tuvieron nunca en este ambiente la categoría que en otros; pero sólo por excepción trascendieron aquí en la literatura, personas con recursos modestos, de humilde ocupación. Esto determina y explica cierto tono general de conformismo, de literatura amable, un tanto académica, que critica sin golpear; que ocasionalmente ironiza pero no fustiga; que si pone en evidencia abusos o atropellos, lo hace tomando distancia, desde afuera, más por simpatía humana que por pasión de lucha. Algún autor que podría considerarse “comprometido” o “tendencioso”, realiza su obra con recursos poco evolucionados o modestos; con formas simples cuando no elementales.[6]

Si bien el autor no profundiza el origen social de los escritores, deja planteada la importancia de conocer dicha procedencia. Más adelante, él se refiere a sus contemporáneos (recordemos que su ensayo fue publicado en 1975) y expresa que “se invierten los términos de la relación: la mayor parte de los escritores son de modesta extracción o de clase media”. Y finaliza: “El proceso de democratización de la cultura se cumple (no sin altibajos) también aquí”[7].

Es interesante destacar la caracterización que hace Fidalgo de la producción literaria que él contribuyó a ordenar: por un lado, una literatura conformista, amable, académica; por el otro, una literatura que fustiga, que denuncia atropellos y que tiene pasión de lucha. De manera muy sutil, el ensayista armaba su propia genealogía: su obra tiene todas las características del segundo grupo.

Volvamos, por un momento, a la copla. En la década del noventa, Fidalgo publicó una nota en la que narra la siguiente anécdota:

[U]na cursante de la Facultad de Humanidades local que logró (ignoro mediante qué gestiones) viajar a España para intervenir allá en seminarios, encuentros y vaivenes similares, referidos a la copla. A su regreso, comentó “el éxito obtenido” antes quienes siguen investigando qué son esas cuartetas generalmente octosilábicas y asonantadas en los versos pares, desde hace más o menos mil años. (Para no andar con cuentas menuda y sin hacer entrar en el baile a los árabes). Lo cierto es que siguiendo el ejemplo de la joven alumna, intenté vender azúcar al Ingenio Ledesma y, después, hierro a Altos Hornos Zapla. Gestiones a las que debí renunciar tras quince días de ayuno.[8]

Quizás, para algunos, no sorprenda la ironía de Fidalgo, pero estoy seguro de que varios ignoran el carácter tajante de varias de sus intervenciones literarias; carácter que, en más de una oportunidad, significó el truncamiento de una carrera literaria. Un ejemplo de esto que afirmo es el que recuerda Fidalgo, en la misma nota recién citada, a “un profesor cuyos versos persiguen ostensiblemente la regularidad de las formas consagradas, pero que no soportan barquinazos de resultas de los cuales deberá acudirse al mecánico de automotores”. El campo literario –y esto lo vamos a ver enseguida– es un espacio de conflictos y tensiones.

En estas páginas presentamos una historia de la literatura de Jujuy. Escribimos “una” y no “la” porque sabemos que no tenemos el suficiente capital intelectual para ordenar, relacionar y ponderar toda la producción literaria de esta provincia. Es –nada más y nada menos– que una historia casi personal de nosotros como lectores activos y cómplices, más una dosis de sistematización académica que aprendimos a lo largo de nuestra formación[9].

Un primer acercamiento a nuestro objeto de estudio podría hacernos afirmar que existe literatura buena y literatura mala. Que hay escrituras tradicionales y escrituras rupturistas. Poemas costumbristas y folklóricos, por un lado, y, por otro, poemas urbanos y herméticos. En definitiva, una literatura prosaica y otra elevada. El esquema recién planteado es algo tremendista y poco digno para cualquier historia. En consecuencia, vamos a tratar de problematizar la cuestión.

La literatura folklórica, según Groppa, tiene varios modos de ser representada:

Podrían significar la representación de esta literatura Fausto Burgos, el primer tiempo de Domingo Zerpa, el quichuísta [Sixto] Vazquez Zuleta, Félix Infante (en tanto narrador), Fortunato Ramos y el “Chango” Toconás (estos dos últimos como recitadores, aunque ya fallecido Toconás). Todos ellos con variados tonos que van desde el escritor serio y buscador, indagador del medio y de sí mismo (Zerpa y Burgos, que recaló algunos años en la Puna jujeña en su vida rica de tucumano andariego), hasta los recitadores “costumbristas”, esa especie incalificable que con algo de dudosa juglaría deambula por Peñas y Casas de Comida, con mínima autenticidad, cuando no con un esmerado mal gusto.

La cita corresponde a Néstor Groppa y forma parte de su libro Abierto por balance (de la literatura en Jujuy y otras existencias)[10]. En esas breves líneas, el autor menciona varias categorías del campo literario: para empezar, la literatura folklórica que Augusto Raúl Cortázar define así a las “producciones de escritores que han ido a buscar asunto, ambiente, lenguaje o espíritu para sus obras, en la realidad folklórica”. Además, Groppa, califica a Burgos y Zerpa como escritores serios; en tanto que a los recitadores “costumbristas” los descalifica por la estética de sus producciones y da como (mal) ejemplo un poema de Fortunato Ramos[11].


Continuará


[1] Buenos Aires: La Rosa Blindada, 1975. Las ilustraciones del libro corresponden a Raúl Lara Torrez; en el libro no figuran los créditos por razones que explicaremos más adelante.

[2] Ibídem, pág. 8.

[3] Por ejemplo, Lucía Mallagray con su libro Heridas por la vida: Huérfanas, prostitutas y delincuentes. Control, disciplinamiento e integración social en Jujuy (1880-1920), San Salvador de Jujuy: EdiUnju, 2009.

[4] Raymond Williams, “La historia social de los escritores ingleses”, en La larga revolución. Buenos Aires: Nueva visión, 2003 [1961], pág. 231.

[5] Andrés Fidalgo, op. cit., págs. 14-15.

[6] Ibídem, págs. 189-190.

[7] Una cuestión a profundizar puede ser el origen social de los directores literarios de Tarja: Mario Busignani (abogado), Jorge Calvetti (en ese momento agente sanitario), Néstor Groppa (maestro) y el propio Fidalgo (fiscal). De todas maneras, la cuestión no es tan simple porque después Calvetti sería un periodista con cierta comodidad en Buenos Aires, en tanto que Fidalgo, antes de ser abogado, era suboficial del Ejército; sobre la trayectoria intelectual y social de este autor hay mucho para decir y es, actualmente, motivo de otra investigación.

[8] La nota ha sido recopilada en Francisco Maceiras y Andrés Fidalgo, Escritos casi póstumos de dos autores vinculados con la literatura de Jujuy. San Salvador de Jujuy: Ediciones Culturales San Salvador, 2003, pág. 73. El primer autor es el seudónimo que Fidalgo utilizó en varias oportunidades.

[9] La tarea de censar la literatura ya ha sido analizada por Groppa, quien afirma: “El camino a seguir se abre en dos. Tomo el del catálogo, el camino de “guía telefónica”, aquel de nombres y monótonas enumeraciones, o bien tomo el camino de cornisa que permite visiones amplias, significativas y a la vez simplificadoras durante la contemplación de zonas con el tiempo tenido” (Abierto por balance: De la literatura en Jujuy y otras existencias, San Salvador de Jujuy, Buenamontaña, 1987, pág.13).

[10] San Salvador de Jujuy: Buenamontaña, 1987, pág. 30.

[11] El texto forma parte del libro Poemas costumbristas de un maestro rural. Humahuaca, sin fecha de edición, es probablemente de 1973. La obra cuenta con la adhesión del Bloque de diputados Justicialistas de la Honorable Cámara de Diputados de Jujuy.

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