lunes, 17 de mayo de 2010

París tres de Aloma Rodríguez


He leído, con alegría, el libro París tres (Xordica, 2007) de Aloma Rodríguez. Se trata de su primera novela (la segunda se llama Jóvenes y guapos y fue editada por la misma editorial el año pasado). La autora es de Zaragoza, nació en 1983, estudió Filología Hispánica, es actriz y productora de teatro.


La novela está muy bien escrita: es ágil, clara y un humor desenfadado. Habla de las peripecias de una joven española que estudia en la Universidad Paris 3 y que, además, hace teatro. Cualquier similitud con la autora, como se ve, es pura consecuencia.


Mezcla rara que incluye infidelidades imaginarias, diario de una becaria en un país extranjero y, de manera solapada, el pago de una deuda afectiva a un padre que dejó su huella en la autora. No existe un episodio dramático que sea clave en construcción narrativo, más bien hay pequeños episodios (la extensión de los capítulos siempre es breve) que tienen dosis pequeñas de dramas, humor, reflexión. Quizás, el mayor logro de esta novela sea cautivar al lector sin grandes problemas ni golpes bajos.


Que los jóvenes de hoy no tengan ningún interés por las causas sociales no significa que sean superficiales. El compromiso juvenil parece pasar por otro lado: por la crítica a los profesores que no se esfuerzan en el dictado de clases, por los prejuicios que todo generalizan, por las amistades que quieren ocupar siempre un lugar protagónico y que no dudan de rotular como alcohólico a todo bebedor que confiesa tomar una copa diaria, y por los intentos de coger –de follar, escribe la española– sin haber realizado un discurso amoroso previo.


En definitiva, un libro para leer de una sentada. Una novela que permite conocer la subjetividad de una joven que es representativa de una generación que no sueña con la hacer la revolución pero que –de ninguna manera– es superficial. Por el contrario, París tres es una crítica a la mirada conforme de la cotidianidad. Hay vida, y cómo, en la nueva narrativa española.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cómo engañar a un escritor

Un escritor es alguien que escribe libros y otro –un editor, en el mejor de los casos– lo publica. Al escritor le corresponde un diez por ciento del precio que se vende en las librerías. Los libreros, por lo general, se quedan con un treinta por ciento o más, los distribuidores con un porcentaje mayor; el resto va para la imprenta, los diseñadores gráficos, correctores, el depósito para obtener el ISBN y otro montón de gente que hacen creer a todo escritor que si recibe alguna moneda tiene que darse por bien pagado. Porque hay que decirlo: son pocos los editores serios que pagan a sus escritores.

Un escritor con espíritu crítico, por otro lado, es alguien que se opone al mercado y se resiste a considerar su obra como un producto comercial. El amor al arte, por lo general, se realiza gracias a otro trabajo que es redituable.

Como se puede ver, un escritor es alguien temerario que ejerce su oficio a riesgo de perder siempre, salvo que se dedique a escribir libros de autoayuda que, como bien dice Leo Maslíah, son libros para ayudar al que los escribió.

Soy consciente de que casi todo el mundo conoce estas características. Soy escritor y estoy acostumbrado a que los libreros prometan pagarme más adelante. Conozco a editores que me publican algún texto y después pretenden que les pague por un ejemplar de la publicación porque lo que ellos hacen es un trabajo cultural. Lo mío, claro está, no es cultura.

Creía estar al tanto de todos los engaños que existen, pero una carta que recibí hace algunos años, me hizo ver lo equivocado que estaba. La carta de Pedro Mendoza y Rufina Valdiviezo decía que me invitaban a un “Encuentro de poesía y canto infantil”. Cuestión que significaba que los firmantes no sabían que mis textos no están dirigidos a un público infantil. La invitación decía que yo había sido designado padrino honorario y que iban a designar con mi nombre a una sala de lectura. Aquellas personas sabían que los escritores desayunamos con egos revueltos. Pero algo me hizo dudar: al encuentro asistirían cincuenta niños y los organizadores me consideraban un “verdadero ejemplo de vida digno de imitar”. Nadie nunca me dijo nada parecido y si otra vez vuelvo a sentir esa expresión, juro que voy a maldecir a la persona que haga esa enunciación y a toda su descendencia.

El penúltimo párrafo de aquella carta me sirvió para confirmar mi sospecha de que estaba a punto de caer en un engaño original. Lo transcribo: “Por último con mucho respeto le solicitamos un préstamo de $ 150 (ciento cincuenta pesos) para la compra de algunos accesorios para la sala y para el pasaje del señor Lázaro Pedro Mendez quien viaja para entrevistarse con usted”.

Aquella carta fue realizada por un embaucador que bien podría dedicarse a escribir historias porque es más original que los malos editores, que los libreros duros de pagar y que muchos escritores malos que no tienen nada para contar. Como yo que, como un acto de venganza, utilizo aquella carta para compensar mi falta de originalidad.

martes, 11 de mayo de 2010

Mesas del poder

Son muy pocos los políticos que se preocupan por lo que dicen sus imágenes. Muchas veces son capturados por las cámaras en actitudes distendidas o sin preocuparse por la manera en que quedan congelados por los fotógrafos. Varios opinan que lo importante es aparecer en los medios; no importa cómo, ellos se conforman con dejarse ver. En esta nota, presentamos un análisis de fotografías que tienen como protagonistas a hombres de los principales partidos de Jujuy. Un análisis para aquellos que no se conforman con esta realidad.


En el diario Pregón del 17 de abril figuran tres fotografías relacionados con el accionar político local. La de mayor tamaño figura en la parte superior. Tiene como título: “El Gobernador receptó inquietudes municipales” y una volanta aclaratoria: “Compromisos con Quebrada y Puna”. El epígrafe de la foto dice: “El Salón Blanco fue escenario de la reunión mantenida entre el gobernador Barrionuevo y jefes de jurisdicciones comunales”. En el cuerpo de la noticia figuran los nombres de las autoridades provinciales: Walter Barrionuevo (gobernador), Pablo La Villa (ministro de Gobierno y Justicia), Horacio Macedo Moresi (secretario general de la Gobernación), Hugo Echavarri (secretario del Interior), Marcelo Nasif (secretario de Protección a la Comunidad) y los diputados provinciales Osvaldo Del Grosso y Rubén González. También participaron representantes de jurisdicciones de Quebrada y Puna, pero sus nombres no figuran.

La fotografía muestra una larga mesa y es un buen ejemplo de imagen con perspectiva. A la izquierda de la mesa están los políticos que tienen nombres propios; ellos apoyan sus manos sobre el mueble; sus caras están sonrientes; sólo uno de ellos mira hacia abajo, quizás lee un mensaje en su teléfono celular. La mesa también soporta agendas, papeles y varios vasos de vidrio. A la derecha y más alejados de la larga mesa, están los anónimos jefes comunales; varios también sonríen; tienen sus agendas apoyadas en los muslos; un hombre que está casi al frente de Barrionuevo tiene sus piernas cruzadas; otro, mira hacia abajo (quizás está mandando un mensaje con su teléfono). Casi todos los hombre que están cerca del gobernador tienen saco y corbata; del otro lado de la mesa, ninguno tiene corbata y la mayoría no posee saco.

El cierre de la noticia es el siguiente: “Las gestiones acordadas apuntan a fortalecer los diferentes programas y planes en ejecución, los que tendrán continuidad gracias al compromiso asumido por el Dr. Barrionuevo de atender eficientemente las demandas de los jujeños”.

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Las dos fotografías restantes están relacionadas con la Unión Cívica Radical. La primera está por encima del título (“Reunión organizativa del radicalismo en la Puna”) y su epígrafe expresa: “Principales referentes del radicalismo jujeño, en visita a localidades del norte provincial”. La imagen muestra a varias personas que apoyan sus manos en dos mesas que han sido colocadas juntas; ellos son: Alberto Bernis, Jorge Rizzotti, Mario Pizarro y Humberto López (diputados provinciales); Alejandra Elías (presidenta del Comité Departamental Yavi); Alberta Carretero (ex concejal de La Quiaca); Jorge Gronda (miembro del directorio del Instituto de Política Públicas). Todos están vestidos de manera informal; el único dirigente que deja ver su calzado ostenta zapatillas.

La fotografía que está más abajo muestra a un hombre joven parado que, según el epígrafe, forma parte de los dirigentes de Yavi y Santa Catalina, que expone la situación partidaria de su región. El joven dirigente tiene una gorra con visera y una campera deportiva; los otros dirigentes están sentados, muchos con sus brazos cruzados y lo miran atentamente.

En el texto se puede leer la intención de los dirigentes: “Poner nuevamente la organización partidaria en la calle”. Para esto, los radicales armaron una agenda de reuniones para el próximo mes y anunciaron la apertura de una sede del Instituto de Política Públicas que convoque a sectores de la comunidad quiaqueña.

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La mesa en uno de los muebles más nobles que ha inventado el género humano. Sirve para comer, estudiar, apoyar cosas y, si uno recuerda una memorable escena del film El cartero llama dos veces, para tener buen sexo. Casi todas las mesas fueron pensadas para más de una persona. Una mesa grande es sinónimo de familia numerosa o de propietario generoso o poderoso.

La construcción del poder político exige siempre reuniones para realizar acuerdos. En ese contexto puede ocurrir que una mesa sea mucho más que una mesa. ¿Qué diferencias y qué semejanzas existen en las fotografías que protagonizan los hombres del poder local?

Empecemos por las semejanzas. Los dirigentes centrales siempre están más cerca de la mesa. Ellos pueden apoyar sus agendas, sus celulares, sus vasos y, fundamentalmente, sus brazos para estar más relajados. Tienen, además, protegidas sus partes inferiores; es decir, la mesa también es un parapeto que los protege. Así, nuestros dirigentes no tienen necesidad de cruzar brazos ni piernas, hay una defensa entre ellos y los dirigentes que ocupan un lugar marginal en el campo del poder. Estos últimos ni siquiera tienen derecho a ver sus nombres y apellidos en las noticias. Son -para decirlo si vueltas- actores de reparto.

La diferencia fundamental está dada por el tamaño de las mesas. En el caso de la mesa más larga, el centro del poder lo ocupa el sonriente gobernador. El contexto también cobra mucha importancia: se trata del Salón Blanco de la Casa de Gobierno, el lugar de las grandes decisiones.

Para los radicales, la realidad es otra. Ellos tienen que sumar dos mesas chicas para quedar casi todos protegidos. Uno de ellos queda expuesto y por eso cruza sus pies, como si con ese acto tratara de disculparse por sus zapatillas. También se muestran, estos dirigentes, con relajación. Su público también está conformado por actores secundarios. Tanto es así que, para ser escuchados, tiene que pararse. Esto muestra un distanciamiento entre dirigente y dirigidos, por más que no se trate de una foto panorámica como en el caso de la reunión oficialista.

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Leer en una misma página noticias relacionadas y que tienen a las mesas como común denominador es algo que no ocurre todos los días. Los muebles marcan quien tiene el aparato político más grande. Marcan también una rara coincidencia entre oficialistas y opositores: sus cúpulas no quieren mezclarse con los dirigentes secundarios. En un caso, los actores de reparto deben llegar hasta el mismo centro del poder y contentarse con un lejano vaso de agua o soda fresca; quizás en esto consista la atención eficiente del gobernador. En el otro, los dirigentes locales tienen que expresarse como alumnos disciplinados frentes a docentes exigentes: hablar de a uno y parase a un costado de su asiento.

Tanto los dirigentes peronistas como los radicales se sostienen sobre un pobre discurso. En el caso del gobernador, su accionar queda reducido a ser receptor de inquietudes municipales, ¿hace falta semejante mesa para funcionar como mesa de entradas? En el caso de los radicales su propuesta es armar una agenda de reuniones y abrir una sede para sumar propuesta y proyectos; estos dirigentes tienen una idea muy reducida para lograr que su partido se posicione en la calle.

Estas mesas no sirven para comer ni para estudiar, apenas si sirven para apoyar brazos, agendas, vasos y celulares. De coger… ni hablemos.


lunes, 22 de marzo de 2010

Identidades, discursos y memorias

[Este texto es fragmento de un libro que próximamente editará EdiUnju]

Las mujeres familiares de los detenidos-desaparecidos, desde un silencio inicial (“no contábamos nada”) y una postura de inferioridad (recordemos algunas de las cualidades con que se definían a sí mismas: “calladitas”, “solitas”), empezaron a reconocer que todas buscaban “algo”. Todavía, en esa primera etapa, el objetivo común no estaba claro y faltaba una definición grupal.

Después, empezaron a mirarse, a reconocerse de manera intuitiva y a hablarse en voz baja. Dejaron de ser “unas” y “otras” para pasar a convertirse en “compañeras de infortunio” (una denominación incluyente). Tenían un recorrido común dentro de la provincia: comisarías, el RIM 20, la cárcel de Villa Gorriti. Otras andaban por Buenos Aires: en la sede del ministerio del Interior y también en los atrios de las iglesias. Todas aprendieron a reconocerse en otro rostro cargado de dolor y angustia.

La llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a Tucumán, en 1979, fue clave para agruparse y hacerse fuerte. Soportaron los festejos de los goles de Maradona mientras hacían las denuncias. Entonces ya habían dejado de sentirse disminuidas y si una mujer tenía “cara de madre de desaparecido” y estaba “sola” (y ya no “solita”), rápidamente, se unía a las otras. Y todas aprendieron a protegerse las espaldas.

Algunas, las más grande y con experiencia de luchas anteriores por los presos políticos, tomaron iniciativas para acercarse a las más jóvenes y preguntarles a quiénes buscaban, quién era el desaparecido de cada una. Las más jóvenes, en un primer momento, tuvieron que hacerse fuertes en el aislamiento y recién pasado un tiempo se sumaron. Para entonces ya tenían un objetivo compartido: averiguar qué había pasado con los desaparecidos, pedir que los restituyeran con vida.

Fueron la única oposición sostenida frente a la dictadura más sangrienta de nuestro país. Los dictadores las veían como unas “viejas locas”; pero ellas no se resignaron a su desgracia: empezaron a organizarse y se llamaron madres y familiares de detenidos-desaparecidos. Cuando aún no sabían la cantidad de víctimas que había en Jujuy, ya tenían conciencia de que las mujeres estaban menos expuestas y por eso fueron las que más militaron. Por su condición de mujeres, lo hicieron con toda la fuerza que una madre siente por su hijo; es verdad, por otro lado, de que disponían de más tiempo que sus compañeros y que para algunos –sólo para algunos– eran “intocables”.

Las más grandes, con el tiempo, aprendieron a usar el humor como protesta y como signo vital para no adquirir el rictus de una máscara del dolor. Entre todas se consolidaron como la única oposición a la dictadura en Jujuy.

Crecieron como grupo. Aprendieron a precisar con nombre y apellido a los desaparecidos y presos políticos de la provincia (“cada presa/o pasó a ser preso de cada uno” dijo una madre), en un nosotros exclusivo que fue ampliándose para que otros actores sociales promovieran documentales, video-clips, revistas y libros. De manera incipiente, contaron historias disímiles, en algunos puntos, con la memoria oficial del Nunca Más. Algunas se atrevieron a decir que sus desaparecidos habían militado en una organización armada, que habían sido “subversivos” con todo lo que esta palabra significaba antes del golpe y, en esa enunciación, complejizaron la ilusoria división entre buenos y malos.

En ese atrevimiento está la reconstrucción de las identidades militantes que fueron extraviadas por las decisiones de las vanguardias armadas. Las de mayor edad reconstruyeron casi de manera más completa la trayectoria de sus hijos y crearon la ilusión de una vida unificada. Las más jóvenes intentaron narrar la vida peligrosa de la militancia. Esas historias están materializadas en publicaciones que aparecieron en los recientes años. Para los familiares esas páginas son espacios de memorias en los que sus detenidos-desaparecidos recobran la palabra; para nosotros, de alguna manera, son tumbas narrativas que permiten que cada desparecido pueda, por fin, descansar.

Después ellas, marcaron diferencias con otro grupo que también trabaja en la provincia. Aprendieron que las luchas por las memorias también tienen sus conflictos internos. Y también se dieron cuenta del error vanguardista –un modelo del nosotros exclusivo por excelencia– y trataron de ampliar su grupo con la participación de otros actores que no tienen familiares desaparecidos.

En la recuperación democrática, un miedo las unió: la posibilidad de que se perdieran de la agenda pública, los motivos que hicieron posible la instauración del Estado criminal. Pero no es sólo esa preocupación lo que las liga. También narran sobre las acciones militares que protagonizan algunos de sus desaparecidos. Saben muy bien que es imposible negar esa responsabilidad (que es inconmensurablemente diferente a la barbarie militar) si se quiere luchar contra el olvido.

Comprenden que el pasado dejará de estar presente (o lo estará en menor medida) cuando las causas de la tragedia ocurrida hayan sido eliminadas. Cuando los testigos no desaparezcan en plena democracia porque eso –y esto lo sabemos todos, aún los que en su momento no supimos decir no– implica que también existen desaparecedores.

Por eso, quieren dejar un legado a las nuevas generaciones. No dejan de documentar y transmitir sus experiencias de resistencias y de cuidadoras de las memorias. Es, en la transmisión de esas experiencias, que ellas construyen una identidad grupal.

No son un grupo unificado en el tiempo. Hemos visto los distintos orígenes y las distintas posiciones que ocuparon. Pero sus narrativas tienen un hilo conductor que va desde la enunciación de las cosas que ocurrieron, pasa por cómo ocurrieron y desemboca en un final que reclama justicia y que intenta lograr que nunca más vuelvan a ocurrir las violaciones a los DDHH.

Imagen: Fotografía de Belén Revollo.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Encuesta a escritores de la promoción más reciente de Jujuy

Por Alejandra Nallim y Reynaldo Castro


Las opiniones de los escritores siempre han sido de importancia para entender el sistema literario en el que se inscriben. Además, ningún escritor hace su obra en el vacío; siempre existe un campo donde inscribe (o busca inscribir) su huella literaria. En Jujuy existe una importante serie de opiniones de escritores que ayudan a entender el campo literario local (Andrés Fidalgo y su Panorama de la literatura jujeña de 1974, Néstor Groppa con su Abierto por balance de 1987, Ernesto Aguirre con El escepticismo militante también de 1987 y una encuesta publicada en el marco de la Feria del Libro en Jujuy, 2006).

La experiencia trágica de la última dictadura (desaparecieron más de un centenar de personas de Jujuy o que estaban en esta provincia) fracturó doblemente el campo literario jujeño. Varios escritores se fueron al exilio, tres pasaron a integrar la nómina de detenidos-desaparecidos: Avelino Bazán, Alcira Fidalgo y José Carlos Coronel. Los que se quedaron no tuvieron posibilidad de interaccionar ni con sus pares generacionales ni con los pertenecientes de otra generación. Es decir, el campo quedó diezmado, una tierra allanada que necesitó nuevamente, reafirmar su siembra.

Más tarde, la política neoliberal del menemismo terminó de fracturar el tejido social. En consecuencia, la configuración del campo literario se alojó por varios años en el centro capitalino, sin demasiadas rupturas e inclusiones. Es decir, la literatura de los noventa no se animó a correr riesgos.

Dados estos antecedentes, nos pareció oportuno realizar una encuesta a escritores que hubieran nacido a partir de 1976 y que tengan, por lo menos, un libro publicado, un sitio web, un blog actualizado u otra obra destacada en otro formato. Conocer sus opiniones resulta fundamental para medir el estado actual del campo literario.

Si usted conoce a algún autor que reúna las características mencionadas en el párrafo anterior, le agradeceremos que socialice esta invitación. Recibiremos las respuestas hasta el 31 de marzo del corriente año en estas direcciones: manallim@arnet.com.ar y netaforas@gmail.com. En el transcurso de este año publicaremos los trabajos recibidos. Gracias por colaborar.


Preguntas

1. Todo escritor se inscribe en una familia literaria. ¿A quiénes considera como sus referentes más inmediatos?

2. ¿Qué autores jujeños cree usted que son figuras rectoras o reconocidas para los integrantes de la promoción más reciente de Jujuy? ¿Alguno de ellos ha influido en su producción literaria?

3. ¿Qué escritores jóvenes pueden ser considerados como emergentes, autores de una obra que seguramente dejará una marca en el sistema literario local?

4. ¿Cómo se relaciona con los autores de su generación? ¿Integra algún grupo o tiene algún tipo de afinidad que pueda considerarse como amistad literaria?

5. ¿Qué obra local publicada en el presente milenio le parece novedosa (por su temática, por su construcción formal o por otro motivo que usted desee explicitar)?

6. ¿Cuáles de las siguientes características pueden ser consideradas como rasgos sobresalientes del nuevo milenio: la fragmentación genérica; el microrrelato; el predominio urbano marginal; la experiencia femenina como perspectiva poética; la revisión de las categorías de historia, identidad, memoria; el accionar de revistas culturales; la irrupción de nuevas editoriales; el periodismo literario; el uso de blogs? (Si lo considera, puede señalar otras características que no hayan sido mencionadas).

7. ¿Qué relación establece –si es que la considera– entre literatura, academia y mercado? ¿Cómo funcionan las instituciones culturales en Jujuy en cuanto a la promoción, circulación, difusión y consumo de libros de autores jujeños? ¿Estas instituciones solicitan el aporte de la crítica literaria, ya sea ésta universitaria, periodística o especializada?

8. ¿Existe hoy una función social de la literatura o forma parte de una postura retrógrada? En caso de responder positivamente, ¿qué obras y qué autores cumplen esa función hoy? En caso de responder negativamente, justifique su postura.


Datos del autor

Nombre y apellido:

Lugar y fecha de nacimiento:

Libros publicados (título, género, editorial, año):


Imagen: Feria del Libro de Jujuy, 2009.

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