martes, 22 de mayo de 2012

Yo no vivo en Dinamarca

Uno se anota para concursar una materia. El concurso se suspende. Hay que ratificar que uno se quiere presentar, aunque pasaron varios meses. Uno lo hace. El concurso -como casi todos- tiene un tufillo a podrido, aunque no vivimos en Dinamarca. A pesar de lo apuntado, uno lo gana de tal manera que no existen impugnaciones. Espera la resolución del Consejo Académico que lo confirme. Sucede: uno está confirmado. Uno está en un programa de mejora a las Ciencias Sociales y el secretario Administrativo de la FHyCS, Julián Hamity, le dice que el aumento de dedicación saldrá con el pago del mes de abril y será retroactivo a marzo. Uno festeja y hace planes. Uno va a cargado de ilusión al cajero el 1ero de Mayo y no pasa nada con el aumento prometido. Le pregunta al secretario Administrativo y dice que la culpa la tienen en el Rectorado. Habla con el Secretario Académico de la UNJu, Gustavo Lores, y le tira la pelota a Varela ("Varelita") de Tesorería. Uno habla de lo mismo con "Varelita". El otro devuelve la pelota y dice que Hamity nunca le habló de la cuestión. Conclusión: nadie tiene la culpa, la culpa siempre es del otro. Por lo tanto, uno que es un resentido social empieza a juntar datos, arma un seguimiento con los concursos que se realizaron, con los que se impugnaron con justicia, con los que no se impugnaron (aunque el que ganó ni tenía título universitario ni una trayectoria periodística que la supliera). Uno escribe esto y pide a todos aquellos que se sienten estafados (por otros que no tienen la culpa nunca) se comuniquen con uno. Uno quiere armar un documento que demuestre que hay funcionarios que no funcionan. Que una vez por todas alguien debería poner la cara y dar una explicación. No para uno, claro, para todos.

domingo, 22 de abril de 2012

Y sin embargo


“No miento si juro que daría por ti la vida entera”, dice el cantautor y también aclara que no será más fiel que a sí mismo. Él, como nosotros, corazón, es una oveja descarriada de tantas madrugadas. Me gusta mucho esta canción porque siempre sentí la tentación del solitario para escuchar música sin interferencias, para leer en silencio los poemas que pocos conocen (“mi mujer con lengua de hostia apuñalada”), para trabajar sin que ningún jefe me toque los cojones. Y sin embargo (parece que siempre hay un “sin embargo”), corazón, ahora que vivo solo, cuando no estás, mi casa es una oficina. ¿Por qué en el momento que empiezo a llevarme bien con la soledad tengo que necesitarte? Existe algo que nos une, algo que se empeña en apuñalar mis palabras para que yo vuelva a escribir una y otra vez el poema que resuelva el dilema de esta trama. Tal vez todo se reduzca a la maldición de intentar escribir el verso imposible. Sospecho, corazón, que aceptás ese destino para mí. Y yo, por vos, daría la vida entera.


jueves, 5 de abril de 2012

El rugido del León

León Gieco actuará en San Pedro de Jujuy, el miércoles 11 de abril


León con dos artistas de "Mundo Alas"
Fui aquella vez que León Gieco actuó en el estadio de la Federación de Básquet, aquí, en San Salvador. El recital fue en los últimos meses de la dictadura y anticipaba lo que sería la gira “De Ushuaia a La Quiaca”. Una semana antes de que el músico actuara, su representante  -creo que era Pity Iñurrigarro- estuvo en Radio Nacional, cuando todavía los estudios de transmisión estaban en la calle Ramírez de Velazco; allí habló de los músicos nuevos: Charly García, Luis Alberto Spinetta, Raúl Porcheto, Miguel Cantilo, Sandra Mihanovich y, por supuesto, de “El Campesino” (así lo apodaban entonces al autor de “Sólo le pido a Dios”).

Fue un momento muy especial aquel recital. Todos habíamos aprendido a andar con cuidados y sabíamos del peligro del terrorismo de Estado, aunque entonces no hablamos con esas palabras; en rigor, casi no hablábamos del terror que todos teníamos. Por eso, aquel recital fue como un soplo de aire puro en medio de una sociedad contaminada. Me acuerdo que, en la Federación, nos encontrábamos con otros que eran como nosotros. Por fin, la palabra nosotros tenía un sentido concreto.

Nunca imaginé que, en aquellos años, tantos jóvenes teníamos el pelo largo. Entonces, éramos como esos trasnochados que aguantan hasta que sale el sol y recién cuando se abrazan por algo, se dan cuenta de que el frío ya pasó. Aquella vez, muchos nos abrazábamos sin saber porqué. Ahora lo sé: el momento era especial porque ese día se empezó a percibir que el fin de la dictadura estaba próximo.

León empezó con “La Navidad de Luis” y todos saltamos para demostrar que estábamos vivos. Cantó su clásico “Pensar en nada” que, como la mayoría de sus canciones, nos hizo vibrar y pensar. Nos deliramos con “La Rata Laly” porque la voz de Gieco salía por un canal y, por otro, aparecía la de la Rata por medio de un efecto especial. El cierre del recital fue a toda orquesta: “El Campesino” presentó a “Los hijos de Humahuaca”, un conjunto folklórico local y dijo: “Escuchenlos porque son muy buenos músicos y porque son de ustedes”. Juntos cantaron “Solo le pido a Dios”. Me corrijo: todos cantamos aquel himno.

¿Por qué escribo esta reseña que debí haber escrito hace treinta años y que entonces no me animé? Porque el miércoles 11 de abril, el músico actuará en San Pedro a beneficio de la Casa de la Mujer “María Conti”. Hace ocho años, León había estado en esta ciudad, pero esa vez no cantó, tuvo que tocar el “pianito” en el juzgado de San Pedro. Allí dejó sus huellas digitales y se negó a declarar por la denuncia que tenía en su contra. La acusación había sido presentada por un abogado local que lo incriminaba por “instigación el crimen”, ¿hace falta recordar que la canción “Santa Tejerina” y las declaraciones periodísticas en las que León defendía a la joven Romina Tejerina le trajeron este problema judicial?

Hace falta. Porque después, Raúl (“León”) Giego fue sobreseído por la Justicia. Sus seguidores no necesitábamos esa confirmación de inocencia. Él tiene una trayectoria impecable como artista popular. No sólo llegó a esta provincia a tocar -y reivindicar- músicos como Ricardo Vilca, Los Beteranos (sic) de Humahuaca y copleros anónimos, sino que él escribió temas que hacen que los jujeños nos reconozcamos en sus letras: “Rey mago de las nubes”, “Cinco siglos igual”, “Maestras de Jujuy”, “La memoria” y la lista sigue. También se comprometió con causas sociales: su oposición a la guerra de Malvinas, la solidaridad para con los familiares de los detenidos-desaparecidos, el amor por las personas con capacidades diferentes y, muy en especial, para con los excluidos por la dictadura primero y el neoliberalismo después.
 
Ahora que el músico vuelve a San Pedro no está mal recordar que su pedido por una sociedad más justa es un rugido que tiene varias décadas. Escribo esto porque tengo escritores amigos e investigadores jóvenes (pienso en especial en Belén, Paula, Fernanda, Gonzalo, Pamela, Ximena, Natalia, Magali, Juan Pablo, Lía, Darío, Valeria, Sabina, Silvina, Martina, Bruno, Manuel, Susana, Pablo, Lucía, Carla, Daniela, Facundo, Mistol, Ezequiel, Agustín, César, Laura, Daniel, Romina, Gabriela, Andrés, Federico, Meliza y Victoria) que nacieron justamente en la peor dictadura que tuvimos que soportar y no saben de aquel recital en la Federación. Escribo esto porque el 13 de junio próximo comenzará el primer juicio por delitos de lesa Humanidad en Jujuy; por fin se juzgará a algunos de los responsables del secuestro y posterior desaparición de Julio Rolando “Pampero” Álvarez García. Escribo esto  porque somos muchos los que pedimos que lo injusto no nos sea indiferente.


domingo, 4 de marzo de 2012

Curso “Literatura en Jujuy: De la oralidad al hipertexto”

Dictado por Alejandra Nallim y Reynaldo Castro.

La oralidad. La literatura anónima: leyendas, cuentos, mitos, relatos, etc. El campo y la ciudad. Los primeros escritores y los fundadores del campo literario local: la Generación X. Literatura de viaje, femenina, testimonial y autobiográfica. La construcción de la figura de un escritor de fronteras. Nuestros años setenta: ¿una vanguardia local? La Generación Y.  La poesía de posdictadura: entre la utopía democrática y la indignación por las atrocidades de la dictadura. Campo literario de los 90: El fin de la inocencia. Los pliegues de las memorias de la represión dictatorial. La Nueva Historia: la consolidación de un campo de investigación regional. La generación Z: estéticas del nuevo milenio. La aldea blogal.

La capacitación tiene una duración de 60 horas cátedras y cuenta con una evaluación final.

Empieza el 14 de marzo.

Más información: Dirección de Cultura de la UNJu, Av. Bolivia 1685 Barrio los Huaycos, teléfono 4244101 de 08,00 a 13,00 horas y de 15,00 a 19,00 horas, mail: cultura@unju.edu.ar.

jueves, 27 de octubre de 2011

Las flores de Nélida

Ayer se condenaron a doce genocidas a prisión perpetua, entre ellos a Alfredo Astiz. Todos sabemos, en líneas generales lo que hicieron estos criminales; pero varios desconocen cómo impactó aquel genocidio en nuestros vecinos. Por eso, vamos a rescatar esta nota que fue publicada en el número 7 de la revista Nadie olvida nada, en marzo del 2006.



José Luis Mangieri, Nélida, RC e Inés Peña, marzo de 2004

“¿Alcanzaré a verlo?”, me interrogó con gran esfuerzo y no supe qué contestarle. En sus últimos días, Nélida ─la compañera de toda la vida de Andrés Fidalgo─, apenas podía hablar. Una enfermedad terminal se había apoderado de ella, de manera evidente, en la primera mitad del año pasado.

Es probable que el tumor maligno haya empezado el 20 de noviembre de 1974, el día que Andrés fue detenido por personal de la Policía Federal y quedó a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN). Si esto fue así, la flor del mal creció en 1976, durante la segunda detención del abogado defensor de presos políticos. No tengo dudas de que flores malignas se metieron en el cuerpo de Nélida el 4 de diciembre del año siguiente, cuando su hija mayor, Alcira, fue secuestrada por Alfredo Astiz en la entrada a un cine de Buenos Aires.

Entonces, el matrimonio Fidalgo estaba en su accidentado exilio de Venezuela (allí trabajaron duramente y uno de ellos se enfermó de dengue). La desaparición de Alcira, fue sentida por ambos como una muerte recién podada. Esa manera de morir ─es decir, ser desaparecido─ floreció con más muertes; digamos, con alrededor de treinta mil muertes.

¿Cómo pelearon los Fidalgo contra las flores del mal? Andrés, con sus mejores armas: las palabras; el escritor tomó datos, clasificó y escribió un libro fundamental donde se apoyaron varios trabajos de memorias. Nélida, por su parte, no sólo hizo habeas corpus cuando los abogados que debían hacerlo estaban presos o atemorizados; también se sumó a otros familiares de detenidos-desaparecidos en una lucha desigual contra los dictadores. Y, cuando la dictadura empezó a tambalear, los dos volvieron al país.

Una vez en su casa, Nélida limpió, ordenó y ─una cuestión fundamental─ llenó su jardín con flores de distintos colores.

Un buen día, cuando Andrés estaba por terminar su libro sobre la dictadura en Jujuy, ella me propuso publicar el libro de poemas de Alcira. Yo, que creía que iba a tener una tarea sencilla (para alguien que tenía alguna experiencia en la edición de libros de poemas), me sorprendí con lo que me esperaba. Nunca vi a una madre con tanta dedicación y esmero con las cosas de las hijas. No sólo edité el libro de poemas Oficio de aurora, aquel impulso me llevó a recopilar, editar y publicar un libro de las integrantes más activas de madres y familiares de detenidos-desaparecidos de esta ciudad. Y, como si fuera poco, también armamos esta revista que sólo faltó, en diciembre pasado, a la cita con sus lectores. El huracán Nélida, además, alcanzó para la producción del video documental que dirigió Ariel Ogando y que tomó el nombre de esta publicación.

Ahora ella no está. No podrá ver el libro que tendrá por título, no gratuitamente, Andrés Fidalgo: Una marca en la memoria. En sus páginas habrá poemas escritos en servilletas que Nélida sacaba clandestinamente de la cárcel. Son textos de dolor, es verdad; pero también de esperanzas por un futuro mejor.

“No sé si vas a poder ver el libro”, le contesté. “Sólo sé que va a ser un libro editado con mucho cuidado, respeto y amor. Andrés se lo merece; sus lectores se lo merecen”. Esas deben haber sido las últimas palabras que pude decirle a Nélida. Ella asintió y apenas sonrió. Nélida no verá el libro. Nosotros lo haremos y, en cada jardín, veremos su jardín.

Un jardín con flores de todos los colores.


San Salvador de Jujuy, 7 de diciembre de 2005.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La ambición extrema

¿Quién no ha querido escribir el poema que lo redima? ¿Quién no ha querido escribir la página imposible de escribir? Por eso, el bueno de Ciorán escribió: "Somos fervientes de la obra abortada, abandonada en el camino, imposible de concluir, minada por sus propias exigencias". Hay que ser muy lúcido para entender que esa imposibilidad es lo que nos empuja a escribir. Que ser poetas es un manera de comportarse en el mundo. Una manera de caminar. O, para decirlo con una palabra altisonante, una ética. Y detrás de toda ética hay una estética. Ya sé que parece confuso esto que escribo. Pero, por favor, créanme, es preferible ser oscuro y no atarse a lo que peligrosamente nos acostumbra la rutina. Es preferible la ambición extrema, imposible de lograr, y no la mediocridad que siempre nos peina con sangre.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ilob de Paula Soruco

Tapa del libro
Las editoriales Black & Vermelho (Buenos Aires) y Perro Pila (San Salvador de Jujuy) invitan a la presentación del libro de poemas Ilob de Paula Soruco. El para nada solemne acto será en el Centro Cultural Héctor Tizón (Hipólito Yrigoyen esq. Junín), el jueves 29 de setiembre, a horas 20. Conjuntamente se inaugurará una muestra de dibujos de Bruno Rojo y otras actuaciones imperdibles (performance de Charlee Espinosa y sus ADN shockitos, Mistol Algarroba y sus canciones + Dj Mendoxa y fotografías de la mismísima poeta y de Walter Mendoza).
Ilob (coedición de Perro Pila y Black & Vermelho, 2011) de Paula Soruco (PS) es quizás el libro de poemas más radical del conjunto de autores de este nuevo milenio. Los poemas componen este libro, cuyo título ya es desconcertante para el lector ingenuo, están realizados con total libertad de los mecanismos inconscientes que rigen en la vida de toda actividad creativa. Al igual que su título, cada verso exige una posición activa del lector (¿es que acaso existe otra posición para el buen lector de poesía?) y su autora sabe que corre un riesgo grande. Por eso, ella violenta al lenguaje, rompe con normas de sentidos y crea su verdadera posesión: el riego de escribir. Así, PS es capaz de hablar sobre “una avenida en rojos donde todo se va poniendo verde sin que nunca nunca tengas que frenar”. Esa vertiginosidad de la imagen es la transformación de una realidad por medio de las palabras. La realidad que se puede leer en estos poemas es inseparable de los que ellos son en el continuo cambio.
Con una escritura ágil, los textos de este libro logran ampliar el horizonte estético al que estábamos (peligrosamente) acostumbrándonos. Para despertarnos de la modorra local, PS escribe textos que desencadenan palabras. Des-encadenan palabras, lo repito, por si quedan dudas. Ella borra los límites espaciales y marca, de alguna manera, los extremos que permite tocar la poesía:

“Piernas haciéndose nudo con otras piernas. Dormir trenzados y amanecer, en el cuerpo de la conciencia de la trenza. Ese tipo de elasticidad para llevar. Erguidos y lejanos continuar trenzados y que lluevan meteoritos. Vos allá, yo acá.”

Sobre la autora:
PS, autorretrato con sombra
Nació en Jujuy. Residió (y reincidió) varios años en Córdoba, donde se recibió de Psicóloga. Anteriormente, publicó Illinois (Córdoba, La Creciente, 2005) y Cornisa (Córdoba, Llanto de mudo, 2008). Poemas de PS forman parte de las siguientes antologías: Espuma de rabia: plaqueta de poesía perra (Córdoba, La Creciente, 2003), Poetas argentinas 1961-1980, compilado por Andi Nachon (Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2008), Quince – Antología de poetas mujeres de Córdoba (Córdoba, Tinta de Negros, 2010), Once – Salpicón de poesía jujeña (San Salvador de Jujuy, Intravenosa, 2011) y Peligro inflamableAntología de poesía contemporánea (Buenos Aires, Folia ediciones, 2011). Es, además, fotógrafa. Ejerce su profesión universitaria en el barrio separatista de Alto Comedero, San Salvador de Jujuy.





domingo, 4 de septiembre de 2011

Lectores 3.0


Los lectores no son lo opuesto a los escritores; son complementarios: los unos no pueden existir sin los otros, aunque a veces los lectores llegan tarde al encuentro.
Los buenos escritores hacen escuela. Los buenos lectores, a lo sumo, son difusores; pero no por eso son menos importantes.
Los que leen son paseantes en ciudades extranjeras. Algunos se pierden y, con gusto, viven en sus laberintos. Otros son callejeros que arrebatan ideas, conceptos o metáforas que ya fueron escritas para, después, dejar que terceros las vuelvan a robar.
Los que tienen incorporado el hábito de la lectura pueden reconocer a un buen escritor con sólo leer una frase. Esa velocidad para descubrir es su orgullo secreto. Es, además, su maldición porque saben que todo buen texto debería haber sido escrito por ellos.
Para zafar del orgullo del solo o no caer en la maldición, algunos comienzan a escribir. Pero sólo unos pocos -o mejor: muy pocos- van a quedar en la historia.

sábado, 27 de agosto de 2011

Piedras, editores y otros sujetos de moral dudosa

Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,
si es que llegáis a viejo,
si es que entonces quedó alguna piedra.
(Joaquín Pasos, “Canto de guerra de las cosas”).


Néstor Groppa, creador de la editorial de la UNJu

Es posible que muy pocas personas conozcan los versos que acabo de citar. Pertenecen a Joaquín Pasos (Nicaragua, 1914-1947) y están incluidos en su único libro Poemas de un joven (FCE, 1962). Parto de este poeta porque me parece emblemática su historia: formó parte de un país atrasado, como nosotros, vivió tan solo 33 años en los que no llegó a ver su obra publicada (“Sólo poetas, putas y picados conocieron sus versos”, expresó en un verso memorable Ernesto Cardenal que después musicalizó Joan Manuel Serrat) y, sin embargo, su obra trasciende.

¿Por qué digo que trasciende? Porque sus poemas están incluidos en las más importantes antologías latinoamericanas. Porque su único libro tiene un prólogo muy esclarecedor de Cardenal. Repito lo que dije antes: es posible que pocos conozcan la obra de Joaquín Pasos, pero estoy seguro de que todos saben de la importancia del prologuista para la poesía de idioma español.
Quizás, la práctica concreta de una política editorial sea lo que les acabo de contar: un poeta reconocido rescata del olvido a otro autor por medio de un prólogo que contextualiza, pondera y posiciona al poeta olvidado. Esta acción –nunca estará de más decirlo– va acompañada de un sello editorial que otorga prestigio ( en este caso el FCE).
La segunda cuestión, entonces, es cómo armar un sello editorial que otorgue respaldo a sus autores. Creo que para lograr este objetivo hay que cuidar extramadamente la edición. Esto es: corregir, mejorar lo más que se pueda el estilo, buscar una diagramación adecuada al contenido y –quizás lo más importante– armar un catálogo coherente al perfil de la editorial.
El catálogo es importante no sólo por lo que se publica; también es importante por lo que no publica. Me explico: si yo soy editor de la Universidad, debo armar un catálogo con obras que estén directamente ligadas con la cultura universitaria (trabajos de investigación, obras literarias muy bien escritas y obras de divulgación científica). Esto que digo parece una obviedad, pero creánme si les digo que en la actividad concreta no todos entienden esto. Están los que se presentan a la editorial y dicen que son parientes del rector o (lo que es casi lo mismo) que han colaborado en su campaña política para que el supremo jefe ocupe el lugar que bien se merece.
En más de una oportunidad he recibido a sujetos con esa prepotencia del acomodo. Cierta vez, harto de la insistencia de un mal escritor le contesté que el rector tenía una idea general de toda la Universidad, pero que en el producción de libros el responsable era yo. Que su obra ya había sido rebotada dos veces por el comité editorial y, si él no aceptaba los cambios sugeridos, tendría que buscarse otra editorial.
Llegados a este punto nos conviene definir qué es un editor. Un editor es alguien que, a menudo, tiene que convivir diariamente con diseñadores gráficos que se creen artistas incomprendidos, autores que sienten que ocupan el lugar dejado vacante por Borges, imprenteros que buscan sacarte ventaja con respectos a los insumos, libreros que te miran con desconfianza cuando le llevás una obra de un autor local, abogados que colocan tantas claúsulas en el contrato de edición que, cuando firmás, sentís que estás vendiendo tu alma al diablo, contadores que te entregan el cheque para la edición meses después de que el libro fue presentado y otros personajes similares que forman parte de las delicias de la vida laboral.
Volvamos a la importancia del sello editorial. El sello más importante del fin de milenio fue el de nuestra Universidad. Y aquí hay que destacar la tarea ejemplar de Néstor Groppa, el creador, empujador y, cuando llegó el caso, el que plantó la renuncia cuando veía que la cuestión laboral empezó a resultar insostenible.
Un sello resulta importante cuando tiene un catálogo que enorgullece a sus editores. Un sello será dudoso cuando se averguence de algunos títulos que publica o los niegue públicamente. La construcción de un sello prestigioso se realiza de manera lenta y sostenida. Tan importante como determinar qué títulos se van a publicar, es explicitar aquellos que no se quieren publicar. Los sellos que publican según la lógica del dinero a lo sumo pueden aspirar a un lugar en la literatura comercial. No niego su derecho a existir, pero digo que no es la empresa que a mí me interesa mirar. Tampoco me parece mal que una editorial gane algún dinero. Pero esa ganancia tiene que ser una consecuencia del armado de un buen catálogo. Nunca se debe armar un catálogo que marque los pasos que dicta el gobierno o el poder de turno (hablo de los familiares que me visitaban y empezaban con una frase gastada: “Dice el rector”).
Por otro lado, gestionar una editorial con un espíritu transgresor es una actividad que muy pocas personas están preparadas para desarrollarla. Y lo peor que puede ocurrirle a una propuesta editorial que busque ser subversiva en el campo intelectual es tener éxito.[1] Porque de esa manera su espíritu buscará –conscientemente o no– repetir ciertas fórmulas que le hicieron conocer las mieles del éxito y es, en ese preciso momento, que su rebeldía se transforma en norma. La consecuencia lamentable es que toda la invención subversiva original se transforma en aquello que sus editores decían combatir.
Pero entonces, ustedes se preguntarán si una editorial transgresora es posible. Si vale la pena intentar subvertir el estado actual de las cosas. Si todo no está cooptado por el mercado. La cuestión –me parece– es mirarse críticamente y responder: ¿qué estoy haciendo?, ¿responde lo que hago a mi voz interior?, ¿estoy traicionando los ideales que me llevaron a escribir, a editar, a amar la literatura?
Esta sociedad parece condenar de antemano todo intento de subversión, pero eso no significa que tengamos que renunciar a nuestros ideales. Me explico: toda nuestra educación nos prepara para vencer. Desde nuestros padres que nos decían: “Estudiá para que seas alguien en la vida y la gente te respete”; no decían estudiá para que te superes vos mismo. Ni hablar de las competencias que existen en algunos colegios para determinar quién llevará la bandera y estupideces por el estilo. Desgraciadamente, estamos educados para vencer, no para cooperar. Me pregunto, entonces, ¿no será mejor cooperar aunque seamos el último orejón del tarro de la cooperación?, ¿qué hay de malo en ser el último de la fila?
Creo que las vanguardias literarias le han hecho mucho bien al arte en general. Han ampliado el horizonte estético y abierto nuevos caminos, pero –me pregunto– si ese modelo que abrió todo el siglo XX sigue aún vigente. Quizás no. Quizás estamos entrando en otro tipo de modelo, aunque el viejo aún se resiste a ser enterrado definitivamente.
La idea del pelotón que se filtra por las líneas enemigas para golpear en el corazón del adversario ya está decadente. A lo mejor tenemos que confundirnos con las personas comunes que caminan por nuestras calles. Ser, como bien lo había definido Walter Benjamin, un perfecto paseante: “Estar fuera de casa, y sentirse, sin embargo, en casa en todas partes, ver el mundo, ser el centro del mundo y permanecer oculto al mundo, tales son algunos de los menores placeres de esos espíritus independientes, apasionados, imparciales, que la lengua sólo puede definir torpemente”.
Postulo, por la tanto, la existencia de pequeñas editoriales independientes que se contrapongan a los postulados oficiales. No por una opisición dogmática, pero sí para garantizar una diversidad literaria. ¿Hace falta decir que este modelo de editorial independiente debe tener una autonomía de cualquier tipo de poder? Hace falta porque deben tener una creciente autonomía para no ser cooptadas, para que el poder nos las envuelva.
Hablo de pequeñas editoriales que tengan fluidez para desplazarse, “para burlar los controles y hacer temblar la estructuras”, como define Ricardo Pochtar al término “Alternativo”[2]. Hablo de diversidad literaria y no de autores que corren a escribir los que los lectores o editores –o, lo que es peor, el mercado– le piden que escriban. Hablo de diversidad y no de búsqueda de un best-seller. Los autores que ceden a la presión del mercado no tienen pudor en abrazarse al cheque que les ofrecen. Nos tienen verguenza: se muestran complacientes frente a los concursos. Posan para las fotos para que otros escritores los envidien o, en el mejor de los casos, los admiren.
La diversidad literaria, por el contrario, nos permite reflexionar y ganar en autonomía. No convertirnos en dependientes del poder. Sí en constructores de ciudadanía. La reflexión nos empuja –necesariamente– hacia el camino de la creatividad, hacia la instación de valores éticos, hacia la defensa de los derechos humanos. La diversidad, para Jesús Martín Barbero, está muy ligada con el concepto de comunicación plural:

Frente a ese tramposo pluralismo, que cofunde diversidad con fragmentación, y al fundamentalismo de los nacionalistas étnicos que transforman la identidad en intolerancia, comunicación plural significa el reto de asumir la heterogeneidad como un valor articulable a la construcción de un nuevo tejido de lo colectivo.[3]

Hablé de editoriales que posean fluidez; hablé de la importancia de reflexionar. Digo, entonces, que toma mucha importancia la gestión que pueden hacer estas editoriales independientes y la reflexión sobre esa importancia.
Gestión y reflexión, por lo tanto, son dos práctica necesarias. Hasta el momento, muchos hemos estado más preocupados en la forma de gestionar nuestras editoriales, ahora, gracias a la oportunidad de este foro, tenemos que preocuparnos también de reflexionar. Romper con esa idea de que “los que hacen  no reflexionar y los que reflexionan no hacen”. Toda gestión editorial merece ser reflexionada.
No dudo de que estamos aún en una etapa inaugural de la profesionalización de la edición en esta región. Es posible que aún nos esperen pruebas mucho más dura que las que hemos superado, pero ya el sólo hecho de estar reflexionando y gestionando constituye un horizonte prometedor que nos empuja hacia adelante. De esta manera, trataremos de llegar a viejos con nuestras editoriales; no arrojaremos piedras, las respetaremos; como nos respetaremos más entre nosotros.

(Este texto fue leído en el 1er Simposio Regional sobre la Literatura del Noroeste Argentino, organizado por la Universidad Nacional de Jujuy, en San Salvador de Jujuy, el 19 de octubre de 2010. El título con el que se expuso fue “Política editorial, políticos y editores”.)




[1] Al respecto, afirma Elfriede Jelinek que “el peor lugar para un artista es la fama y que la marginación es el lugar del escritor”, en “El hábito de la irreverencia”, revista Ñ, Clarín, Buenos Aires, sábado 5 de febrero de 2005.
[2] En Hugo E. Biagini y Arturo A. Roig (directores), Diccionario del pensamiento alternativo. Buenos Aires: Biblos, 2008.
[3] Jesús Martín Barbero, “Comunicación: el descentramiento de la modernidad”, en revista Anàlisi, n° 19, Universidad Autónoma de Barcelona, 1996: 94.

viernes, 29 de julio de 2011

Traicionar a la tradición

Dibujo de Manuel Ortega
Los sucesos trágicos de Libertador General San Martín llevaron, rápidamente, a varias personas a relacionarlos con los siniestros apagones en la que se secuestró, torturó y asesinó a varias decenas de trabajadores y estudiantes de esa ciudad. Tienen razón en, por lo menos, un punto de coincidencia: existen fuerzas represivas que actúan en favor de una empresa que apoyó a desaparecedores (la carta que Carlos Pedro Blaquier enviara a su amigo "Joe" Martínez de Hoz, el 29 de junio de 1978, es prueba suficiente).
Ahora bien, el hecho de que uno de los muertos sea de la misma policía y que muchos jóvenes estén enrolados en esa fuerza a falta de una posibilidad laboral, nos debería hacer pensar sobre la situación que viven muchos de ellos. Obligados a ser fuerza de choque, muchas veces frente a sus propios amigos ya que en Jujuy, no lo olvidemos, la gran mayoría podemos reconocernos o, por lo menos, tener referencia de las personas con las que tratamos o vemos.
Supongo que, en su formación, a los futuros policías les enseñan que hay que proteger la vida de los ciudadanos. Lo que dudo es sobre lo que no se le enseña al futuro miembro de la fuerza policial: cuál es la imagen negativa que portará por el solo hecho de formar parte de una institución que tienen una tradición de reprimir, torturar y matar personas. No nos olvidemos que, a fines de los setenta, la escuela de Policía funcionaba en el mismo predio donde estaba el tenebroso Centro Clandestino de Detención de la localidad de Guerrero. Esa marca, lamentablemente, es muy fuerte.
Ningún oficial de estos tiempos democráticos puede afirmar que es conveniente torturar a los sospechosos, pero no todos los discursos circulan en afirmaciones explícitas, también hay discurso que circulan secretamente y se filtran en eso que los pedagogos llaman currículum oculto.
Los que investigamos sobre cuestiones referidas a las atrocidades de la dictadura somos, en alguna medida, responsables de que ciertas prácticas no sean desterradas. Digo esto porque no nos metemos en la institución que forma a los policías. No opinamos sobre el aspecto formativo. No exigimos que la institución policial revise su accionar. ¿Es que acaso nos olvidamos que el torturador más despiadado de Jujuy se llamó Ernesto Jaig y estaba al frente del comando Radioeléctrico en los tiempos de la dictadura?
¿Por qué ninguno de nosotros no dijo nada cuando, hace unos años, la Policía editó un libro institucional con un prólogo justificatorio de Jorge Albarracín, por entonces presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) filial Jujuy?
No me estoy olvidando de que murieron cuatro personas. Que el gobernador se llama Walter Basilio Barrionuevo. Que el ingenio Ledesma sigue siendo una empresa tan poderosa desde hace varias décadas. No me olvido de ellos, simplemente quiero decir que hay otras cuestiones en las que no tenemos que involucrar los que tenemos algún tipo de formación y responsabilidad.
Ser solidarios con las víctimas hoy no es suficiente. Como tampoco lo es escribir esta nota o colocar "me gusta".

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