martes, 11 de mayo de 2010

Mesas del poder

Son muy pocos los políticos que se preocupan por lo que dicen sus imágenes. Muchas veces son capturados por las cámaras en actitudes distendidas o sin preocuparse por la manera en que quedan congelados por los fotógrafos. Varios opinan que lo importante es aparecer en los medios; no importa cómo, ellos se conforman con dejarse ver. En esta nota, presentamos un análisis de fotografías que tienen como protagonistas a hombres de los principales partidos de Jujuy. Un análisis para aquellos que no se conforman con esta realidad.


En el diario Pregón del 17 de abril figuran tres fotografías relacionados con el accionar político local. La de mayor tamaño figura en la parte superior. Tiene como título: “El Gobernador receptó inquietudes municipales” y una volanta aclaratoria: “Compromisos con Quebrada y Puna”. El epígrafe de la foto dice: “El Salón Blanco fue escenario de la reunión mantenida entre el gobernador Barrionuevo y jefes de jurisdicciones comunales”. En el cuerpo de la noticia figuran los nombres de las autoridades provinciales: Walter Barrionuevo (gobernador), Pablo La Villa (ministro de Gobierno y Justicia), Horacio Macedo Moresi (secretario general de la Gobernación), Hugo Echavarri (secretario del Interior), Marcelo Nasif (secretario de Protección a la Comunidad) y los diputados provinciales Osvaldo Del Grosso y Rubén González. También participaron representantes de jurisdicciones de Quebrada y Puna, pero sus nombres no figuran.

La fotografía muestra una larga mesa y es un buen ejemplo de imagen con perspectiva. A la izquierda de la mesa están los políticos que tienen nombres propios; ellos apoyan sus manos sobre el mueble; sus caras están sonrientes; sólo uno de ellos mira hacia abajo, quizás lee un mensaje en su teléfono celular. La mesa también soporta agendas, papeles y varios vasos de vidrio. A la derecha y más alejados de la larga mesa, están los anónimos jefes comunales; varios también sonríen; tienen sus agendas apoyadas en los muslos; un hombre que está casi al frente de Barrionuevo tiene sus piernas cruzadas; otro, mira hacia abajo (quizás está mandando un mensaje con su teléfono). Casi todos los hombre que están cerca del gobernador tienen saco y corbata; del otro lado de la mesa, ninguno tiene corbata y la mayoría no posee saco.

El cierre de la noticia es el siguiente: “Las gestiones acordadas apuntan a fortalecer los diferentes programas y planes en ejecución, los que tendrán continuidad gracias al compromiso asumido por el Dr. Barrionuevo de atender eficientemente las demandas de los jujeños”.

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Las dos fotografías restantes están relacionadas con la Unión Cívica Radical. La primera está por encima del título (“Reunión organizativa del radicalismo en la Puna”) y su epígrafe expresa: “Principales referentes del radicalismo jujeño, en visita a localidades del norte provincial”. La imagen muestra a varias personas que apoyan sus manos en dos mesas que han sido colocadas juntas; ellos son: Alberto Bernis, Jorge Rizzotti, Mario Pizarro y Humberto López (diputados provinciales); Alejandra Elías (presidenta del Comité Departamental Yavi); Alberta Carretero (ex concejal de La Quiaca); Jorge Gronda (miembro del directorio del Instituto de Política Públicas). Todos están vestidos de manera informal; el único dirigente que deja ver su calzado ostenta zapatillas.

La fotografía que está más abajo muestra a un hombre joven parado que, según el epígrafe, forma parte de los dirigentes de Yavi y Santa Catalina, que expone la situación partidaria de su región. El joven dirigente tiene una gorra con visera y una campera deportiva; los otros dirigentes están sentados, muchos con sus brazos cruzados y lo miran atentamente.

En el texto se puede leer la intención de los dirigentes: “Poner nuevamente la organización partidaria en la calle”. Para esto, los radicales armaron una agenda de reuniones para el próximo mes y anunciaron la apertura de una sede del Instituto de Política Públicas que convoque a sectores de la comunidad quiaqueña.

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La mesa en uno de los muebles más nobles que ha inventado el género humano. Sirve para comer, estudiar, apoyar cosas y, si uno recuerda una memorable escena del film El cartero llama dos veces, para tener buen sexo. Casi todas las mesas fueron pensadas para más de una persona. Una mesa grande es sinónimo de familia numerosa o de propietario generoso o poderoso.

La construcción del poder político exige siempre reuniones para realizar acuerdos. En ese contexto puede ocurrir que una mesa sea mucho más que una mesa. ¿Qué diferencias y qué semejanzas existen en las fotografías que protagonizan los hombres del poder local?

Empecemos por las semejanzas. Los dirigentes centrales siempre están más cerca de la mesa. Ellos pueden apoyar sus agendas, sus celulares, sus vasos y, fundamentalmente, sus brazos para estar más relajados. Tienen, además, protegidas sus partes inferiores; es decir, la mesa también es un parapeto que los protege. Así, nuestros dirigentes no tienen necesidad de cruzar brazos ni piernas, hay una defensa entre ellos y los dirigentes que ocupan un lugar marginal en el campo del poder. Estos últimos ni siquiera tienen derecho a ver sus nombres y apellidos en las noticias. Son -para decirlo si vueltas- actores de reparto.

La diferencia fundamental está dada por el tamaño de las mesas. En el caso de la mesa más larga, el centro del poder lo ocupa el sonriente gobernador. El contexto también cobra mucha importancia: se trata del Salón Blanco de la Casa de Gobierno, el lugar de las grandes decisiones.

Para los radicales, la realidad es otra. Ellos tienen que sumar dos mesas chicas para quedar casi todos protegidos. Uno de ellos queda expuesto y por eso cruza sus pies, como si con ese acto tratara de disculparse por sus zapatillas. También se muestran, estos dirigentes, con relajación. Su público también está conformado por actores secundarios. Tanto es así que, para ser escuchados, tiene que pararse. Esto muestra un distanciamiento entre dirigente y dirigidos, por más que no se trate de una foto panorámica como en el caso de la reunión oficialista.

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Leer en una misma página noticias relacionadas y que tienen a las mesas como común denominador es algo que no ocurre todos los días. Los muebles marcan quien tiene el aparato político más grande. Marcan también una rara coincidencia entre oficialistas y opositores: sus cúpulas no quieren mezclarse con los dirigentes secundarios. En un caso, los actores de reparto deben llegar hasta el mismo centro del poder y contentarse con un lejano vaso de agua o soda fresca; quizás en esto consista la atención eficiente del gobernador. En el otro, los dirigentes locales tienen que expresarse como alumnos disciplinados frentes a docentes exigentes: hablar de a uno y parase a un costado de su asiento.

Tanto los dirigentes peronistas como los radicales se sostienen sobre un pobre discurso. En el caso del gobernador, su accionar queda reducido a ser receptor de inquietudes municipales, ¿hace falta semejante mesa para funcionar como mesa de entradas? En el caso de los radicales su propuesta es armar una agenda de reuniones y abrir una sede para sumar propuesta y proyectos; estos dirigentes tienen una idea muy reducida para lograr que su partido se posicione en la calle.

Estas mesas no sirven para comer ni para estudiar, apenas si sirven para apoyar brazos, agendas, vasos y celulares. De coger… ni hablemos.


lunes, 22 de marzo de 2010

Identidades, discursos y memorias

[Este texto es fragmento de un libro que próximamente editará EdiUnju]

Las mujeres familiares de los detenidos-desaparecidos, desde un silencio inicial (“no contábamos nada”) y una postura de inferioridad (recordemos algunas de las cualidades con que se definían a sí mismas: “calladitas”, “solitas”), empezaron a reconocer que todas buscaban “algo”. Todavía, en esa primera etapa, el objetivo común no estaba claro y faltaba una definición grupal.

Después, empezaron a mirarse, a reconocerse de manera intuitiva y a hablarse en voz baja. Dejaron de ser “unas” y “otras” para pasar a convertirse en “compañeras de infortunio” (una denominación incluyente). Tenían un recorrido común dentro de la provincia: comisarías, el RIM 20, la cárcel de Villa Gorriti. Otras andaban por Buenos Aires: en la sede del ministerio del Interior y también en los atrios de las iglesias. Todas aprendieron a reconocerse en otro rostro cargado de dolor y angustia.

La llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a Tucumán, en 1979, fue clave para agruparse y hacerse fuerte. Soportaron los festejos de los goles de Maradona mientras hacían las denuncias. Entonces ya habían dejado de sentirse disminuidas y si una mujer tenía “cara de madre de desaparecido” y estaba “sola” (y ya no “solita”), rápidamente, se unía a las otras. Y todas aprendieron a protegerse las espaldas.

Algunas, las más grande y con experiencia de luchas anteriores por los presos políticos, tomaron iniciativas para acercarse a las más jóvenes y preguntarles a quiénes buscaban, quién era el desaparecido de cada una. Las más jóvenes, en un primer momento, tuvieron que hacerse fuertes en el aislamiento y recién pasado un tiempo se sumaron. Para entonces ya tenían un objetivo compartido: averiguar qué había pasado con los desaparecidos, pedir que los restituyeran con vida.

Fueron la única oposición sostenida frente a la dictadura más sangrienta de nuestro país. Los dictadores las veían como unas “viejas locas”; pero ellas no se resignaron a su desgracia: empezaron a organizarse y se llamaron madres y familiares de detenidos-desaparecidos. Cuando aún no sabían la cantidad de víctimas que había en Jujuy, ya tenían conciencia de que las mujeres estaban menos expuestas y por eso fueron las que más militaron. Por su condición de mujeres, lo hicieron con toda la fuerza que una madre siente por su hijo; es verdad, por otro lado, de que disponían de más tiempo que sus compañeros y que para algunos –sólo para algunos– eran “intocables”.

Las más grandes, con el tiempo, aprendieron a usar el humor como protesta y como signo vital para no adquirir el rictus de una máscara del dolor. Entre todas se consolidaron como la única oposición a la dictadura en Jujuy.

Crecieron como grupo. Aprendieron a precisar con nombre y apellido a los desaparecidos y presos políticos de la provincia (“cada presa/o pasó a ser preso de cada uno” dijo una madre), en un nosotros exclusivo que fue ampliándose para que otros actores sociales promovieran documentales, video-clips, revistas y libros. De manera incipiente, contaron historias disímiles, en algunos puntos, con la memoria oficial del Nunca Más. Algunas se atrevieron a decir que sus desaparecidos habían militado en una organización armada, que habían sido “subversivos” con todo lo que esta palabra significaba antes del golpe y, en esa enunciación, complejizaron la ilusoria división entre buenos y malos.

En ese atrevimiento está la reconstrucción de las identidades militantes que fueron extraviadas por las decisiones de las vanguardias armadas. Las de mayor edad reconstruyeron casi de manera más completa la trayectoria de sus hijos y crearon la ilusión de una vida unificada. Las más jóvenes intentaron narrar la vida peligrosa de la militancia. Esas historias están materializadas en publicaciones que aparecieron en los recientes años. Para los familiares esas páginas son espacios de memorias en los que sus detenidos-desaparecidos recobran la palabra; para nosotros, de alguna manera, son tumbas narrativas que permiten que cada desparecido pueda, por fin, descansar.

Después ellas, marcaron diferencias con otro grupo que también trabaja en la provincia. Aprendieron que las luchas por las memorias también tienen sus conflictos internos. Y también se dieron cuenta del error vanguardista –un modelo del nosotros exclusivo por excelencia– y trataron de ampliar su grupo con la participación de otros actores que no tienen familiares desaparecidos.

En la recuperación democrática, un miedo las unió: la posibilidad de que se perdieran de la agenda pública, los motivos que hicieron posible la instauración del Estado criminal. Pero no es sólo esa preocupación lo que las liga. También narran sobre las acciones militares que protagonizan algunos de sus desaparecidos. Saben muy bien que es imposible negar esa responsabilidad (que es inconmensurablemente diferente a la barbarie militar) si se quiere luchar contra el olvido.

Comprenden que el pasado dejará de estar presente (o lo estará en menor medida) cuando las causas de la tragedia ocurrida hayan sido eliminadas. Cuando los testigos no desaparezcan en plena democracia porque eso –y esto lo sabemos todos, aún los que en su momento no supimos decir no– implica que también existen desaparecedores.

Por eso, quieren dejar un legado a las nuevas generaciones. No dejan de documentar y transmitir sus experiencias de resistencias y de cuidadoras de las memorias. Es, en la transmisión de esas experiencias, que ellas construyen una identidad grupal.

No son un grupo unificado en el tiempo. Hemos visto los distintos orígenes y las distintas posiciones que ocuparon. Pero sus narrativas tienen un hilo conductor que va desde la enunciación de las cosas que ocurrieron, pasa por cómo ocurrieron y desemboca en un final que reclama justicia y que intenta lograr que nunca más vuelvan a ocurrir las violaciones a los DDHH.

Imagen: Fotografía de Belén Revollo.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Encuesta a escritores de la promoción más reciente de Jujuy

Por Alejandra Nallim y Reynaldo Castro


Las opiniones de los escritores siempre han sido de importancia para entender el sistema literario en el que se inscriben. Además, ningún escritor hace su obra en el vacío; siempre existe un campo donde inscribe (o busca inscribir) su huella literaria. En Jujuy existe una importante serie de opiniones de escritores que ayudan a entender el campo literario local (Andrés Fidalgo y su Panorama de la literatura jujeña de 1974, Néstor Groppa con su Abierto por balance de 1987, Ernesto Aguirre con El escepticismo militante también de 1987 y una encuesta publicada en el marco de la Feria del Libro en Jujuy, 2006).

La experiencia trágica de la última dictadura (desaparecieron más de un centenar de personas de Jujuy o que estaban en esta provincia) fracturó doblemente el campo literario jujeño. Varios escritores se fueron al exilio, tres pasaron a integrar la nómina de detenidos-desaparecidos: Avelino Bazán, Alcira Fidalgo y José Carlos Coronel. Los que se quedaron no tuvieron posibilidad de interaccionar ni con sus pares generacionales ni con los pertenecientes de otra generación. Es decir, el campo quedó diezmado, una tierra allanada que necesitó nuevamente, reafirmar su siembra.

Más tarde, la política neoliberal del menemismo terminó de fracturar el tejido social. En consecuencia, la configuración del campo literario se alojó por varios años en el centro capitalino, sin demasiadas rupturas e inclusiones. Es decir, la literatura de los noventa no se animó a correr riesgos.

Dados estos antecedentes, nos pareció oportuno realizar una encuesta a escritores que hubieran nacido a partir de 1976 y que tengan, por lo menos, un libro publicado, un sitio web, un blog actualizado u otra obra destacada en otro formato. Conocer sus opiniones resulta fundamental para medir el estado actual del campo literario.

Si usted conoce a algún autor que reúna las características mencionadas en el párrafo anterior, le agradeceremos que socialice esta invitación. Recibiremos las respuestas hasta el 31 de marzo del corriente año en estas direcciones: manallim@arnet.com.ar y netaforas@gmail.com. En el transcurso de este año publicaremos los trabajos recibidos. Gracias por colaborar.


Preguntas

1. Todo escritor se inscribe en una familia literaria. ¿A quiénes considera como sus referentes más inmediatos?

2. ¿Qué autores jujeños cree usted que son figuras rectoras o reconocidas para los integrantes de la promoción más reciente de Jujuy? ¿Alguno de ellos ha influido en su producción literaria?

3. ¿Qué escritores jóvenes pueden ser considerados como emergentes, autores de una obra que seguramente dejará una marca en el sistema literario local?

4. ¿Cómo se relaciona con los autores de su generación? ¿Integra algún grupo o tiene algún tipo de afinidad que pueda considerarse como amistad literaria?

5. ¿Qué obra local publicada en el presente milenio le parece novedosa (por su temática, por su construcción formal o por otro motivo que usted desee explicitar)?

6. ¿Cuáles de las siguientes características pueden ser consideradas como rasgos sobresalientes del nuevo milenio: la fragmentación genérica; el microrrelato; el predominio urbano marginal; la experiencia femenina como perspectiva poética; la revisión de las categorías de historia, identidad, memoria; el accionar de revistas culturales; la irrupción de nuevas editoriales; el periodismo literario; el uso de blogs? (Si lo considera, puede señalar otras características que no hayan sido mencionadas).

7. ¿Qué relación establece –si es que la considera– entre literatura, academia y mercado? ¿Cómo funcionan las instituciones culturales en Jujuy en cuanto a la promoción, circulación, difusión y consumo de libros de autores jujeños? ¿Estas instituciones solicitan el aporte de la crítica literaria, ya sea ésta universitaria, periodística o especializada?

8. ¿Existe hoy una función social de la literatura o forma parte de una postura retrógrada? En caso de responder positivamente, ¿qué obras y qué autores cumplen esa función hoy? En caso de responder negativamente, justifique su postura.


Datos del autor

Nombre y apellido:

Lugar y fecha de nacimiento:

Libros publicados (título, género, editorial, año):


Imagen: Feria del Libro de Jujuy, 2009.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Una anotación vieja para un blog olvidado




Soy un cocainómano que no toma cocaína. Desde niño tengo una adicción por la lectura que me pone en estado similar al que provoca la merca. No puedo negar que he estado cerca de drogadictos. No es ningún mérito, ya lo sé; pero es un tema que no desconozco por completo. De ahí que puedo afirmar mi adicción a la lectura.

Mayo de 2007.




Imagen: Marcello Mercado

jueves, 6 de agosto de 2009

Niall Binns, poeta de la carroña


En el marco de la V Edición de la Feria del Libro de Jujuy, que se desarrolla desde el 7 al 13 de agosto, se presentará el libro Tratado sobre los buitres de Niall Binns. El libro, editado por la editorial alternativa Perro Pila, será presentado por Osvaldo Aguirre y Reynaldo Castro, el domingo 9 de agosto a hora 20,00 en el Teatro La Vuelta del Siglo de San Salvador de Jujuy. A continuación, reproducimos el prólogo y algunos poemas del libro.




Nunca había leído nada de Niall Binns hasta que fui invitado, el año pasado, al Festival Internacional de Poesía de Rosario. No tuve oportunidad de hablar con él por esas cosas de la programación. Para lo que no lo saben: el Festival convoca alrededor de medio centenar de poetas de distintos lugares del mundo. Con alguna excepción, todos son muy buenos. Aquella vez, yo fui el infiltrado.

Me acuerdo que tuve que correr como una bestia para alcanzar el vuelo que me traía a Jujuy. Unas horas antes, NB había leído –con un perfecto español y saboreando cada palabra– sus poemas que hablan de buitres, carroña y jerarquías sociales. Entonces, él tenía el pelo largo, una cara con huellas de varios soles y una novia que negaba ser su musa inspiradora. Todos seguimos atentamente su lectura; algunos horrorizados, otros repugnados y muchos entendiendo que hablaba de lo peor de nosotros mismos.

Después, ya en mi casa (casi escribo “nido”), supe que el poeta había nacido en Londres, en 1965, que sus padres eran escoceses y que, después de cursar estudios universitarios en Oxford, emigró en 1987. Así como dejó su tierra, hizo lo propio con su lengua natal (toda su obra está escrita en español). Vivió en Santiago de Chile donde se doctoró en literatura hispanoamericana con una tesis sobre la obra poética de Nicanor Parra, Enrique Lihn y Jorge Teillier. Desde 1993 reside en Madrid. Actualmente es profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad Complutense.

Cualquier buscador de Internet puede dar cuenta de los premios literarios que ha obtenido y de sus libros de ensayos. Sólo quiero destacar dos cosas: una, Tratado sobre los buitres recibió el Premio Internacional Gabriel Celaya (2002), distinción más que merecida si pensamos que el autor español maldecía a la poesía concebida como un lujo cultural escrita por los neutrales que “lavándose las manos se desentienden y evaden”; la otra es que su ensayo (agotado) La llamada de España: escritores extranjeros en la guerra civil (2004) debería ser reeditado, no sólo por la participación de nuestro Raúl González Tuñón, sino porque esa guerra prefiguró, sin ir más lejos, lo que después sería el Plan Cóndor para América Latina.

La poesía de NB tiene rasgos indelebles de la ironía inglesa y el humor de Parra. Su mirada es la de un viajero que hurga en lo que da asco y desagrado. Porque sabe, como el gran Nicanor, que “en cada uno de nosotros hay una alimaña que nos chupa la médula”. Tiene, además, una especial predilección por los perdedores que, algún día, encontrarán la única carroña que los justifique: “los restos de un amor”.

¿Se puede decir algo más? Se pude: la escritura de estos poemas es impecable. Un lenguaje lapidario y elegante que nos permite mirar sobre algo que siempre produce rechazo: la naturaleza humana.


Reynaldo Castro,

San Salvador de Jujuy, Agosto de 2009.


BUITRE

Buitre el homo sapiens que se ceba en la desgracia de los demás

Buitre el que desempolva la memoria de su familia deshecha

Buitre el que esteriliza el paisaje de su podredumbre orgánica

Buitre el que llora, masturbándose, por lo que pudo haber sido

Buitre el que aún atesora sus primeras cartas de amor

Buitre el que empolla su nostalgia en atardeceres sin fin

Buitre el que se arrastra detrás de un paraíso perdido

Buitre el que vive en las escarpadas crestas de las sierras

Buitre el autobiógrafo de la infancia iluminada

Buitre el periodista fabricante de sordideces

Buitre el que escarba las escombreras por comida

Buitre el abogado cortejador de los deudos

Buitre el carnívoro que no siente la muerte

Buitre el que habita un universo de chatarra

Buitre el fanático de Barbara Cartland

Buitre el funcionario de las endogamias

Buitre el que vuelve a ser niño en los sueños

Buitre el lector de San Juan de la Cruz

Buitre la ebriedad de las alturas

Buitre el devoto del diccionario

Buitre el ratón de biblioteca

Buitre el heredero voraz

Buitre el que escinde las nubes

Buitre el rey del reciclaje

Buitre el coleccionista

Buitre el ave sagrada

Buitre el calumniado

Buitre el que calumnia

Buitre el poeta

traficante

de restos

Buitre el buitre



LOS RESTOS DE LA VACA CUYA CARNE COMO...


La vaca cuya carne como

fue criada y cuidada por alguien que desconozco

llevada al matadero por alguien que desconozco

electrocutada por alguien que desconozco

troceada en porciones por alguien que desconozco

inyectada de conservantes por alguien que desconozco

empaquetada en plástico por alguien que desconozco

y comida por mí

Los restos de la vaca cuya carne como

fueron tirados al suelo por alguien que desconozco

barridos del suelo por alguien que desconozco

recogidos por alguien que desconozco en una caja

transportados a un vertedero

y comidos por un buitre

Carroñero él, carroñero yo



TRABAJO EN EQUIPO


1. La cabeza y el cuello del buitre leonado

se adentran por el recto del cadáver

en busca de las vísceras

2. El buitre negro –con su pico más robusto–

ataca los tejidos duros del animal:

la piel, los músculos y los tendones

3. El alimoche engulle las partes blandas:

los ojos, la lengua y los restos esparcidos

alrededor del muerto por los buitres más grandes

4. Si la historia permite un desenlace feliz

el esqueleto limpio quedará a la espera

del enigmático quebrantahuesos



GYPAETUS BARBATUS (II)

Desde finales de diciembre o enero la hembra pone 2 huevos rojizos, con manchas grises. Los dos adultos los incuban por turno (la hembra más tiempo que el macho) durante 55 a 60 días. Como el segundo huevo es generalmente puesto 4 ó 5 días después del primero, el último en nacer suele ser perseguido por el mayor y termina por perecer

Karel Stastny, La gran enciclopedia de las aves, 1990

Un hermano menor es siempre una molestia

Su vida es un esfuerzo febril por usurpar

el papel que corresponde al primogénito

Experto en el chantaje emocional

pretende congraciarse con sus padres

con quejas lastimeras y un hipo inconsolable

para así concretar la insubordinación

insidiosa, el golpe de estado que planea

No pienso –sin embargo–

ceder ni un centímetro

Si hay hueso suficiente para uno, es para mí

No tengo inconveniente en dejarle comer

si me harto

Al fin y al cabo, es mi hermano menor

pero no me harto

nunca




MI NOVIA ME DICE...


Mi novia me dice que deje de pensar en los buitres

que ya basta de estar todo el día tumbado

meditando en la cama sobre buitres

–Con tanta carroña en la cabeza

te convertirás, me dice, en carroñero:

hay un buitre voraz de ceño torvo

que te está devorando las entrañas–

No me interesan tus citas, le contesto

y mucho menos tus mitos latinos

–Es griego –me dice, con desdén. Da igual

Me importan los buitres de carne y hueso que se comen los huesos

y la carne levemente putrefacta de los cadáveres

Y nosotros, que comemos toneladas de carne

de animales bien muertos quién sabe dónde ni cuándo ni cómo

nosotros siempre encoñados con la muerte

calentándonos con ella en el cine, la prensa, en los libros

Sin pensar en la simbología, le digo

Ni pensar en la simbología

–¿Y dónde entro yo en todo esto, me pregunta

si no haces más que leer y escribir sobre buitres?

¿Es ésta la poesía que te inspiro?–

Me inspira toda la mierda que nos rodea

–Pues así no podemos seguir, me responde

No me tratas como antes por culpa de los buitres

Estás como en las nubes por culpa de los buitres

Ni un gesto de cariño, ni una simple sonrisa

Te estás poniendo gordo por culpa de los buitres

Ni puedes en la cama por culpa de los buitres

La casa está asquerosa, la bañera atascada

De la cocina ni hablar, por culpa de los buitres

Me duele la cabeza, no me viene la regla

Me peleé ayer con mi jefe por culpa de tus malditos buitres–

El buitre, le digo, es, en efecto, un ave insoportable:

come cadáver, es feo, y le hace daño a mi novia

Registraré una queja oficial

(No le hace gracia, al parecer, mi gracia:

–Quédate, entonces, con tus buitres, me grita, y que te jodas–

Sale dando un portazo que estremece la casa)

Echado de espaldas, me quedo en la cama contemplando

las vueltas interminables que dibuja el ventilador

la sombra difusa que proyectan sus aspas en el techo

Con qué majestuosa insistencia sigue y sigue con sus círculos

tercamente desatento a todo lo que ocurre en su entorno

Con qué fijación en su propósito insondable

como si esperara con infinita paciencia

a desprenderse del techo y caer

cercenando las facciones del que aguarda

–refrescado, y sin saberlo– el contacto

Como el lento circular de un buitre en la sierra

horas y horas, día tras día, trazando la circunferencia de una zona

en que habrá de encontrar –dios sabe cuándo–

la única carroña que lo espere:

los restos de un amor que se nos vino abajo

el eco de una puerta que se cierra, retumbando, para siempre



El dibujo de la tapa es de Yenny Paredes G. (Valdivia, 1968), poeta, grafitera, directora de la revista de creación artística Ciudad Circular y activista cultural. Profesora, Licenciada en Castellano, Magíster en Comunicación y estudiante de Doctorado en Ciencias Humanas en la Universidad Austral de Chile, donde también se desempeña como docente.

martes, 7 de julio de 2009

La “fabricación” de conocimientos en Jujuy

[Palabras para la presentación del libro Científicos de Jujuy, en el marco de la Jornada sobre Ciencia Posnoventa desarrollada en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires, el 23 de junio de 2009]

Científicos de Jujuy es un libro que acaba de ser editado en San Salvador de Jujuy y que surge como continuación de otro libro que editamos en el año 2007, Periodistas, sin ustedes el mundo estaría al revés, y es gracias a este libro que conozco a varios periodistas de la región rioplatense. Aquel libro que editamos hace dos años es una compilación de notas periodísticas sobre la escritura, la lectura y la divulgación del conocimiento. Uno de los textos incluidos pertenece a Ana María Vara y, a partir de entonces, desarrollamos una comunicación fructífera con ella.


En el segundo semestre de aquel 2007, le propusimos, desde el área de Prensa y Difusión de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu), a la investigadora recién citada que escribiera un trabajo de introducción a las respuestas de la primera encuesta a los directores de proyectos de investigación acreditados en la UNJu (después, Ana María nos contestó afirmativamente y, en colaboración con otros dos investigadores, produjo un estudio superior al que estaba en nuestros cálculos). En aquel momento, pensábamos que los investigadores deberían tener más visibilidad en el espacio público, imaginábamos además que había que unir la tarea investigativa en el accionar docente y que esa manera de opinar debería quedar registrada en el algún soporte. Los investigadores, decíamos, tienen que tomar la palabra en un espacio que propicie el debate entre sus pares y que sea capaz que influenciar al resto de la sociedad. Hasta ese momento, ningún investigador de la UNJu era reconocido públicamente. Una vez, recuerdo, le pregunté a un taxista si conocía a algún investigador local. “Ni en foto”, me respondió. En ese momento, ya prefigurábamos un libro que incluyera datos básicos del investigador (títulos obtenidos, últimos trabajos de investigación, etc.) y también una fotografía de cada cual. En algunos casos, hubo que hacer más de una sesión de fotografías porque algunos retratados no quedaban conformes con los resultados. Los investigadores, por lo tanto, tienen virtudes y defectos como cualquier ser humano.


¿Cómo se forma un investigador? ¿Qué aportes puede hacer un investigador formado al joven que comienza a investigar? ¿Cómo se puede “fabricar” el conocimiento? Éstas son algunas preguntas que nos movilizaron mucho a la hora de encarar la edición de este libro. Por otro lado, sabíamos que había mucha investigación dispersa en papers, mucho conocimiento que no había sido pensado para el ciudadano común y que valía la pena hacer una tarea de difusión de ese conocimiento.


Mientras empezábamos a recibir las primeras respuestas de la encuesta de trece preguntas que habíamos distribuido a los investigadores, un hecho nos sorprendió por la magnitud que adquirió en los medios de comunicación de Buenos Aires: el caso de contaminación por plomo en Abra Pampa. Una gran cantidad de contactos telefónicos y correos electrónicos nos daba la medida de atracción que podía ejercer el trabajo sistemático de un grupo de científicos que durante varios lustros siguió la problemática con la tenacidad propia de los investigadores. El grupo liderado por la Dra. Graciela Bovi Mitre tomo registros de la situación contaminante, realizó análisis de sangre de la población más expuesta, expuso los resultados obtenidos y discutió sobre posibles soluciones.


Muchas veces existe una lógica periodística que consiste en tirar una bomba informativa y después abandonar el caso dejando un tendal de heridos; por lo general, uno de los grupos que siempre queda lesionado está formado por los que se atreven a denunciar la situación injusta. En aquel momento, convenimos con los productores de noticias de medios metropolitanos sobre la necesidad de proteger a los investigadores que, con un magro subsidio de investigación, se arriesgaron a enfrentar una situación problemática que quemaba las manos de los gobiernos locales.


En Jujuy, de una manera u otra, nos conocemos todos. Por lo tanto, la “fabricación” de conocimientos debe ser hecha con una serie de medidas de seguridad. Una de esas medidas se obtiene por la legitimación de la investigación. Esa legitimación que tiene reglas bien explícitas en el campo académico, no siempre es muy reconocida en el campo político que está al frente de la gestión gubernamental. Por lo tanto, una tarea para legitimar a los investigadores obliga a mantener una relación fluida con la secretaría Legal y Técnica de la misma Unju, con el Defensor del Pueblo de la Nación y con otras instituciones que ayudaron a construir una gran narrativa sobre esta problemática. Fue tal el impacto de esta investigación que, desde hace unos meses, se popularizó un tema que se puede bajar por Internet: “Como el plomo en la sangre” de la banda jujeña La Yugular Reggae.


Recién hablé de las prevenciones que tenemos que tener en cuenta a la hora de “fabricar” conocimientos. Hay que decir, además, que tenemos algunas armas; una de ellas está dada por la posibilidad de contribuir con nuestras narraciones a la historia local.


La historia la escriben los que ganan, pero para eso tienen que tener historiadores o, por lo menos, ghost writers. Los integrantes de la comunidad universitaria tenemos que aprender a relacionar con dos grupos que son determinantes para la fabricación del conocimiento: los divulgadores científicos y los historiadores. Algunos políticos locales, me consta, ya se dieron cuenta de este nuevo tipo de poder que otorga el conocimiento. Ellos conocen nombres de los historiadores locales y están atentos a las producciones de estos investigadores. Lo que hacen después de leerlos es otra cuestión y no pienso –o, por lo menos, no ahora– analizarla. Lo importante, me parece, es ser conscientes de esta situación que comienza a emerger en Jujuy.


Una mención aparte merecen las mujeres que responden en Científicos de Jujuy. Para empezar, hay un leve predominio femenino en lo que respecta a la cantidad (sobre veintiséis investigadores, quince son mujeres), varias se distinguen entre sí como grupo generacional, reconocen –a su vez– a varias “maestras” de la promoción inmediata anterior; es decir, arman una genealogía en el campo investigativo.


Una última cuestión, este libro es de orientación para el estudiante que aún no ha decidido que carrera universitaria emprenderá, para el joven investigador que hace sus primeros pasos y que busca que alguien le explicite los métodos de la investigación, para el político que no sabe cómo cubrir áreas que exigen una especialización metodológica que sólo puede ser cubierta por una científico formado. Este libro, en definitiva, va más allá de los límites de la comunidad universitaria.


Si bien el título de este libro tiene bien demarcada su pertenencia geográfica, la problemática que presentan sus páginas son cuestiones que son comunes a cualquier universidad latinoamericana. Esa comunidad de problemáticas aparte de ser una dificultad compartida es también la posibilidad de ser resuelta por medio de una red de acciones cooperativas; por este motivo, el estudio preliminar está realizado por tres historiadores de la ciencia que pertenecen a la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y que poseen una mirada crítica que enmarcan las respuestas de una manera muy lúcida.


Con libros como el que presentamos hoy, hemos empezado a ayudar a escribir –a “fabricar”– la historia más reciente del campo investigativo de Jujuy.


Leer reseña en el suplemento Señales del diario La Capital de Rosario

Leer noticia aparecida en el diario Pregón de San Salvador de Jujuy

Leer noticia aparecida en el diario El Tribuno de Jujuy

Imagen: RC, Alejandra García Vargas, José Humberto Paganini y Juan Pablo Ferreiro; en la Feria del Libro de Jujuy.

jueves, 4 de junio de 2009

¿Quién debe pagar los derechos por las fotocopias que usan los alumnos universitarios?


Recientemente la Universidad de Buenos Aires (UBA) dio a conocer su adhesión a la reciente decisión con respecto a pagar derechos por las fotocopias que usan los alumnos universitarios. La UBA firmó con el Centro de Administración de Derechos Reprográficos (Cadra), un convenio para reproducir obras protegidas con licencia otorgada por esa entidad, que nuclea a editores y escritores. Vale decir, que se regulará la emisión indiscriminada de fotocopias en todas las sedes académicas de la UBA, lo que ha constituido históricamente una ilegalidad.

Estamos de acuerdo que es fotocopiar libros es un delito. No ignoramos, por otra parte, que muchos estudiantes y algunos docentes no pueden comprar los libros que son necesarios para su formación y especialización. Ahora bien, la cuestión central es: ¿quién debe pagar los derechos por las fotocopias que utilizan los universitarios?

Antes de responder esta cuestión hay que decir que son muy pocos los autores que viven de sus derechos. Casi ningún investigador recibe una suma sustancial por la venta de sus libros. Estos investigadores cubren sus necesidades por la actividad docente y por los subsidios que las universidades otorgan por la investigación. En rigor, los únicos autores que tienen una renta importante por sus publicaciones son aquellos que producen best sellers (libros de autoayuda, novelas de intrigas); es decir, literatura comercial.

Entonces, si un autor que forma parte del campo intelectual (aquel que trabaja con ideas, conceptos y teorías) no tiene una ganancia significativa en términos monetarios, ¿quiénes se beneficias y quiénes se perjudican con el uso de fotocopias? Se perjudican, fundamentalmente, los editores, es decir los que financian y promueven las obras de los autores. Se benefician los propietarios de fotocopias; no hace falta hacer un estudio de mercado para comprobar que el noventa por ciento del material que fotocopian está formado por libros.

Es interesante plantear este debate. En esta discusión hay que analizar todos los detalles y pensar todas las variantes que entran en juego. Como por ejemplo: existen centros de estudiantes que poseen sus propias fotocopiadoras y lo recaudado lo reinvierten para mejorar la situación de los estudiantes. Otra cuestión: el Cadra agrupa a autores y editoriales rioplatenses y, hasta donde conozco, no lo integran los autores de Jujuy.

Lo justo, según mi entender, sería convocar a todas las partes interesadas en el mundo del libro: los editores, los distribuidores, los libreros, las asociaciones ligadas y a los actores fundamentales de este campo: los autores. Actores que, dicho sea de paso, el mercado editorial los ningunea.

Imagen: tapa del libro Cancionero popular de Jujuy de Juan Alfonso Carrizo (comp.), San Salvador de Jujuy: Ediunju, 2009.

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