miércoles, 27 de mayo de 2009

El largo camino que recorren las mujeres de Jujuy


Las mujeres, desde hace varios años, luchan para tener presencia activa en los lugares de decisión en Jujuy. Así, varios grupos presionan a políticos para lograr una ley de cupo que les garantice un lugar importante en las listas de candidatos a legisladores. A pesar de esa insistencia, la ley tarda en materializarse.
Alejandra García Vargas
Quizás, el único lugar institucional en el que ellas han ganado una activa participación es en la Universidad Nacional de Jujuy. En el gabinete directivo de la actual gestión, son responsables de la Secretaría Académica, la Secretaría Administrativa, la Secretaría Legal y Técnica, la Secretaría de Ciencia y Técnica y Estudios Regionales (SECTER) y la Secretaría de Extensión Universitaria; es decir, las mujeres ocupan cinco de las seis secretarías que dependen directamente del Rector y poseen autonomía para generar políticas. Un número importante de ellas, por otra parte, han estado al frente de tres de las cuatro Facultades.

No sólo se destacan por su capacidad de gestión. Ellas, además, llevan la delantera en tareas de investigación. En estos días está por aparecer el libro Científicos de Jujuy, la primera encuesta a directores de proyectos de investigación en la que éstos analizan su propia actividad y la enmarcan en la realidad social de la región. La encuesta fue repartida a la totalidad de los directores de proyectos de investigación acreditados en la SECTER. Sobre un total de más de setenta investigadores, contestaron veintiséis; quince son mujeres y once son hombres. Es decir, la ventaja se mantiene.

Veamos a continuación qué sucede en un campo intelectual vecino: el literario. Un muestrario cronológico de la literatura de Jujuy hasta 1969 contenía a cuarenta escritores; de éstos, ocho eran mujeres. En 1993, el trabajo inclusivo se completó con otro tomo que llegó hasta ese año; la cantidad de autores se incrementó: sobre un total de sesenta y uno, veintisiete eran mujeres. Más acá, en una encuesta que publicamos en el 2006 (Encuesta a la literatura jujeña contemporánea), sobre una muestra de veinte escritores, contestaron doce hombres y ocho mujeres. Es decir, la mayoría varonil se mantenía.

La cuestión, por lo tanto, es: ¿por qué en la Universidad la presencia de las mujeres es mayor?, ¿las características de la institución (un espacio que adjudica legitimidad y prestigio a los saberes) tiene que ver con esta supremacía? Y una cuestión más: ¿es posible inferir que la presencia de las mujeres universitarias producirá un efecto de contagio en otros sectores de la sociedad?

Tratemos de responder estas cuestiones. La Universidad es –o, si lo quiere el lector hipercrítico, debería ser– el espacio intelectual por excelencia. Es una plaza que tiene reglas bien explicitadas sobre cómo funciona su mercado simbólico. Así, dispone de un capital que se objetiva (por medio de libros, papers, patentes, etc.), en un espacio altamente institucionalizado (en ningún otro lugar valen tanto los títulos y certificados) y que, además, ha incorporado una eficaz tecnología de reproducción (aquí incluimos los esquemas de percepción, evaluación y acción). La Universidad, al decir de Bourdieu, es un campo relativamente autónomo que posee un sistema de relaciones entre posiciones de sus integrantes que se construyen a lo largo del tiempo (en la diacronía) aunque se la analice en un momento sincrónico.

En consecuencia, podemos decir que el campo científico es un espacio de lucha por la legitimación, lucha que –como lo expresamos en el párrafo anterior– posee sus propias reglas. Gracias a éstas (a su explicitación, su objetivación, su institucionalización y su puesta en práctica), las mujeres universitarias logran sacar ventajas. Si bien existen cuestiones asociadas al poder político, económico o a la pertenencia (o no) de distintas redes sociales en este campo, el bien que más se valora es el capital cultural. Ese capital permite a sus poseedores el acceso preferencial a ciertas ocupaciones o posiciones profesionales exclusivas por medio del manejo de lenguajes y competencias de recursos exclusivos de la ciencia.

En el libro Científicos de Jujuy, como ya expresamos, ellas llevan ventaja numérica sobre sus pares masculinos. Sacan, además, otra ventaja: reconocen a otras mujeres de la promoción que las precede como “maestras” locales de la investigación (Susana Argüello lo hace con Ana María Zoppi, Alejandra García Vargas con Gabriela Karasik, Gabriela Sica y Elena Bossi, y Norma Wierna con Graciela Bovi Mitre). Con esto no queremos caer en el error fácil de afirmar que las investigadoras sólo reconocen como formadores a sus pares de género, por el contrario, tanto María Eduarda Mirande como Elena Bossi reconocen la deuda intelectual que ambas tienen con Raúl Dorra. Sí queremos evidenciar que las investigadoras no tienen los pruritos intelectuales que sí parecen tener sus pares masculinos, que prácticamente no reconocen a ningún “maestro” local.

Por otro lado, las investigadoras también tienen clara conciencia de la imagen pública que poseen dentro del campo académico. Así, Liliana Bergesio reconoce como pares a García Vargas, Laura Golovanevsky, María Elena Marcoleri y Matilde García Moritán. Bossi rescata los trabajos de Mirande, Guillermina Casasco y García Vargas. La última, a su vez, rescata como “compañeras de generación” a Bergesio, Golovanevsky, Mónica Ulloa, Adriana Kindgard y Cecilia Fandos. Mirande ubica como muy importante a los trabajos de Bossi. Clemencia Postigo destaca, de manera enfática, a Zoppi.

Casi todas poseen obra publicada y ya han logrado un reconocimiento institucional. Tienen una ventaja sobre sus pares extrauniversitarias: no se enfrentan a agentes ya establecidos en una función dominante en el campo al que pertenecen (tal vez, la única excepción se dé en la Facultad de Ingeniería, la única en la que todavía ninguna mujer estuvo al frente como decana).

Es posible que aún les falte un conjunto de obras que trascienda el campo científico. Conozco, por mi función de editor universitario, varios libros que están próximos a salir que, sin dudas, van a cruzar esa frontera (pienso en trabajos de Lucía Mallagray, Bergesio, Marcoleri, Golovanevsky, García Vargas, Flora Guzmán, Ana Teruel y Ana María Postigo de de Bedia, fundamentalmente).

En la historia argentina del último siglo, la Universidad funcionó como prueba piloto de varias acciones que se dieron en el resto de la sociedad. En 1918, los reformistas de Córdoba se adelantaron medio siglo a lo que fue la irrupción de los jóvenes como sujeto generacional. Después, en plena “revolución fusiladora”, el campo científico actuó como una isla democrática; en los calientes años sesenta, como un espacio que prefiguraba la praxis revolucionaria de la década posterior. En la última dictadura fue, igual que toda la sociedad, un campo arrasado (un espacio doblemente fracturado, tanto por los exilios internos, como por los externos). En la etapa de reconstrucción democrática, la Universidad se reconstruyó internamente con sus reglas de legitimación, ordenó sus estructuras y sus agentes se profesionalizaron en la acumulación de un capital simbólico. En la etapa actual, cerca de la conmemoración de los bicentenarios, las mujeres universitarias hacen uso público de sus destrezas simbólicas y responden, con un conjunto de obras que de a poco comienzan a articularse, a las demandas de la sociedad.

En esas respuestas está lo más interesante del campo científico actual, está también el adelanto de lo que sin dudas será el rol protagónico que ellas tendrán después de un largo camino (que ya lleva más de dos siglos) y que algunos tratan, en vano, de restringir en los lugares de decisión de Jujuy.

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lunes, 25 de mayo de 2009

Cíentíficos de Jujuy

En las próximas semanas, aparecerá el libro Científicos de Jujuy, editado por la Editorial de la UNJu. Adelantamos aquí la nota de contratapa.

Este libro se enmarca en una política comunicacional de la UNJu. Hasta no hace mucho, nuestros científicos tenían el hábito de escribir sólo para sus pares. Este accionar fue reforzado por el individualismo de los noventa que postergó las prácticas de intervención del discurso intelectual. Pero una década, por más infame que sea, no puede detener una larga tradición del conocimiento que se remonta a la de un hombre que sabe y habla en medio de una plaza. El que sabe, opina. El que opina lo hace desde un horizonte de valores que lo transcienden. Y, cuando esto sucede, esa opinión resulta, indefectiblemente, crítica y política.

Los científicos son herederos de esa tradición. Legatarios de una familia que, en Occidente, posiblemente comienza con Sócrates y Platón y que incluye –entre otros– a Bernardo Houssay, Enrique Gaviola y Oscar Varsavsky. En nuestra Universidad, un nombre se destaca en el campo de la literatura y las memorias de la represión dictatorial: Andrés Fidalgo.

No hay tradición más peligrosa y saludable que la del conocimiento. Peligrosa porque todos sabemos que Sócrates fue condenado a morir, Platón fue vendido como esclavo y otros fueron desterrados de por vida. Más acá, desde la fatídica Noche de los Bastones Largos hasta los años de plomo de la última dictadura, esa tradición se encarna en nuestros investigadores. Ellos fueron perseguidos, encarcelados, asesinados o condenados a partir hacia un exilio del que muchos ya no pudieron regresar.

Esa tradición es –aunque parezca un contrasentido– saludable no sólo porque los investigadores son conscientes de la provechosa experiencia del riesgo, sino porque ellos ponen en cuestión el orden imperante. En este libro, veintiséis científicos analizan su realidad inmediata, reflexionan sobre qué significa hacer ciencia y tecnología en esta provincia (y en el mundo) y también examinan su propia praxis.

Esta encuesta, en definitiva, interpela a nuestra sociedad y, además, comunica lo que hasta ahora había permanecido incomunicado: una reflexión de los científicos de Jujuy sobre su propia función. Las respuestas demuestran que es posible traducir un lenguaje riguroso a otro cotidiano y que, en esa traducción, no se pierde nada y se gana mucho.

Que quede claro: los lectores que busca conquistar este libro no son sólo universitarios.

martes, 24 de marzo de 2009

¿Por qué hay que recordar?

[Respuestas para la agencia de noticias Jujuy]

¿Los argentinos tenemos memoria?

Decir que los argentinos tenemos (o no) memoria es generalizar y todos sabemos que generalizar es correr un riesgo grande. La memoria y el olvido conviven con nosotros. De hecho, no podemos recordar todo lo que nos pasó. Un recuerdo significa olvidar otro. Ahora bien: hay hechos que no podemos olvidar. Hablo de los crímenes de lesa humanidad. Esto es un mandato moral que nos debemos hacer. No olvidar para no repetir.


¿Qué cree que se perdió en la argentina junto a las treinta mil vidas?

Junto con los miles de desaparecidos se perdió una fuerte posibilidad de cambio. Después llegaron momentos conservadores, tristemente conservadores, y el miedo se instaló entre nosotros. Aún hoy, cuesta mucha pensar de manera diferente. Hoy tenemos que volver a ser osados con nuestro pensamiento. Criticar nuestra realidad empezando por criticarnos nosotros mismos. Es más fácil expresarlo que ponerlo en práctica, pero si no lo expresamos difícilmente llegaremos a la acción.


¿Encuentra alguna relación histórica entre eliminación sistemática de personas y la crisis institucional de nuestro sistema democrático?

La pérdida de valiosos dirigentes políticos y sociales, la desaparición de importantes intelectuales y de referentes sociales, nos dejó un vacío muy grande. Ese vacío fue llenado, en más de una vez, por oportunistas, por "procesistas" convertidos en demócratas de urgencia, especuladores que están donde calienta el sol y otros especimenes que se colaron por las listas sábanas o compraron su puesto en partidos cooptados por el poder económico. Aún no salimos de esa crisis.


Elegimos a Avelino Bazán, sabemos de su interés por este gran hombre, para homenajear a las víctimas del terrorismo de Estado. Sintéticamente, ¿qué es lo que más le impresiona de la vida de Avelino Bazán?

La historia de Avelino Bazán me ha conmovido desde que la conocí. El hombre nació en La Quiaca, tuvo que dejar de estudiar, apenas llegó a cursar el primer año de la escuela secundaria, su familia era muy pobre y el entorno social no ayudaba. Sin embargo, a fuerza de inteligencia, Bazán llegó a ser un dirigente popular muy respetado más allá de los límites de nuestra provincia. Me consta que su voz ha sido muy respetada en el campo político. Para mí, él ha sido un intelectual; es decir, alguien que se especializa en un saber (en este caso, las luchas populares), que se profesionaliza en ese campo (su reconocimiento gremial y su accionar como director de Trabajo del gobierno del ingeniero Carlos Snopek dan cuenta de esto que digo) y que hace uso público de su palabra (había sido elegido diputado provincial y hasta escribió un libro desde la cárcel).


Hoy Avelino es reinvindicado por organizaciones de izquierda, ¿pero no cree que en realidad es un personaje de la historia peronista?

La trayectoria de Avelino Bazán es una historia que transciende los límites de un partido político. Que lo reivindiquen organizaciones de izquierda no significa que él haya militado en ese sector, significan que otros sectores aún no han recuperado la voz para honrar a sus mártires. El miedo, como ya lo expresamos, es lo más difícil de erradicar.


Avelino, fue minero, gremialista, político y escritor entre otras de su dedicaciones, pero sobre todo un visionario, ¿usted cree que los jujeños somos injustos con nuestros grandes hombres, en todo caso a qué se debe y que relación encuentra con el Jujuy actual?

Rodolfo Walsh escribió que existe una deliberada intención de eliminar las historias de la lucha popular. De esa manera, cada lucha debe comenzar de cero y los que detentan el poder se valen de esa ventaja para seguir en sus posiciones de privilegios. La historia de Avelino Bazán nos muestra cómo una organización sindical puede vencer a una multinacional o qué debe hacer un funcionario público para cobrar impuesto a una mega empresa. Muchos de nuestros gremialistas y políticos deberían conocer estos detalles y -por qué no- muchos ciudadanos también deberían conocerla. Eso nos haría más libre y podríamos avanzar hacia otras libertades.



El diputado Snopek lo menciona a Ud. en la Ley de Homenaje a Avelino, ¿esto significa algo especial, genera un mayor compromiso por su parte?

He leído el texto del diputado Snopek y me alegra que un político lea. Pero eso no es suficiente. En ese texto, el funcionario habla de colocar un placa en la Universidad Nacional de Jujuy (recordemos que Avelino fue el que propuso su creación en su paso como diputado provincial), pero hasta el día de hoy esa placa no ha sido colocada. Creo que es un buen resumen de la deuda que el campo político tiene frente a la desaparición de Avelino Bazán. Pero seamos justos: esta crítica no es sólo para el campo político, otros campos (el periodismo, el empresarial, el religioso, por citar unos cuantos) todavía tienen una deuda que espera por sus acciones. Acciones que, por otro lado, deberían ir más allá de colocar una placa.


Imágenes: "Tapa dura" de RC y retrato de Avelino Bazán.


lunes, 5 de enero de 2009

Placeres

Recomiendo el libro más reciente de Federico Leguizamón: Cuando llegó la brigada amanecía en el barrio (Perro pila, 2008). Son cuentos que amplían los límites de la narración. Hasta ahora parecía que todo cuento se desarrollaba en el centro de la ciudad o en la quebrada de Humahuaca o en la puna o en un lugar indefinido que nunca nos contenía. Toda otra región estaba prohibida.

Este autor nació en 1982, en San Salvador de Jujuy. Es el escritor joven que más obra ha desarrollado. Quizás le convendría no publicar tanto y hacer que sus textos decanten un poco; pero los premios que ha obtenido (en el 2006, recibió la primera mención en el IV Certamen Provincial de Poesía que organizó la Secretaría de Turismo y Cultura de Jujuy; un año después, obtuvo la misma mención en el concurso de novela que convocó el diario Página 12; también en el 2007 hizo doblete en los concursos que organizó la Universidad Nacional de Jujuy: obtuvo el primer premio, tanto en categoría poesía como en dramaturgia) indican lo contrario.

Admirado y denostado por sus pares –bah, en rigor, sólo conozco dos opiniones contrarias: una firmada y la otra desde el balbuceo–, él es el escritor del barrio “820 Viviendas”, el que habla de la marginalidad, de las drogas, de la necesidad de redimirse por medio del crimen, de los hombres que golpean a sus mujeres y de una realidad lacerante para esta región: el suicidio como práctica constante de los que no pueden más.

Ha publicado, además, los siguientes libros de poesía: Domingos (San Salvador de Jujuy, 2001), Nada (San Salvador de Jujuy, 2005), Del acusico en la línea B (San Salvador de Jujuy, 2008). Es autor, además, de una obra de teatro: La Salamaca (San Salvador de Jujuy, 2008) y del libro de cuentos: La suma del bárbaro (San Salvador de Jujuy, 2000).

Lo ideal sería leer Cuando llegó la brigada amanecía en el barrio en algún lugar del cementerio “Nuestra Señora del Rosario”, acompañado de alguien del sexo opuesto. ¿Por qué? Porque siempre es interesante mezclar placeres prohibidos.


Imagen: dibujo de Manuel Ortega.

martes, 30 de diciembre de 2008

Un año intenso

Se va este año que fue muy intenso por distintos motivos.


Las muertes de Andrés Fidalgo y José Luis Mangieri son hechos que todavía duelen. Los dos marcaron un camino que nadie puede dejar de ver. Libros, una corriente clara de pensamiento y una lucha intachable en defensa de la libertad: he aquí tres características de ellos que todos –o casi todos– quisiéramos tener.


Mirar lo que Andrés y José Luis han hecho nos obliga a mirar lo poco que hace cada uno. Me comparo con ellos y sé que soy un enano intelectual. Pero sé, además, que mi camino está marcado por algunas señales que dejaron. No sé hasta dónde llegaré y no me importa.


Dije que fue un año intenso. Conocí poetas que nunca había pensado conocer, hablé con otros que recién están empezando. Me hice amigo de unos y me peleé con otros. Como sea, no creo en peleas eternas ni tengo recetas para la felicidad, como dice una letra de Jorge Drexler. Tengo, eso sí, algunas fotografías de amigos que están en mi pared de maestros y eso me basta.


Escribo este blog que se pierde en este fin de año y, de alguna manera, eso me permite repasar marcas que tengo en la memoria.


Rememorar y escribir: dos cosas que hacen que la vida sea intensa. Y una tercera: saber que, cada tanto, alguien lee estas líneas me permite tener de ganas de brindar. A todos los que siguen El norte del sur, entonces: ¡salud!

miércoles, 24 de diciembre de 2008

El pasado que se niega a pasar

Primero fue la noticia que informaba sobre nuevas querellas relacionadas con los delitos de lesa humanidad cometidos por la última dictadura en Jujuy. Después, varios periodistas me escribieron solicitando información sobre Tulio Valenzuela. Por último, esta mañana, Estela Fidalgo (hermana de Alcira, primera esposa de Tulio) me mandó un mensaje en el que me informaba que había aparecido la hija apropiada de su ex cuñado. Todo esto me sacudió emocionalmente.


Paralelamente a estas acciones, yo estaba tratando de cerrar mi año laboral. Hablo en pasado, pero todavía no lo cerré. Tengo que rendir cuentas sobre una obra de teatro que escribió Federico Leguizamón y otra de danza que no llegó a realizarse. Tengo una cuestión personal con los profesionales de la economía y ellos esperan que yo me equivoque.


Por otro lado, quiero escribir historias que no me dejen atado a las narraciones de las situaciones límites ocurridas entre 1976 y 1983, pero siempre vuelvo a ellas.


Cuando leí que Laura Margarita López se había presentado como querellante por la desaparición forzada de su madre, Juana Francisca Torres Cabrera, sentí una emoción que mezclaba alegría y dolor. Algunos de ustedes saben que escribí un libro sobre la dictadura de Jujuy, en esas páginas figura un capítulo denominado “Las maestras y la cadenita”. Ésa fue una de las historias que escribí llorando. Les pido disculpas porque no puedo evitar citarme:

Hay algo más intenso que la tortura en el propio cuerpo: el dolor en el de un ser querido. Seguramente eso pensaron [Ernesto] Jaig y sus esbirros cuando amenazaron a Juana con apoderarse de su beba; ellos pretendían hacer "cantar" a la detenida. ¿Tenía ella alguna información importante para los represores? ¿Estaba comprometida con algún grupo revolucionario? Es posible que sí, aunque nada permite confirmarlo. Pero, hay algo que no admite dudas: ella sabía bien cuál sería su fin. Por eso, le entregó a Gladys [Artunduaga] una cadenita: "Para mi hija, para cuando sea grande".


Cuando escribí el libro no sabía cuál era el nombre de la hija de Juana. Conocí a pocos hijos de detenidos-desaparecidos, pero siempre sospeché que un feroz hachazo se había incrustado en sus subjetividades. Ahora, quiero llamar a Laura; felicitarla por el valor de haber asumido la búsqueda de la verdad, contarle la historia de la cadenita porque seguramente fue incautada por algún carcelero y decirle que no todo está perdido.


Paso a la historia de Tulio. Él había estado casado con Alcira Fidalgo, nuestra poeta detenida-desaparecida. Después volvió a estar en pareja y de esa unión nacieron, presuntamente, mellizos. Se cree que el varón murió a los pocos días, en tanto que la hija, Sabrina, fue entregada en adopción (el final de Tulio y su segunda esposa fue trágico). Hace unos días, las Abuelas de Plaza de Mayo confirmaron que Sabrina había encontrado su verdadera identidad.


He tratado de reconstruir la vida de Alcira y sé lo importante que fue él para ella. Todos sabemos lo importante que son los seres queridos. Estamos unidos a ellos de múltiples maneras. Por eso, Juana intentó dejarle una cadenita a Laura, un simbolo de la unión entre ambas.


Es casi seguro que aquella cadenita ya no exista. Que sus eslabones estén desperdigados. Pero lo que nos demuestran Laura, Sabrina y los hijos que buscan cerrar las heridas de la peor dictadura que tuvimos que soportar es que no todo está perdido.


Ellos son los eslabones de una historia que no termina de pasar.


Fotografía: Casamiento de Tulio Valenzuela y Alcira Fidalgo, San Salvador de Jujuy, 1970. Imagen tomada del libro de poemas Oficio de aurora (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 2002) de Alcira Fidalgo.

Nota publicada en El Tribuno de Jujuy del viernes 26 de diciembre de 2008.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Editores

Desde hace algunos años tengo la costumbre de criticar por escrito. Lo hago por dos razones: en un debate me arrebato y, además, mi escritura es tan lenta que esa lentitud me permite ensayar alguna reflexión.

Digo esto porque hace unos días, después de participar en el Festival de Poesía del Norte Grande que organizó la Secretaría de Cultura de Salta, manifesté mi disconformidad por la antología que hizo la editorial Hanne y por el prólogo de Gregorio Caro Figueroa. Al primero le reproché la falta de reciprocidad hacia los poetas que le enviaron sus poemas; al segundo, que calificara de generosa la participación de la citada editorial cuando ni siquiera había retribuido a cada autor con un libro.

Después, recibí respuestas de ambos. Caro Figueroa me expresó que recién tomaba conocimiento del asunto y él creía que la editorial iba a entregar por lo menos seis ejemplares a cada autor. Unos días después, Verónica Ardanaz, colaboradora de Caro Figueroa, mandó un mail informando que la cantidad de libros se reducía a un ejemplar.

Víctor Hanne también contestó mi reclamo. Él se excusó con el siguiente argumento:

La señorita, la niña, a quien pedí por favor que atendiera esa mesa, no tenía los conocimientos ni el manejo de las relaciones como para brindar una respuesta satisfactoria y espero Ud. sepa entenderlo y disculparla.
Es decir, tiró la pelota para otro lado. Es una lástima que él no haya pensado en la relación con los autores de la antología que editó.

Es interesante, por lo tanto, volver a pensar cuál es la función de editor. La tarea básica de este tipo de profesión es tratar con escritores que a veces tienen el ego demasiado desarrollado ("hay varios autores que se creen que son Borges", dijo el Carlos Gazzera, el editor de la Universidad Nacional de Villa María, en aquella reunión de Salta); imprenteros que buscan sacar la mayor ganancia a sus máquinas; libreros que miran con desconfianza a todo libro que no signifique una ganancia rápida; funcionarios públicos que buscan promover políticas culturales que dejen una marca en las historias de las instituciones; distribuidores que, por lo general, son los que llevan la mayor parte de lo que recauda y otros profesionales (diseñadores, correctores, etc.) que nos hacen pensar que es casi injusto que al autor de un libro le corresponda el diez por ciento del precio de tapa del libro. A lo mejor, por eso Víctor Hanne considera innecesario establecer buenas relaciones con los autores.

La antología que trata esta nota se realizó con extrema rapidez. Hubo una cantidad de ejemplares que fueron entregados a la Secretaría de Cultura de Salta, pero faltó una actitud similar hacia los escritores. Por otro lado, el editor no consideró importante la relación que debe establecer con los escritores. Por eso, el confío esa relación a una señorita ("una niña") que no estaba capacitada para hacer esa tarea.

Concluyo esta nota con lo que le contesté a Víctor Hanne: la culpa no es de la señorita.

Fotografía: Escritores en el Festival de Poesía del Norte Grande (¿quién pagó el libro que está en el centro de la imagen?). Gentileza del blog La nebulosa de fercita.


lunes, 15 de diciembre de 2008

Respuesta a un editor

Estimado Víctor M. Hanne:

Recibí su invitación y celebro su rapidez, pero no puedo dejar de expresarle mi disconfomidad con su trato hacia los poetas que integran la antología. No crea usted que estoy hablando en representación de ningún grupo, apenas hablo por mí -si bien pienso que esta disconformidad es un sentimiento generalizado.

Usted presentó un proyecto a la Secretaría de Cultura de Salta y ese gesto ha sido calificado como generoso de su parte por el mismo Gregorio Caro Figueroa. Me parece muy bien que se establezcan relaciones entre una institución oficial y una empresa privada, pero creo que esas relaciones no deberían dejar de lado a una parte importante de todo hecho cultural: a los autores.

Digo esto porque los poetas tuvieron que pagar para obtener un ejemplar. Los escritores son, sin dudas, muy buenos compradores de libros; pero no por eso deben ser confundidos por parte de un editor. No dudo que esto usted lo sabe muy bien: por un lado, están los autores de una obra y, por otro, están sus lectores o, si prefiere, los compradores de libros.

A menudo, el trabajo intelectual no es reconocido por algunas instituciones y determinadas empresas privadas. Muchos consideran al escritor como un trabajador fuera del sistema laboral y, como el personal de limpieza que trabaja en muchos hogares, no recibe un salario digno.

Cuando la Secretaría de Cultura convocó a los autores para enviar un poema y un breve CV en ningún momento expresó la convocatoria que cada autor tenía que aportar dinero si quería tener un libro donde figuraban versos de su autoría. No me voy a meter en cuestiones legales (o no lo haré por ahora); si quiero decir que usted debería haber entregado -en un gesto de reciprocidad antes que de generosidad- por lo menos un ejemplar de la antología a cada autor que posibilitó la existencia de ese libro.

Entiendo que una empresa privada no tiene por qué ser generosa. Nadie le pide eso. Sí le reclamo a la Secretaría de Cultura que no le otorgue ese título a alguien que para "recuperar costos" (así me lo expresó una vendedora de la citada antología) tiene que cobrar a los propios autores.

Sé muy bien que muchas veces las ediciones se gestan con el aporte económico del autor y el trabajo solidario del editor, pero esa gestación está pautada desde el vamos entre la editorial y el autor. Esas gestaciones las encaran, a menudo, las editoriales independientes que funcionan por fuera del circuito comercial.

Lo vuelvo a felicitar por su rapidez y agradezco tardíamente su invitación. Por mi parte, lo invito a reflexionar sobre la situación que usted planteó: ¿le parece bien que el autor de un poema reciba una invitación para pagar y así leer su propia obra impresa? ¿Usted le pediría a un trabajador de limpieza que pague por barrer los talleres gráficos donde imprime tan rápido los libros?

Atentamente.

Reynaldo Castro

Leer el doble prólogo de la antología: la presentación del editor, Víctor Hanne, y un texto del Secretario de Cultura de Salta, Gregorio Caro Figueroa.

lunes, 24 de noviembre de 2008

¿Por qué escribe, señor Castro?

el primer poema que publiqué
apareció en el suplemento literario que dirigía néstor groppa
yo no quería reflexionar ni opinar
sólo trataba de expresar lo que sentía
y nada más

pero aquel texto trajo a otro
que también ng publicó
(él siempre fue generoso con los poetas iniciales)
y así empecé a gozar de una sana marginalidad:
me leía muy poca gente
(a pesar de que el diario tenía un tirada mayor que la de cualquier libro de poemas)
esos pocos lectores
eran
por lo tanto
lectores de fierro
algunos hasta se animaban a hacerme preguntas
entre esas estaba la ya clásica cuestión:
“¿por qué escribe usted?”
a lo que yo contestaba:
“escribo porque una palabra puede cambiar el mundo”

nunca decía cuál era esa palabra
pero la buscaba incansablemente
siempre tuve la vana ilusión de encontrarla
(no se lo digan a nadie: creo que nunca la voy a encontrar)
pero eso no invalida que siga escribiendo

escribir es como pelear sabiendo que uno será derrotado

hubo un tiempo en que yo creía que por mi boca podían hablar las bocas muertas
lo creía sinceramente
como creía en la revolución
hasta que un día me puse a escribir sobre la masacre que vivimos
entonces supe que el valor pasa por el cuerpo
que lo que uno escribe (o dice)
lo tiene que defender
que nada nos ha sido dado de manera gratuita

a lo mejor por eso invadí varios géneros
publiqué crónicas, historias privadas
comentarios en blogs dudosos
entrevistas a escritores, escribidores y otros sujetos de moral ligera
investigaciones con tufillos académicos
poemas para una mujer que nunca tendré
graffitis, solicitadas
y algunos panfletos

pero nada de eso fue suficiente
y aquí estoy escribiendo un poema más

entonces
que quede claro:
escribo
para saber
por qué escribo






miércoles, 19 de noviembre de 2008

Mercado poético

La poesía no se vende, dice un memorable poema de Guillermo Boido. Al mercado editorial le interesan solamente los libros que pueden convertirse rápidamente en dinero. ¿Por qué, entonces, persistir en una actividad que aparentemente no tiene posibilidades de persistencia?


Participé en el XVI Festival Internacional de Poesía que se realizó recientemente en Rosario. El primer día participé con una lectura junto a Sergio De Matteo y Clara Rebotaro. Después formé parte de un panel de editores de poesía junto a Alejandro Pidello (Papeles del Boulevard) y José Luis Volpogni (Universidad Nacional del Litoral). El título era un reconocimiento a la dificultad que tiene todo editor de poesía: “Editar poesía y no morir en el intento”. Significaba, además, reconocer que muchas editoriales de poesía se convirtieron en cadáveres.

Allá, comparé las ediciones regionales con las nacionales. Dije que nuestros autores centrales, Néstor Groppa y Héctor Tizón, son un buen ejemplo de esos alcances. Que el poeta edita sus libros con su propio sello editorial y con tiradas que no superan los cuatrocientos ejemplares. En tanto que el narrador llega a un público mayor ya que sus libros tienen una tiradas diez veces mayor. Los números de ambos, para un país que tiene más cuarenta millones de habitantes, inciden muy poco.

Llevé libros de la editorial de la Universidad Nacional de Jujuy, de la editorial alternativa Perro Pila y uno de Ernesto Aguirre. Vendí varios ejemplares (un Tizón, un Calvetti, un Aguirre, un Castro, una Encuesta a la literatura jujeña, un Tarja) y regalé otros (Nassr, Ortiz, Leguizamón, Osvaldo Aguirre, Castro). Recibí más de lo que di: Herejía Bermeja de Juan Carlos Bustriazo Ortiz (Ediciones en Danza y Espacio Hudson, Buenos Aires, 2008); La Vieja Usina: Cuentos y poemas de autores pampeanos (CPE, Santa Rosa, 2008); Nadie cerca o lejos: El centralismo cultural en la Argentina de Eduardo D’Anna (Identydad, Rosario, 2005); El prójimo: pieza maestra de mi universo de Sergio De Matteo (Fondo Editorial Pampeano, Santa Rosa, 2006); Soy fiestera de Mercedes Gómez de la Cruz (La creciente y Junco y Capulí, Córdoba, 2006); Las 40: Poetas santafesinas 1922-1981 de Concepción Bertone (compiladora) (Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 2008); Poesía argentina contemporánea, Tomo I, parte decimoséptima de AAVV (Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 2008); Un taxi a Bucarest de Cecilia Fontán (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Estuario de Marisa Negri (Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008); Áspero cielo de Jorge Isaías (Ciudad Gótica, Rosario, 2006), La demora de Carlos Battilana (Siesta, Buenos Aires, 2003); El lado ciego de Carlos Battilana (Siesta, Buenos Aires, 2005); Síndrome del verso libre de Alberto R. Bautista (Amaru, Lanas, 2006); Otra vez labranza de Mercedes Yapar (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Zombar de Guilherme Zarvos (Mansalva, Buenos Aires, 2008); Contra o chao e o vento de Paulo Fichtner (Confraria do vento, Río de Janeiro, 2007); Estación de animales buenos de Alejandro Pidello (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Manual del agua de Nora Hall (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Desde el hastío de Victoria Novell (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Capital de nada: Una historia literaria del Rosario / 1801-2000 de Eduardo D’Anna (Identydad, Rosario, 2007); A los amigos de Jorge Isaías (Ciudad Gótica, Rosario, 2007, 2ª ed.); Spoon in Rosario de Philip Meersman (DAstrugistenDA, Bélgica, 2008) , y también recibí varias revistas: La buhardilla de papel, editor: Enrique D. Gallero (Rosario) y Museo Salvaje, dirigida, editada y diseñada por Sergio De Matteo (Santa Rosa).

Algún día, alguien debería contabilizar la cantidad de dinero que circula en encuentros como el de Rosario. Me refiero al trueque de libros y a los libros que se regalan para que poesía camine.

Yo ya hice mi propio balance y ratifico lo ya escrito: el resultado es positivo. Puedo sobrevivir un tiempo más con la lectura de buenos poemas.



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