| Alejandra García Vargas |
Notas de Reynaldo Castro publicadas en diarios y revistas. La mayoría de estos textos abordan cuestiones relacionadas con la literatura, las memorias de la represión de la última dictadura y la ciudad de San Salvador de Jujuy (ubicada en el norte de Argentina, América del sur).
miércoles, 27 de mayo de 2009
El largo camino que recorren las mujeres de Jujuy
lunes, 25 de mayo de 2009
Cíentíficos de Jujuy
Este libro se enmarca en una política comunicacional de la UNJu. Hasta no hace mucho, nuestros científicos tenían el hábito de escribir sólo para sus pares. Este accionar fue reforzado por el individualismo de los noventa que postergó las prácticas de intervención del discurso intelectual. Pero una década, por más infame que sea, no puede detener una larga tradición del conocimiento que se remonta a la de un hombre que sabe y habla en medio de una plaza. El que sabe, opina. El que opina lo hace desde un horizonte de valores que lo transcienden. Y, cuando esto sucede, esa opinión resulta, indefectiblemente, crítica y política.Los científicos son herederos de esa tradición. Legatarios de una familia que, en Occidente, posiblemente comienza con Sócrates y Platón y que incluye –entre otros– a Bernardo Houssay, Enrique Gaviola y Oscar Varsavsky. En nuestra Universidad, un nombre se destaca en el campo de la literatura y las memorias de la represión dictatorial: Andrés Fidalgo.
No hay tradición más peligrosa y saludable que la del conocimiento. Peligrosa porque todos sabemos que Sócrates fue condenado a morir, Platón fue vendido como esclavo y otros fueron desterrados de por vida. Más acá, desde la fatídica Noche de los Bastones Largos hasta los años de plomo de la última dictadura, esa tradición se encarna en nuestros investigadores. Ellos fueron perseguidos, encarcelados, asesinados o condenados a partir hacia un exilio del que muchos ya no pudieron regresar.
Esa tradición es –aunque parezca un contrasentido– saludable no sólo porque los investigadores son conscientes de la provechosa experiencia del riesgo, sino porque ellos ponen en cuestión el orden imperante. En este libro, veintiséis científicos analizan su realidad inmediata, reflexionan sobre qué significa hacer ciencia y tecnología en esta provincia (y en el mundo) y también examinan su propia praxis.
Esta encuesta, en definitiva, interpela a nuestra sociedad y, además, comunica lo que hasta ahora había permanecido incomunicado: una reflexión de los científicos de Jujuy sobre su propia función. Las respuestas demuestran que es posible traducir un lenguaje riguroso a otro cotidiano y que, en esa traducción, no se pierde nada y se gana mucho.
Que quede claro: los lectores que busca conquistar este libro no son sólo universitarios.
martes, 24 de marzo de 2009
¿Por qué hay que recordar?
Decir que los argentinos tenemos (o no) memoria es generalizar y todos sabemos que generalizar es correr un riesgo grande. La memoria y el olvido conviven con nosotros. De hecho, no podemos recordar todo lo que nos pasó. Un recuerdo significa olvidar otro. Ahora bien: hay hechos que no podemos olvidar. Hablo de los crímenes de lesa humanidad. Esto es un mandato moral que nos debemos hacer. No olvidar para no repetir.
Junto con los miles de desaparecidos se perdió una fuerte posibilidad de cambio. Después llegaron momentos conservadores, tristemente conservadores, y el miedo se instaló entre nosotros. Aún hoy, cuesta mucha pensar de manera diferente. Hoy tenemos que volver a ser osados con nuestro pensamiento. Criticar nuestra realidad empezando por criticarnos nosotros mismos. Es más fácil expresarlo que ponerlo en práctica, pero si no lo expresamos difícilmente llegaremos a la acción.
La pérdida de valiosos dirigentes políticos y sociales, la desaparición de importantes intelectuales y de referentes sociales, nos dejó un vacío muy grande. Ese vacío fue llenado, en más de una vez, por oportunistas, por "procesistas" convertidos en demócratas de urgencia, especuladores que están donde calienta el sol y otros especimenes que se colaron por las listas sábanas o compraron su puesto en partidos cooptados por el poder económico. Aún no salimos de esa crisis.
La historia de Avelino Bazán me ha conmovido desde que la conocí. El hombre nació en
La trayectoria de Avelino Bazán es una historia que transciende los límites de un partido político. Que lo reivindiquen organizaciones de izquierda no significa que él haya militado en ese sector, significan que otros sectores aún no han recuperado la voz para honrar a sus mártires. El miedo, como ya lo expresamos, es lo más difícil de erradicar.
Avelino, fue minero, gremialista, político y escritor entre otras de su dedicaciones, pero sobre todo un visionario, ¿usted cree que los jujeños somos injustos con nuestros grandes hombres, en todo caso a qué se debe y que relación encuentra con el Jujuy actual?
Rodolfo Walsh escribió que existe una deliberada intención de eliminar las historias de la lucha popular. De esa manera, cada lucha debe comenzar de cero y los que detentan el poder se valen de esa ventaja para seguir en sus posiciones de privilegios. La historia de Avelino Bazán nos muestra cómo una organización sindical puede vencer a una multinacional o qué debe hacer un funcionario público para cobrar impuesto a una mega empresa. Muchos de nuestros gremialistas y políticos deberían conocer estos detalles y -por qué no- muchos ciudadanos también deberían conocerla. Eso nos haría más libre y podríamos avanzar hacia otras libertades.
He leído el texto del diputado Snopek y me alegra que un político lea. Pero eso no es suficiente. En ese texto, el funcionario habla de colocar un placa en
Imágenes: "Tapa dura" de RC y retrato de Avelino Bazán.
lunes, 5 de enero de 2009
Placeres
Recomiendo el libro más reciente de Federico Leguizamón: Cuando llegó la brigada amanecía en el barrio (Perro pila, 2008). Son cuentos que amplían los límites de la narración. Hasta ahora parecía que todo cuento se desarrollaba en el centro de la ciudad o en la quebrada de Humahuaca o en la puna o en un lugar indefinido que nunca nos contenía. Toda otra región estaba prohibida.
Este autor nació en 1982, en San Salvador de Jujuy. Es el escritor joven que más obra ha desarrollado. Quizás le convendría no publicar tanto y hacer que sus textos decanten un poco; pero los premios que ha obtenido (en el 2006, recibió la primera mención en el IV Certamen Provincial de Poesía que organizó la Secretaría de Turismo y Cultura de Jujuy; un año después, obtuvo la misma mención en el concurso de novela que convocó el diario Página 12; también en el 2007 hizo doblete en los concursos que organizó la Universidad Nacional de Jujuy: obtuvo el primer premio, tanto en categoría poesía como en dramaturgia) indican lo contrario.
Admirado y denostado por sus pares –bah, en rigor, sólo conozco dos opiniones contrarias: una firmada y la otra desde el balbuceo–, él es el escritor del barrio “820 Viviendas”, el que habla de la marginalidad, de las drogas, de la necesidad de redimirse por medio del crimen, de los hombres que golpean a sus mujeres y de una realidad lacerante para esta región: el suicidio como práctica constante de los que no pueden más.
Ha publicado, además, los siguientes libros de poesía: Domingos (San Salvador de Jujuy, 2001), Nada (San Salvador de Jujuy, 2005), Del acusico en la línea B (San Salvador de Jujuy, 2008). Es autor, además, de una obra de teatro: La Salamaca (San Salvador de Jujuy, 2008) y del libro de cuentos: La suma del bárbaro (San Salvador de Jujuy, 2000).
Lo ideal sería leer Cuando llegó la brigada amanecía en el barrio en algún lugar del cementerio “Nuestra Señora del Rosario”, acompañado de alguien del sexo opuesto. ¿Por qué? Porque siempre es interesante mezclar placeres prohibidos.
Imagen: dibujo de Manuel Ortega.
martes, 30 de diciembre de 2008
Un año intenso
Se va este año que fue muy intenso por distintos motivos.
Las muertes de Andrés Fidalgo y José Luis Mangieri son hechos que todavía duelen. Los dos marcaron un camino que nadie puede dejar de ver. Libros, una corriente clara de pensamiento y una lucha intachable en defensa de la libertad: he aquí tres características de ellos que todos –o casi todos– quisiéramos tener.
Mirar lo que Andrés y José Luis han hecho nos obliga a mirar lo poco que hace cada uno. Me comparo con ellos y sé que soy un enano intelectual. Pero sé, además, que mi camino está marcado por algunas señales que dejaron. No sé hasta dónde llegaré y no me importa.
Dije que fue un año intenso. Conocí poetas que nunca había pensado conocer, hablé con otros que recién están empezando. Me hice amigo de unos y me peleé con otros. Como sea, no creo en peleas eternas ni tengo recetas para la felicidad, como dice una letra de Jorge Drexler. Tengo, eso sí, algunas fotografías de amigos que están en mi pared de maestros y eso me basta.
Escribo este blog que se pierde en este fin de año y, de alguna manera, eso me permite repasar marcas que tengo en la memoria.
Rememorar y escribir: dos cosas que hacen que la vida sea intensa. Y una tercera: saber que, cada tanto, alguien lee estas líneas me permite tener de ganas de brindar. A todos los que siguen El norte del sur, entonces: ¡salud!
miércoles, 24 de diciembre de 2008
El pasado que se niega a pasar
Primero fue la noticia que informaba sobre nuevas querellas relacionadas con los delitos de lesa humanidad cometidos por la última dictadura en Jujuy. Después, varios periodistas me escribieron solicitando información sobre Tulio Valenzuela. Por último, esta mañana, Estela Fidalgo (hermana de Alcira, primera esposa de Tulio) me mandó un mensaje en el que me informaba que había aparecido la hija apropiada de su ex cuñado. Todo esto me sacudió emocionalmente.
Paralelamente a estas acciones, yo estaba tratando de cerrar mi año laboral. Hablo en pasado, pero todavía no lo cerré. Tengo que rendir cuentas sobre una obra de teatro que escribió Federico Leguizamón y otra de danza que no llegó a realizarse. Tengo una cuestión personal con los profesionales de la economía y ellos esperan que yo me equivoque.
Por otro lado, quiero escribir historias que no me dejen atado a las narraciones de las situaciones límites ocurridas entre 1976 y 1983, pero siempre vuelvo a ellas.
Cuando leí que Laura Margarita López se había presentado como querellante por la desaparición forzada de su madre, Juana Francisca Torres Cabrera, sentí una emoción que mezclaba alegría y dolor. Algunos de ustedes saben que escribí un libro sobre la dictadura de Jujuy, en esas páginas figura un capítulo denominado “Las maestras y la cadenita”. Ésa fue una de las historias que escribí llorando. Les pido disculpas porque no puedo evitar citarme:
Hay algo más intenso que la tortura en el propio cuerpo: el dolor en el de un ser querido. Seguramente eso pensaron [Ernesto] Jaig y sus esbirros cuando amenazaron a Juana con apoderarse de su beba; ellos pretendían hacer "cantar" a la detenida. ¿Tenía ella alguna información importante para los represores? ¿Estaba comprometida con algún grupo revolucionario? Es posible que sí, aunque nada permite confirmarlo. Pero, hay algo que no admite dudas: ella sabía bien cuál sería su fin. Por eso, le entregó a Gladys [Artunduaga] una cadenita: "Para mi hija, para cuando sea grande".
Cuando escribí el libro no sabía cuál era el nombre de la hija de Juana. Conocí a pocos hijos de detenidos-desaparecidos, pero siempre sospeché que un feroz hachazo se había incrustado en sus subjetividades. Ahora, quiero llamar a Laura; felicitarla por el valor de haber asumido la búsqueda de la verdad, contarle la historia de la cadenita porque seguramente fue incautada por algún carcelero y decirle que no todo está perdido.
Paso a la historia de Tulio. Él había estado casado con Alcira Fidalgo, nuestra poeta detenida-desaparecida. Después volvió a estar en pareja y de esa unión nacieron, presuntamente, mellizos. Se cree que el varón murió a los pocos días, en tanto que la hija, Sabrina, fue entregada en adopción (el final de Tulio y su segunda esposa fue trágico). Hace unos días, las Abuelas de Plaza de Mayo confirmaron que Sabrina había encontrado su verdadera identidad.
He tratado de reconstruir la vida de Alcira y sé lo importante que fue él para ella. Todos sabemos lo importante que son los seres queridos. Estamos unidos a ellos de múltiples maneras. Por eso, Juana intentó dejarle una cadenita a Laura, un simbolo de la unión entre ambas.
Es casi seguro que aquella cadenita ya no exista. Que sus eslabones estén desperdigados. Pero lo que nos demuestran Laura, Sabrina y los hijos que buscan cerrar las heridas de la peor dictadura que tuvimos que soportar es que no todo está perdido.
Ellos son los eslabones de una historia que no termina de pasar.
Fotografía: Casamiento de Tulio Valenzuela y Alcira Fidalgo, San Salvador de Jujuy, 1970. Imagen tomada del libro de poemas Oficio de aurora (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 2002) de Alcira Fidalgo.
Nota publicada en El Tribuno de Jujuy del viernes 26 de diciembre de 2008.
lunes, 22 de diciembre de 2008
Editores
Digo esto porque hace unos días, después de participar en el Festival de Poesía del Norte Grande que organizó la Secretaría de Cultura de Salta, manifesté mi disconformidad por la antología que hizo la editorial Hanne y por el prólogo de Gregorio Caro Figueroa. Al primero le reproché la falta de reciprocidad hacia los poetas que le enviaron sus poemas; al segundo, que calificara de generosa la participación de la citada editorial cuando ni siquiera había retribuido a cada autor con un libro.
Después, recibí respuestas de ambos. Caro Figueroa me expresó que recién tomaba conocimiento del asunto y él creía que la editorial iba a entregar por lo menos seis ejemplares a cada autor. Unos días después, Verónica Ardanaz, colaboradora de Caro Figueroa, mandó un mail informando que la cantidad de libros se reducía a un ejemplar.
Víctor Hanne también contestó mi reclamo. Él se excusó con el siguiente argumento:
La señorita, la niña, a quien pedí por favor que atendiera esa mesa, no tenía los conocimientos ni el manejo de las relaciones como para brindar una respuesta satisfactoria y espero Ud. sepa entenderlo y disculparla.
Es decir, tiró la pelota para otro lado. Es una lástima que él no haya pensado en la relación con los autores de la antología que editó.
Es interesante, por lo tanto, volver a pensar cuál es la función de editor. La tarea básica de este tipo de profesión es tratar con escritores que a veces tienen el ego demasiado desarrollado ("hay varios autores que se creen que son Borges", dijo el Carlos Gazzera, el editor de la Universidad Nacional de Villa María, en aquella reunión de Salta); imprenteros que buscan sacar la mayor ganancia a sus máquinas; libreros que miran con desconfianza a todo libro que no signifique una ganancia rápida; funcionarios públicos que buscan promover políticas culturales que dejen una marca en las historias de las instituciones; distribuidores que, por lo general, son los que llevan la mayor parte de lo que recauda y otros profesionales (diseñadores, correctores, etc.) que nos hacen pensar que es casi injusto que al autor de un libro le corresponda el diez por ciento del precio de tapa del libro. A lo mejor, por eso Víctor Hanne considera innecesario establecer buenas relaciones con los autores.
La antología que trata esta nota se realizó con extrema rapidez. Hubo una cantidad de ejemplares que fueron entregados a la Secretaría de Cultura de Salta, pero faltó una actitud similar hacia los escritores. Por otro lado, el editor no consideró importante la relación que debe establecer con los escritores. Por eso, el confío esa relación a una señorita ("una niña") que no estaba capacitada para hacer esa tarea.
Concluyo esta nota con lo que le contesté a Víctor Hanne: la culpa no es de la señorita.
Fotografía: Escritores en el Festival de Poesía del Norte Grande (¿quién pagó el libro que está en el centro de la imagen?). Gentileza del blog La nebulosa de fercita.
lunes, 15 de diciembre de 2008
Respuesta a un editor
Usted presentó un proyecto a la Secretaría de Cultura de Salta y ese gesto ha sido calificado como generoso de su parte por el mismo Gregorio Caro Figueroa. Me parece muy bien que se establezcan relaciones entre una institución oficial y una empresa privada, pero creo que esas relaciones no deberían dejar de lado a una parte importante de todo hecho cultural: a los autores.
Digo esto porque los poetas tuvieron que pagar para obtener un ejemplar. Los escritores son, sin dudas, muy buenos compradores de libros; pero no por eso deben ser confundidos por parte de un editor. No dudo que esto usted lo sabe muy bien: por un lado, están los autores de una obra y, por otro, están sus lectores o, si prefiere, los compradores de libros.
A menudo, el trabajo intelectual no es reconocido por algunas instituciones y determinadas empresas privadas. Muchos consideran al escritor como un trabajador fuera del sistema laboral y, como el personal de limpieza que trabaja en muchos hogares, no recibe un salario digno.
Cuando la Secretaría de Cultura convocó a los autores para enviar un poema y un breve CV en ningún momento expresó la convocatoria que cada autor tenía que aportar dinero si quería tener un libro donde figuraban versos de su autoría. No me voy a meter en cuestiones legales (o no lo haré por ahora); si quiero decir que usted debería haber entregado -en un gesto de reciprocidad antes que de generosidad- por lo menos un ejemplar de la antología a cada autor que posibilitó la existencia de ese libro.
Entiendo que una empresa privada no tiene por qué ser generosa. Nadie le pide eso. Sí le reclamo a la Secretaría de Cultura que no le otorgue ese título a alguien que para "recuperar costos" (así me lo expresó una vendedora de la citada antología) tiene que cobrar a los propios autores.
Sé muy bien que muchas veces las ediciones se gestan con el aporte económico del autor y el trabajo solidario del editor, pero esa gestación está pautada desde el vamos entre la editorial y el autor. Esas gestaciones las encaran, a menudo, las editoriales independientes que funcionan por fuera del circuito comercial.
Lo vuelvo a felicitar por su rapidez y agradezco tardíamente su invitación. Por mi parte, lo invito a reflexionar sobre la situación que usted planteó: ¿le parece bien que el autor de un poema reciba una invitación para pagar y así leer su propia obra impresa? ¿Usted le pediría a un trabajador de limpieza que pague por barrer los talleres gráficos donde imprime tan rápido los libros?
Atentamente.
Reynaldo Castro
Leer el doble prólogo de la antología: la presentación del editor, Víctor Hanne, y un texto del Secretario de Cultura de Salta, Gregorio Caro Figueroa.
lunes, 24 de noviembre de 2008
¿Por qué escribe, señor Castro?
apareció en el suplemento literario que dirigía néstor groppa
yo no quería reflexionar ni opinar
sólo trataba de expresar lo que sentía
y nada más
pero aquel texto trajo a otro
que también ng publicó
(él siempre fue generoso con los poetas iniciales)
y así empecé a gozar de una sana marginalidad:
me leía muy poca gente
(a pesar de que el diario tenía un tirada mayor que la de cualquier libro de poemas)
esos pocos lectores
eran
por lo tanto
lectores de fierro
algunos hasta se animaban a hacerme preguntas
entre esas estaba la ya clásica cuestión:
“¿por qué escribe usted?”
a lo que yo contestaba:
“escribo porque una palabra puede cambiar el mundo”
nunca decía cuál era esa palabra
pero la buscaba incansablemente
siempre tuve la vana ilusión de encontrarla
(no se lo digan a nadie: creo que nunca la voy a encontrar)
pero eso no invalida que siga escribiendo
escribir es como pelear sabiendo que uno será derrotado
hubo un tiempo en que yo creía que por mi boca podían hablar las bocas muertas
lo creía sinceramente
como creía en la revolución
hasta que un día me puse a escribir sobre la masacre que vivimos
entonces supe que el valor pasa por el cuerpo
que lo que uno escribe (o dice)
lo tiene que defender
que nada nos ha sido dado de manera gratuita
a lo mejor por eso invadí varios géneros
publiqué crónicas, historias privadas
comentarios en blogs dudosos
entrevistas a escritores, escribidores y otros sujetos de moral ligera
investigaciones con tufillos académicos
poemas para una mujer que nunca tendré
graffitis, solicitadas
y algunos panfletos
pero nada de eso fue suficiente
y aquí estoy escribiendo un poema más
entonces
que quede claro:
escribo
para saber
por qué escribo
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Mercado poético
La poesía no se vende, dice un memorable poema de Guillermo Boido. Al mercado editorial le interesan solamente los libros que pueden convertirse rápidamente en dinero. ¿Por qué, entonces, persistir en una actividad que aparentemente no tiene posibilidades de persistencia?
Participé en el XVI Festival Internacional de Poesía que se realizó recientemente en Rosario. El primer día participé con una lectura junto a Sergio De Matteo y Clara Rebotaro. Después formé parte de un panel de editores de poesía junto a Alejandro Pidello (Papeles del Boulevard) y José Luis Volpogni (Universidad Nacional del Litoral). El título era un reconocimiento a la dificultad que tiene todo editor de poesía: “Editar poesía y no morir en el intento”. Significaba, además, reconocer que muchas editoriales de poesía se convirtieron en cadáveres.
Llevé libros de la editorial de la Universidad Nacional de Jujuy, de la editorial alternativa Perro Pila y uno de Ernesto Aguirre. Vendí varios ejemplares (un Tizón, un Calvetti, un Aguirre, un Castro, una Encuesta a la literatura jujeña, un Tarja) y regalé otros (Nassr, Ortiz, Leguizamón, Osvaldo Aguirre, Castro). Recibí más de lo que di: Herejía Bermeja de Juan Carlos Bustriazo Ortiz (Ediciones en Danza y Espacio Hudson, Buenos Aires, 2008); La Vieja Usina: Cuentos y poemas de autores pampeanos (CPE, Santa Rosa, 2008); Nadie cerca o lejos: El centralismo cultural en la Argentina de Eduardo D’Anna (Identydad, Rosario, 2005); El prójimo: pieza maestra de mi universo de Sergio De Matteo (Fondo Editorial Pampeano, Santa Rosa, 2006); Soy fiestera de Mercedes Gómez de la Cruz (La creciente y Junco y Capulí, Córdoba, 2006); Las 40: Poetas santafesinas 1922-1981 de Concepción Bertone (compiladora) (Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 2008); Poesía argentina contemporánea, Tomo I, parte decimoséptima de AAVV (Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 2008); Un taxi a Bucarest de Cecilia Fontán (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Estuario de Marisa Negri (Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008); Áspero cielo de Jorge Isaías (Ciudad Gótica, Rosario, 2006), La demora de Carlos Battilana (Siesta, Buenos Aires, 2003); El lado ciego de Carlos Battilana (Siesta, Buenos Aires, 2005); Síndrome del verso libre de Alberto R. Bautista (Amaru, Lanas, 2006); Otra vez labranza de Mercedes Yapar (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Zombar de Guilherme Zarvos (Mansalva, Buenos Aires, 2008); Contra o chao e o vento de Paulo Fichtner (Confraria do vento, Río de Janeiro, 2007); Estación de animales buenos de Alejandro Pidello (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Manual del agua de Nora Hall (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Desde el hastío de Victoria Novell (Papeles de Boulevard, Rosario, 2007); Capital de nada: Una historia literaria del Rosario / 1801-2000 de Eduardo D’Anna (Identydad, Rosario, 2007); A los amigos de Jorge Isaías (Ciudad Gótica, Rosario, 2007, 2ª ed.); Spoon in Rosario de Philip Meersman (DAstrugistenDA, Bélgica, 2008) , y también recibí varias revistas: La buhardilla de papel, editor: Enrique D. Gallero (Rosario) y Museo Salvaje, dirigida, editada y diseñada por Sergio De Matteo (Santa Rosa).
Yo ya hice mi propio balance y ratifico lo ya escrito: el resultado es positivo. Puedo sobrevivir un tiempo más con la lectura de buenos poemas.
+ INFO:
Suplemento Lea
