domingo, 11 de noviembre de 2007

Periodistas, escritores y bloggers 2

Autoentrevista a propósito de la presentación del libro Periodistas: Sin ustedes, el mundo estaría al revés que tienen como eje temático: la práctica periodística, la lectura y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación por parte de los ciberperiodistas.


Ver reseña en el diario La Capital de Rosario: El violento oficio de escribir


El autor con un lector de este blog: el escritor Pablo Aguiar Cau. Fotografía de Amalia Eizayaga (Otra tinta), quien además ofició de presentadora del libro, en el acto que se realizó el jueves 8 de noviembre, en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNJu.




¿Qué motivos lo llevaron a reunir textos de periodistas?

Desde que tengo memoria soy un recolector de frutos. En mi primera infancia, ayudaba a mis primos a cosechar frutas y verduras de un pequeño sembrado que tenían mis abuelos en un lote de San Pedro. A veces -en rigor: muy pocas veces- también levantábamos alguna fruta tentadora de un vecino; pero no había intención lucrativa en nosotros, nuestra práctica tenía el dulce sabor de lo prohibido. Más tarde, cuando mis viejos se volvieron sedentarios, empecé a coleccionar historietas. En el barrio, todos leíamos El Tony, Intervalo, Patoruzú, Hora Cero y otras que no recuerdo. Enseguida llegaron otras lecturas que practicábamos a escondidas: Kiling, Goldrake y, cuando no había nada, las fotonovelas de nuestras abnegadas madres.

¿Por qué la practica de la lectura encubierta?

Porque estaba mal que un niño, un púber digamos, lea historias en las que aparecían minas con bombachas grandes, un poco de violencia y relaciones amorosas en las que casi nunca había un final feliz. Esas lecturas constituían la educación sentimental de aquellos adolescentes que entonces éramos y tenían, además, aquel sabor de lo prohibido.

¿Y cómo siguió su historia como lector?

Después me harté un poco de tantas imágenes y busqué tramas argumentativas y formas expresivas más elaboradas. Empecé a coleccionar libros de cuentos y poesías. Ya no buscaba sólo matar el aburrimiento y, a medida que más leía, me daba cuenta que mi formación intelectual tenía muchos baches. Todavía hoy siento que no he leído lo suficiente y que quizás nunca logre completar una formación aceptable. Esto no quiere decir que hay que dejar de leer, por el contrario, significa aceptar que es una tarea interminable y aquí surge uno de los motivos que me llevan a armar una compilación.

¿Cuál es ese motivo?

Son tantos los libros que uno atesora que no hay estante que alcance y entonces hay que buscar un nuevo objeto que los contenga. Esa situación se puede resolver editando un libro que contenga fragmentos de otros libros. Así, armé antologías de poemas, historias de relatos orales de la última dictadura y ahora este libro que contiene textos de y sobre periodistas.

¿Cómo fue el armado de este libro de periodistas?

Como te dije, tengo la manía del coleccionista y desde que tengo PC -digamos desde hace un poco más de diez años- guardo en “Mis documentos” archivos con notas que me ayudaron o simplemente me gustaron. Esas notas las he releído varias veces, a algunas se las reenvié a otros lectores y a casi todas las imprimí para hacerles anotaciones al margen. Ahora que lo pienso, ahí ya existía un protolibro.

¿Cuál fue el criterio utilizado para seleccionar los textos?

El criterio salió casi naturalmente. En “Mis documentos”, tengo otra carpeta que se llama “Comunicación” y a ésta la tuve que dividir en otras veinte que tienen los nombres de periodistas que sigo con cierta devoción y envidia a la vez. Después, mi deriva laboral me llevó hasta la oficina de prensa de la Universidad Nacional de Jujuy y ahí, en ese momento, pensé en preparar una carpeta que sirviera como material de capacitación interna para mis compañeros de oficina. Realicé una primera selección que incluía ochenta trabajos y me di cuenta que era excesivo y que más que promover la lectura podría atentar contra ella. No porque los trabajos sean pesados, al contrario: son textos que difícilmente uno puede dejar de leer; pero me parece que un lector no especializado puede huir despavorido cuando le ofrecen un menú generoso que no conoce muy bien. El resto fácil de imaginar: realicé una selección de esa selección. En ese proceso entendí que ya existía algo que rozaba lo artístico: la tarea de seleccionar y proponer un orden a esa lectura.

¿En qué consiste ese orden?

Es un orden temático. Arranca con la cuestión de lectura y enseguida se solapa con el acto de escribir y esto inevitablemente nos lleva a la práctica periodística. En este punto resulta inevitable la presencia de los grandes maestros: Rodolfo Walsh, Truman Capote, García Márquez, Néstor Groppa, Karl Kraus y la lista sigue. También me pareció interesante hacerlos dialogar entre sí por medio de lo que escriben.

¿En qué consiste ese diálogo?

Consiste en contraponer posturas intelectuales y ver qué es lo que resulta. Así, Abelardo Castillo evoca a Roberto Arlt y, antes o después, existe un texto del autor de Los siete locos. La cuestión central fue cómo hacer convivir a los distintos textos y autores. En algunos tramos esa convivencia es tranquila; en otros, explosiva.

¿Cómo en cuáles?

Pienso en Ricardo Piglia que rescata a Arlt y, unas páginas después, aparece una entrevista a Carlos Gazzera que compara la caída del muro del Berlín con la imagen de Piglia abrazado al cheque de una editorial comercial. Este libro, entonces, también muestra miserias y grandezas de prácticas intelectuales.

¿Quiénes son los lectores potenciales de este libro?

Creo que puede ser útil para todos aquellos que practican el periodismo, para los que se interesan por la lecto-escritura y también para aquellos que utilizan las nuevas tecnologías para comunicarse con el mundo. Más allá de esta cuestión temática, creo que puede interesar a todos los que buscar recolectar ideas. Las ideas, esto lo sabemos bien, en tiempos de campañas políticas, son frutos prohibidos que atraen a los buenos lectores.


jueves, 8 de noviembre de 2007

El fin de la inocencia 4

Campo literario jujeño en la década del noventa: Las editoriales


Leer: El fin de la inocencia 3


El suplemento cultural del Pregón que, con el correr del tiempo, se convirtió en hoja literaria ayudó a crear un público lector. La mayoría de los autores nacidos en la década del cincuenta publicaron por primera vez en esas páginas y algunos de ellos impulsaron la creación de editoriales de vida efímera (las nombro por orden de aparición: Daltónica, Tunupa, Edi Capri y Cuadernos del Molle; la última relacionada con la Fundación Norte Chico[1]) y también apareció otra más perdurable: Cuadernos del Duende, una consecuencia de la revista homónima[2] pero que no posee una línea editorial precisada. Quizás, todas ellas aparecieron como respuesta a la ampliación del público que el suplemento literario y el ambiente literario de los ochenta ayudaron a gestar.


Buenamontaña, un sello editorial de larga vida,[3] continuó publicando a largo de la década –y aún lo hace– pero dedicado casi exclusivamente a su creador: Néstor Groppa.


Es digno de destacar, además, la relación que existe entre Fidalgo y el editor porteño José Luis Mangieri; la mayoría de los títulos de este escritor aparecieron en los sellos editoriales Libros de Tierra Firme y La Rosa Blindada. No ocurrió lo mismo con Tizón, quien publicó su obra en editoriales de Buenos Aires que van desde la experiencia gloriosa del Centro Editor de América Latinas (CEAL) a otras que disponen de desarrollados sistemas de producción y comercialización y que, por esa razón, llegan con comodidad al gran público.


Un sello editorial es importante cuando significa un respaldo al autor y cuando es capaz, por otro lado, de orientar y crear el gusto del público lector. Más allá de los títulos y autores que publicaron por medio de las editoriales jujeñas, resultaría exagerado incluirlas como factores de la incipiente industria cultural.


Es, por lo recién expresado, que un número significativo de escritores decide publicar su primer libro como edición del autor. En todos los casos –excepto en uno– el resultado es todavía más decepcionante: casi nunca logran un comentario crítico en una publicación especializada, el diseño es desastroso y está asegurada, desde el vamos, la falta de distribución en librerías de la región.


La única excepción a la regla expresada está protagonizada por Fortunato Ramos, un escritor que da al público lo que éste espera de él. Sus últimos libros se presentan en ediciones multilingües y de gran tirada, los turistas ingenuos los compran como quien se lleva el recuerdo más autóctono de Humahuaca y los libreros quedan agradecidos por el único autor local que les da cierto margen en las ganancias.


He dejado para el final de esta sección al único sello prestigioso de los noventa: las ediciones de la Universidad Nacional de Jujuy. Su breve historia es muy significativa de lo que ocurrió en el campo intelectual con la aplicación de políticas neoliberales.


En 1986, el ingeniero agrónomo Luis René Kindgard asume como rector de la institución. Él recuerda el día de su asunción como un momento cargado de grandes expectativas:

[L]a presencia del gobernador Snopek, de sus ministros, de legisladores, en un clima de ruidosa euforia proporcionado por los estudiantes, resumía el optimismo que se vivía en el país, y la fuerte creencia en que la Universidad era una pieza clave de su futuro.[4]

Dos años después, el presupuesto de 1988 permitió la ampliación de las Secretarías de la Universidad. El ex rector recuerda que “por sugerencia del decano de Humanidades, Daniel González”, propuso que sea Néstor Groppa el responsable de la flamante Secretaría de Publicaciones. Kindgard destaca que el editor fue elegido “por sus conocimientos acerca de no sólo cómo se escribe un libro, sino también cómo se lo hace” y agrega:

Con Groppa al frente de la Editorial, surgió la posibilidad de hacer reproducciones facsimilares de publicaciones jujeñas agotadas. El decano de Agrarias, Juan Barbarich, acercó el primer texto, Investigación agrícola en la provincia de Jujuy de Eduardo Holmberg, que vio la luz en agosto de 1988. Se sucedieron los títulos y la autarquía de la Editorial, instrumentada a través de la Comisión de Apoyo a la Universidad, permitió su supervivencia hasta el punto en que en junio de 1989, el mes de la inflación más alta de la historia argentina, apareció el Cancionero popular de Jujuy de Juan Alfonso Carrizo.

La Secretaría fue creada a partir de cero. Su objetivo principal estaba bien explicitado: lograr que la UNJu trascienda a la comunidad por medio del libro. Para lograrlo, Groppa armó un vasto plan editorial, constituyó un Comité de Publicaciones que elaboró su propia reglamentación y gestionó el número de ISBN para la editorial. El plan de publicaciones contenía la colección Arte-Ciencia en sus dos series: “Jujuy en el pasado” y “Jujuy en el presente”. En el informe que figura en la Tercera asamblea ordinaria de la Universidad Nacional de Jujuy, realizada el 14 de octubre de 1988, se anhela que el accionar de la editorial sirva “para ponernos a la par de la mejor tradición universitaria”.


Un factor decisivo para el éxito de esta experiencia fue la autarquía que contó la editorial:

Para ello, se decidió recurrir a una ya existente “Comisión de Apoyo” de la UNJu que, como contaba con personería jurídica, podía encargarse de los asuntos administrativos eludiendo los largos tiempos burocráticos. De paso, se daba una funcionalidad tangible a esta comisión que, desde años atrás, realizaba en la sede del Rectorado periódicas reuniones. Esta autarquía en el manejo de los fondos de la imprenta se reveló fundamental, por ejemplo, en los tiempos de la hiperinflación (1988-89) al permitir, concretamente, que Groppa saliera, al día siguiente de recibir los fondos, a comprar los insumos necesarios para la imprenta, evitando la rápida depreciación. La autarquía de que gozaba la Secretaría de Publicaciones la ponía, además, al resguardo de decisiones políticas (o decisiones contables de reasignación de partidas) que pudiesen dar un destino diferente a los fondos obtenidos por el funcionamiento de la imprenta, que llegaron a ser importantes. De hecho, cuando Groppa decide alejarse de la su cargo en la UNJu, dejaba a ésta con un superávit de alrededor de 150.000 pesos.[5]

En 1990, por esta editorial, aparece Bibliografía de autores jujeños de Fidalgo y Herminia Terrón de Bellomo. En 1993, la reedición de Poesía y prosa en Jujuy, una selección realizada por Groppa, Tizón, Miguel Ángel Pereira y Fidalgo (la primera edición había aparecido en 1969). Un segundo tomo –preparado por Groppa y Fidalgo– apareció casi cuatro meses después. Los tres libros completan, de una manera casi total, el panorama del campo literario jujeño hasta ese momento.


Otras dos obras de suma importancia también fueron editadas en los primeros años de esa década: Correspondencia entre Daniel Ovejero y Teodoro Sánchez de Bustamante (1990) de Flora Guzmán y un equipo de colaboradoras, y la reedición de El terruño (1991) de Daniel Ovejero (1894-1964). El segundo libro es una reproducción de la edición original de 1942 y contiene, además, una nota biográfica y crítica de Sánchez de Bustamante que había sido publicada en 1966 y reproducida en la edición correspondiente a ese año; también el libro incluye, como introducción general, un estudio de Guzmán. El primero, en tanto, comienza su estudio preliminar con este razonamiento de la investigadora recién citada: “Se preguntaba Michel Foucault qué puede llamarse a ciencia cierta, ‘obra’ de un autor. ¿Es sólo su producción literaria conocida o son también sus reflexiones, dudas o intuiciones borroneadas en diarios, memorias o –añadiríamos nosotros– en cartas?”.

En los escritos epistolares de este escritor fundamental y su primo, ambos dueños de un pensamiento lúcido y crítico, se puede valorar el ambiente intelectual de Jujuy en la mitad del siglo veinte. Además, como bien dice Guzmán, las cartas son lugares emblemáticos donde se depositan fragmentos de vida.

No dispongo de espacio suficiente para referirme a otras publicaciones que aparecieron por esta editorial, apenas quiero dejar constancia de que el final de Groppa como funcionario no fue feliz. El 9 de junio de 1994, el Consejo Superior de la UNJu resolvió, “en función de una optimización en el cumplimiento de los objetivos”, suprimir la Secretaría de Publicaciones y, en su lugar, crear la Secretaría de Bienestar Estudiantil.[6] En consecuencia, el cargo –ya devaluado– de Groppa pasaba a depender de la Secretaría de Extensión Universitaria; se daba así por terminada la autarquía de la editorial y se privilegiaba otro sector.


El escritor –como todo hombre de bien– realizó un balance del material existente, retiró el dinero de un banco local, realizó un brindis de despedida con su colaborador más inmediato, presentó toda la documentación y el efectivo a las autoridades y, junto a ella, su renuncia indeclinable.


Pronto, el comité de Publicación dejó de funcionar; aparecieron libros de dudoso valor literario, varios con el aviso de fe de erratas, la diagramación empezó a resolverse de manera anárquica y, entre otros errores, se reedito el libro Bibliografía de autores jujeños (2003) y, aunque cueste creerlo, nadie se dio cuenta de que se habían olvidado de poner el nombre del autor principal.


De esta manera, sin la voz autorizada de un editor, el devaluado sector quedó confundido con el murmullo de una imprenta bien equipada.[7] Y la UNJu dejó de estar a la par de la mejor tradición universitaria.


Fotografía: Néstor Groppa.


Seguir leyendo El fin de la inocencia 5

[1] En la contratapa del primer libro de Cuadernos del Molle, Raúl María Noceti explicita: “La Fundación Norte Chico tiene como meta contribuir al desarrollo integral de las regiones jujeñas conocidas como Quebrada de Humahuaca y Puna”. Más adelante agrega: “Queremos, como objetivo principal, que los jóvenes del norte conozcan de manera accesible, la poesía, el cuento, la novela y el ensayo que se producen en la actualidad”. También precisa que la organización “donará la mitad del tiraje de todos los libros editados para que sean repartidos en las escuelas secundarias de Quebrada y Puna”. Consta en el pie de imprenta que el libro en cuestión fue impreso en los talleres gráficos de la Universidad Nacional de Jujuy, aunque no se precisa el número de la tirada.

[2] El Duende, dirigida por Alejandro Carrizo, aparece en 1993 y es la revista que mayor permanencia logró en el tiempo: más de diez años. Afirma Miguel Espejo: “En esta revista se advierten colaboraciones de un espectro regional, nacional como internacional. Sin una estética definida, la revista posibilitó la difusión local de importantes autores en los niveles ya mencionados”, en Ana Teruel y Marcelo Lagos (directores), Jujuy en la historia: De la colonia al siglo XX (San Salvador de Jujuy, Unidad de Investigación en Historia Regional, Editorial de la Universidad Nacional de Jujuy, 2006).

[3] El nombre es la traducción literal del alemán Gutenberg. La editorial había nacido en 1966 y, entre otros logros, publicó el libro de Manuel J. Castilla que obtuvo el Premio Nacional de Poesía otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura de la Nación en 1975.

[4] Testimonio incluido en Universidad Nacional de Jujuy: 30 años de historia (San Salvador de Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 2004).

[5] Testimonio de Luis René Kindgard, San Salvador de Jujuy, 11 de octubre de 2007.

[6] Los pobres resultados que ofreció la Secretaría de Bienestar Estudiantil en pos de esa “optimización” nos permiten afirmar que la decisión no tenía otro fundamento que ubicar un militante en un cargo jerárquico. Creo que no hace falta decir que la aplicación de políticas neoliberales funcionó como una trituradora de empleos y desmanteló a la industria nacional; en nuestra Universidad, la resolución 070/94 del Consejo Superior destruyó a la única industria editorial.

[7] Ni siquiera Tierras de frontera (1998) de Tizón logró la circulación que se merecía. Cuando dos años después, Alfaguara lanzó una nueva edición, la periodista Raquel Garzón escribió que el libro había sido editado por la Universidad y “que circuló calladamente”. Más información en “La luz de las fronteras”, suplemento Cultura y Nación del diario Clarín, Buenos Aires, domingo 3 de setiembre de 2000.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Funcionarios porteños en Jujuy

Los funcionarios porteños llegan a Jujuy por vía aérea. Se hospedan en un buen hotel, tienen viáticos jugosos y siempre se dejan un tiempo para visitar la Quebrada de Humahuaca.

Aunque no llegan en carabelas, les gusta venir con un gesto a lo Cristóbal Colón y siempre se enojan si no descubren algo. Son descubridores por naturaleza. Saben cómo somos los jujeños y no sólo eso: lo saben mejor que nosotros mismos.

Antes llegaban como interventores y traían la locura suficiente que les permitía descubrir los que ya estaba. Antes de marcharse, nos dejaban espejitos de colores a cambios de deudas que todavía hoy pagamos. Sólo se quedaron en estas tierras aquellos funcionarios cuya locura estaba muy desarrollada.

(El que bebe agua del Xibi-xibi siempre vuelve, pero de la locura del funcionario no se regresa.)

Ahora los funcionarios nos traen planes, exposiciones y proyectos varios. Nos siguen trayendo espejitos de colores. Son tanto los funcionarios que nos visitan que, a veces, se descubren entre ellos. Algunos de esos funcionarios también llegan para invitarnos a Buenos Aires. Eso sí: nosotros tenemos que ir en colectivos de mala muerte, hospedarnos en hoteles baratos y, si tenemos ahorros, podemos comprarnos una remera en Once.

Ayer tuve la oportunidad de ver dos funcionarios de Buenos Aires. Parecían personas serías. Los escuché atentamente. Uno habló sobre dos muestras que organizan con apoyo de una fundación extranjera y del gobierno nacional. El otro esperaba para meter su cuchara.

(Los funcionarios de Buenos Aires saben cómo conseguir fondos y están siempre dispuestos a intervenir en cualquier tema.)

Las muestras contendrán paneles con problemáticas que ocurrieron en otro lugar y en el país. Como parece que Jujuy no queda en el país, dijo que habrá unos paneles libres para completar con fotografías locales. Las muestras se complementarán con dos días de capacitación en un programa elaborado en adivinen dónde (sí, adivinaron), pero quedará una hora para hablar sobre esta provincia. Esto fue lo que explicó el primer funcionario.

(Los funcionarios de Buenos Aires son nacionales. Los de aquí, a lo sumo, provinciales.)

Cuando el segundo funcionario logró meter su cuchara, el estofado empezó a oler mal. Dijo que él, además de ser funcionario, era profesor de la Universidad de Buenos Aires. Que llegaba para “abrir un espacio nuevo”. Que nuestra provincia iba a dar “un primer paso”.

No pude contenerme. Les dije que lo que descubrían, ya había sido descubierto. Que lo que el segundo funcionario quería abrir, ya había sido abierto. Y que el primer paso había sido dado hace rato sin ayuda de funcionarios (ni nacionales ni provinciales).

Cuando me paré para retirarme quisieron darme otra lección. Al funcionario mayor le parecía una falta de respeto que yo me marchara, el otro me dijo que había llegado a Jujuy y que su mujer se había quedado con cuarenta grados de fiebre. Apenas pude decirles que las políticas nacionales prácticamente no llegan a esta provincia porque los funcionarios se pusieron a discutir entre ellos y se olvidaron de mí.

Pobrecitos. No saben lo que en materia de Derechos Humanos han hecho Andrés Fidalgo, Nélida Pizarro de Fidalgo, las madres y familiares de detenidos desaparecidos de esta provincia, Ludmila da Silva Catela, los hermanos Ogando, Diego Ricciardi, Pablo Baca, Pablo Pelazo, la Universidad Nacional de Jujuy y, sin ir más lejos, este blog.

Digo, por dar algunos ejemplos nomás que, algún día, algún funcionario porteño debería descubrir.

lunes, 29 de octubre de 2007

El fin de la inocencia 3

Campo literario jujeño en la década del noventa: El suplemento literario


Leer: El fin de la inocencia 2


El campo literario jujeño de los noventa fue construido trabajosamente. Dos prolíficos autores ocupan un lugar central: Néstor Groppa y Héctor Tizón.[1] Ambos están identificados con la mejor revista que se publicó en esta región.

Tarja es ya un hecho prestigioso, un lugar común de cualquier discurso acerca de la historia cultural de Jujuy y cada vez que su nombre sale, como quien dice, a relucir, me pone en aprietos porque se da por sentado que yo fui uno de sus parteros, lo cual, vuelvo ahora a declararlo, es una leyenda apócrifa. Yo, lamentablemente, no fui partero ni padre de esta criatura prestigiosa, sino, tal vez, su entusiasta tío. Sus padres verdaderos fueron –según está debidamente registrado– [Mario] Busignani, [Jorge] Calvetti, [Andrés] Fidalgo, Groppa y [Medardo] Pantoja –algo así como la línea delantera del seleccionado jujeño de entonces (en el ordenamiento antiguo), con más algunas comadres como Pequeca [Juana Luisa Mercedes Pérez de Busignani], Nélida [Pizarro de Fidalgo] y Nelly [Ase de Álvarez Groppa]. Flora Guzmán, mi mujer, y yo, que pateábamos desde inmediatamente detrás, o del costado.[2]

Groppa, además, es uno de los factores centrales en la construcción del campo literario local. Bajo su dirección se inicia, en 1960, el suplemento cultural del diario Pregón, cargo que después es alternado (él termina, en junio de 2001, su función como periodista cultural).

En un análisis sobre la producción literaria realizada en el periodo 1992-1995, encontramos al autor recién nombrado junto a Marcos Paz como los editores responsables alternos del suplemento.[3] Las características de ellos –tanto por su formación como así también por su producción estética– son disímiles y antagónicas en lo que se refiere a la selección (formal y temática) y edición de los trabajos que aparecen los domingos en el suplemento. En algo coincidieron los dos directores: en ningún momento utilizaron las páginas del suplemento para promocionarse a sí mismos.

Pasemos ahora a las diferencias. La obra de Groppa es una búsqueda universal que tiene a la ciudad y sus habitantes como tema central; su poesía es muy trabajada pero nunca hermética y permite interpretaciones nuevas porque se dirige a un lector sensible e inteligente a la vez. El segundo, por su parte, representa a la tradición, tanto en los aspectos formales como en los contenidos; no resulta extraño entonces que una de sus obras centrales, Canto al éxodo, se destaque por la grandeza misma del episodio y no por sus recursos estilísticos.[4]

A pesar de las diferencias apuntadas, no existió –o, por lo menos, yo no me enteré– en ningún momento una declaración de hostilidades entre Groppa y Paz. Ambos, como buenos periodistas, aceptan alternar la dirección de este suplemento que, junto con el de La Gaceta de Tucumán, es uno de los más antiguos del interior del país.

Una primera clasificación casi taxonómica de las obras publicadas permite apreciar la preeminencia de la poesía por encima de las otras formas de creación literaria. Durante los primeros años de la década, un grupo no demasiado numeroso de poetas produce, como demostraremos más adelante, una renovación del campo literario local.

Otra marca de distinción del director está dada por los temas que se presentan. Si un domingo las páginas literarias del diario están cargadas de referencias a una próxima celebración patrióticas (retratos de próceres, odas o símbolos patrios y exaltaciones a la grandeza nacional), significa que las mismas han sido editadas por el autor de Viltipoco. En tanto, siete días después, ya de la mano de Groppa, el suplemento puede estar cargado de reproducciones de artistas abstractos (como por ejemplo: Petorutti, Xul Solar) o la primer entrevista a Víctor Montoya, en la que el por entonces joven artista reflexiona sobre los lenguajes estéticos y, en esa reflexión, cuestiona a los profesores de la Escuela de Arte “Medardo Pantoja”, a la masividad, a la formación autoritaria y a la ideología del consumo.

La misma distinción se proyecta con la mayoría de las obras literarias que se publican. La dirección de Paz se puede sentir cada vez que aparecen formas tradicionales como el soneto, cuentos con moralejas, palabras cargadas de invocaciones o de cierta moral, tal es el caso de Héctor José Méndez (1938), Raquel Murillo (década del 40), Gloria Quiroga de Macías (1933), Hairenik Eliazarián de Aramayo (1925), Fortunato Farfán (1935), Saúl Sánchez (1962), Oscar López Zenarruza (1946), Carlos E. Figueroa (1925-1995), Germán Walter Choque Vilca (1940-1987) y Nélida Cañas (1949), entre otros. Todos los nombrados –excepto Cañas, quien pronto se pasa de “bando”– poseen una marcada temática regional que, en la mayoría de los caso, se confunde con el folklore literario.

Por su parte, los trabajos que publica Groppa poseen temática mucho más variada. En los poemas predomina el verso libre y, tanto en este género como en los restantes, se puede apreciar una preocupación constante por estar al día con los grandes movimientos literarios y principales corrientes del pensamiento contemporáneo. Entre los colaboradores más asiduos están: Ernesto Aguirre (1953), Pablo Baca (1958), Jorge Accame (1956), Luis Wayar (1945-2000), Alejandro Carrizo (1959), Raúl Dorra (1937), Tito Maggi (1913-1994), Mita Homs (1939), Víctor Ocalo García (1953), Blanca Spadoni (1944), Miguel Espejo (1948), Mónica Undiano (1958) y Oscar Augusto Berengan (1949).

Es de destacar, finalmente, los listados de colaboradores que no pertenecen a esta provincia. Por las páginas de Paz, entre otros, pasan: Rubén Vasconi, Elvio Aroldo Ávila, Arturo Berenguer Carisomo, Nilda Correa de Vasconi, Félix Coluccio, Perpetua Flores, Atahualpa Yupanqui. Mientras que por las de Groppa: Juan Filloy, Rodolfo Kusch, Leo Masliah, Marco Denevi, Michi Strausfeld, Julio Ardiles Gray, Raúl Gustavo Aguirre, David Lagmanovich, Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez, María Luisa Valenzuela, Aldo Parfeniuk, Manuel J. Castilla, Aldo Pellegrini, Rodolfo Alonso y otros.

Basta con observar los nombres con que cada director refuerza sus filas para entender la posición de cada uno: regionalismo, por un lado, y universalismo, por otro. O, para decirlo en otros términos, pintoresquismo contra esencialidad. Las distintas selecciones permiten entender, además, por qué no fue necesario una declaración de hostilidades: la batalla estaba decidida antes de comenzar.


Fotografía: Néstor Groppa y Héctor Tizón.


Seguir leyendo El fin de la inocencia 4


[1] Si bien ambos fueron reconocidos explícitamente por sus pares en un trabajo que edité recientemente: Encuesta a la literatura jujeña contemporánea (San Salvador de Jujuy, Perro Pila, 2006); los premios que habían obtenido ya los posicionaban en lugares centrales. Groppa obtuvo el Primer Premio Regional de Poesía, zona NOA, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación, en el trienio 1977-1980; Mención Especial al Premio Nacional de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación, trienio 1980-1983; además, fue distinguido como Ciudadano Ilustre de San Salvador de Jujuy, en 1987; Ciudadano Benemérito de San Salvador de Jujuy, en 1995; Miembro de número de la Academia Argentina de Letras, en 1996, y Profesor Extraordinario de la Universidad Nacional de Jujuy, en 1997. Tizón, por su parte, obtuvo la Orden de las Artes y las Letras en grado de Caballero, otorgada por el gobierno de Francia, en 1994; el Premio de la Academia Argentina de Letras en novela, bienio 1993-1995, en 1995; el Premio Consagración Nacional otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación, en 1996; también fue elegido Miembro de número de la Academia Argentina de Letras, en el mismo año; Gran Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes, en 2000, y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Tucumán, en 2005. Los dos poseen otras distinciones que he obviado para los fines de este trabajo: plantear un panorama general, antes que seguir trayectorias individuales.

[2] Héctor Tizón, “Tarja a lo lejos”, en la reedición facsimilar de Tarja, volumen I (San Salvador de Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 1989). El primer número de la revista apareció a fines de 1955; el último –el 16– en julio de 1960. En total, 422 páginas que reafirman “la voluntad casi heroica de los grupos que difunden la cultura a través de un empeño sostenido y ejemplar”, como publicó La Nación, Buenos Aires, 6 de enero de 1957.

[3] El estudio fue realizado por Jorge Castro, Arturo Álvarez y quien esto escribe en el marco de un proyecto de investigación subsidiado por la Secretaría de Ciencia, Técnica y Estudios Regionales de la UNJu.

[4] Para un juicio más detallado de estos autores, véanse las consideraciones que realiza Andrés Fidalgo en su Panorama de la literatura jujeña (Buenos Aires, La Rosa Blindada, 1975).

jueves, 25 de octubre de 2007

El fin de la inocencia 2

Campo literario jujeño en la década del noventa: El método

Pierre Bourdieu
La noción de campo intelectual fue elaborada por Pierre Bourdieu (1930-2002) a partir de un extenso programa de investigaciones desarrollado en los años sesenta.[1] Él había comenzado con el estudio del sistema de educación francés; trabajo que después se extendió a otros campos del conocimiento como la formación de elites intelectuales, el lugar de los profesionales, la apreciación artística y las formas de consumo estético, el campo de las academias (homo academicus), el campo político (zoo politikon) y el problema de la representación, entre otras cuestiones.
Para el sociólogo francés, el campo intelectual es semejante a un campo magnético que está constituido por un sistema de líneas de fuerzas –que se oponen, que se agregan– y que le confieren una estructura específica. El campo, además, se construye a lo largo del tiempo (diacronía) y funciona en un determinado momento (sincronía). Una condición debe presentar el campo intelectual: disponer de una autonomía relativa; es decir, tiene que estar regido por sus propias leyes.
El orden intelectual, por lo tanto, posee características que lo distinguen de los poderes tradicionales (y, en muchos casos, en franca oposición): el económico, el político y el religioso. Esto significa que, en este campo, existen instancias específicas de selección y de consagración.
En consecuencia, nadie puede afirmar que escribe en el vacío. Todo escritor necesita un campo intelectual en el cual ubicar su producción. Y el primer campo intelectual que integra es el sistema provincial o regional que habita.


Seguir leyendo El fin de la inocencia 3

[1] Para recorrer las distintas etapas del recorrido intelectual en la dilucidación del concepto de campo intelectual, resulta recomendable leer Campo de poder, campo intelectual: Itinerario de un concepto (Buenos Aires, Quadrata, 2003; traducción de Alberto C. Escurrida), obra que contiene una serie de artículos breves en los que Bourdieu (re)define el concepto según las diversas esferas en las que el campo intelectual es analizado: artístico, literario, académico, etc.

miércoles, 24 de octubre de 2007

El fin de la inocencia 1

Campo literario jujeño en la década del noventa: Introducción

“¿Qué es una metáfora?”

Mario

Un autor y su obra siempre están afectados por las relaciones sociales que establece el campo literario al que pertenecen. Una escena de Il Postino (dirigida por Michael Radford, estrenada en 1994) puede ayudarnos a entender este concepto. Seguramente todos recordamos el film: Mario (Massimo Troisi) consigue trabajo temporario como cartero, en una isla de Italia, debido a la llegada de un exiliado reconocido: Pablo Neruda (Philippe Noiret). El cartero apenas cuenta con las destrezas básicas de la lecto-escritura e ignora, entre otras cosas, el significado de la metáfora; pero es capaz de construir una gran amistad con el poeta. Y, además, es un hombre dispuesto a enamorar a Beatrice (Maria Grazia Cucinotta), aunque para lograr su objetivo deba plagiar los versos del importante recién llegado.

La escena que significa la presentación del nuevo poeta es la siguiente: los amigos entran en la única taberna del lugar, solicitan dos vasos de vino tinto y “una pluma para escribir”, dice Neruda. Cuando Beatrice cumple con el pedido, el hombre mayor –con un gesto paternal– le toma de la mano y le solicita que se quede un momento. Ella lo mira con sorpresa y él escribe una dedicatoria que trasciende el ámbito privado: “A Mario, mi íntimo amigo y compañero. Pablo Neruda”. Y, para que no queden dudas, le dice: “Ya encontraste la poesía. Si por casualidad quieres escribirla, ya tienes el cuaderno”.

La posición del poeta chileno en el campo literario representa un espaldarazo indiscutible para Mario y significa, en este caso puntual, la posibilidad de conquistar a la hermosa mesera. Por otro lado, el cartero asume la representación de todos los que carecemos de originalidad poética pero sabemos que la poesía nos ayuda a vivir.

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jueves, 4 de octubre de 2007

Periodistas, escritores y bloggers

Estimados lectores:

El 10 de octubre aparecerá el libro Periodistas: Sin ustedes, el mundo estaría al revés, una compilación de artículos que edita la Universidad Nacional de Jujuy.

En esta obra se incluyen textos de: Beatriz Sarlo, Eduardo Berti, Luis Alberto Quevedo, Vicente Verdú, José Pablo Feinmann, Ernesto “Che” Guevara, Arturo Pérez-Reverte, Víctor Hugo Ghitta, Ariana Vacchieri, Nicolás Casullo, Orlando Barone, Susana Viau, Bernard Pívot, Ana María Vara, Hugo Caligaris, Raúl Alzogaray, Claudio Fantini, Roberto Arlt, Abelardo Castillo, Ricardo Piglia, Carlos Gazzera, Rodolfo Walsh, Horacio Verbitsky, Gabriel García Márquez, Lilia Ferreyra, Osvaldo Aguirre, Carlos Gamerro, Silvina Friera, Truman Capote, Jorge Lanata, Ernesto Tiffenberg, Joaquín Morales Solá, Sandra Russo, Andrew Graham Yooll, Manuel Vicent, Diego Rottman, Karl Kraus, Guillermo Piro, Enric Castelló y Adriana Schettini.

A continuación algunos fragmentos:

· Hay destrezas madres y destrezas hijas. La lectura y la escritura son algo así como la marcha sobre las dos piernas con el cuerpo erecto: se necesitaron millones de años para llegar a ella y todavía sigue siendo el modo de desplazamiento material básico de los humanos y hasta para moverse por la luna fue necesario saber caminar. No siempre el último invento anula todos los anteriores” (Beatriz Sarlo).

· “Leer en una pantalla no es lo mismo que leer en un códice.A diferencia de los libros impresos que sólo ofrecen márgenes o resquicios en blanco, con el texto eléctronico no sólo puede el lector intervenir para someter los contenidos a múltiples operaciones sino, más aún, “puede convertirse en su coautor”, lo que trastoca sin precedentes las antiguas relaciones entre lector y texto” (Eduardo Berti).

· “El vínculo que establece el televidente con el televisor es muy complejo. Una de sus características consiste en que el espectador desea ver ciertos programas porque hay millones de personas que los ven y él no quiere quedar afuera de las conversaciones. Ocurre que, en definitiva, la televisión no es una tecnología, sino un discurso: construye lazos con los otros, con las demás personas” (Luis Alberto Quevedo).

· “En [la revista] Focus hay dibujos, infografía, mucha foto, mucho cuadro sinóptico, despieces entre un texto más lacónico. Es el ejemplo conspicuo de la nueva generación windows. El CD-ROM convertido en papel, la pantalla hecha página. Muchos jóvenes tienden a comprar Focus antes que Der Spiegel, prefieren el fast-food al estofado, el impacto a la meditación. Pronto, se dice, todos los periódicos se harán así. El diseño prevalece sobre el buen texto; la visualización, sobre la reflexión. El focus sobre el locus. He aquí el zeitgeist; el flamante espíritu de esta época” (Vicente Verdú).

· El viento es la imagen de la libertad y toda revolución busca instaurar la libertad, ya que viene, ante todo, a liberar a los oprimidos. Así, es la libertad, es la liberación de los oprimidos lo que se lee en los pelos agitados del Che. También es “el extraño de pelo largo”. Un rockero. Un eterno joven. Y la mirada profunda, los ojos oscuros, la nariz dilatada como si oliera al viento y lo saboreara, los labios firmes y la barba rala, y la boina con la estrella. Y esa estrella es la suya. El Che es una star. Una superestar. Un Jesucristo superestar”. (José Pablo Feinmann).

· La tropa de Sánchez Mosquera nos había tomado alguna delantera y poco después se oían unos tiros; rápidamente bajamos la ladera, buscando entre las dificultades del terreno el mejor camino para llegar a la retaguardia; sabíamos que Camilo había actuado. Nos demoró bastante llegar a la última casa antes de la subida; íbamos con muchas precauciones, imaginando a cada momento encontrar al enemigo. El tiroteo había sido nutrido pero no había durado mucho, todos estábamos en tensa expectativa” (Ernesto “Che” Guevara).

· “Era lo que ellos llamaban territorio comanche en jerga del oficio. Para un reportero en una guerra, ése es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta. El lugar donde los caminos están desiertos y las casas son ruinas chamuscadas; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. El suelo de las guerras está siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando. Donde no ves los fusiles, pero los fusiles sí te ven a ti” (Arturo Pérez-Reverte).

· “Arturo Pérez Reverte contó la historia espeluznante en un café de Buenos Aires. Durante los enfrentamientos en Serbia, adonde había sido enviado como corresponsal de guerra por la televisión española, visitó un hospital atestado de heridos en compañía de un camarógrafo; en medio del paisaje desolador, se acercó a un soldado que estaba tendido sobre un camastro, con medio cuerpo ensangrentado, y lo pisó: el grito desgarrador fue la imagen más lacerante del conflicto serbio que ese día entregó la televisión europea” (Víctor Hugo Ghitta).

· La televisión nació maldita. Fue, casi desde su inicio, una mezcla de hija boba y mala de la película. Desde diferentes perspectivas políticas, ideológicas y teóricas y con matices a veces muy marcados en la evaluación de sus efectos sobre las personas, fue considerada como el factor más fuerte de integración social que se haya conocido jamás” (Ariana Vacchieri).

· “Hace mucho que murió el tiempo de los mitines, los oradores de esquina o de sótanos, los candidatos sobre una tarima de plaza como Arturo Jauretche o Alfredo Palacios con una oratoria encendida y solemne clamando por la reparación de la patria. Tal vez esas fueran ideas, quizás, o retóricas que nos hacían pensar que un político en elecciones era sobre todo buena labia y acto público. También un mundo social mucho más ingenuo y menos lleno de consumos, donde Balbín hablaba un par de veces al año, pero no participaba de nueve minientrevistas de televisión por semana y treinta y seis por radio” (Nicolás Casullo).

· “Los medios agitan el aire desde temprano; comunicadores todavía somnolientos salen a la caza de un título. ¡Albricias! Se relamen cuando logran la captura oral del día. Esa frase insidiosa que sirve para martillar a troche y moche en los oídos. La sustancia es lo de menos. Cuanto más se lo incita más se logra fecundar en el político una declaración efectista que le da sentido a la demanda y al negocio. El circuito es éste: alguien dice algo picante, otro le responde con wasabi y con chili; se instiga a otros a hablar sobre lo que dijeron aquellos aunque no lo hayan escuchado, y ya se ha armado el despelote. (Orlando Barone).

· En fin, qué remedio, de noche todos los gatos pueden soñar con ser pardos. Pero ya de mañana alguien debería hacer la caridad de recordar a quien corresponda que la entrevista es un género con reglas propias. Un género traicionero y maldito (cabrón, Verónica Lozano, muy cabrón) que se ne frega en las narices respingadas y castiga sin piedad la estupidez humana: James Lipton, Bernard Pivot, Jesús Quintero, tres maestros en esa ingeniería que conduce a la revelación del alma y el pensamiento ajenos, no fueron seleccionados en un casting” (Susana Viau).

· Yo no soy escritor. Así, mi programa no era una conversación entre colegas, un pulso entre escritores, un coto cerrado. ¡Eso hubiera alejado al telespectador! Yo era un periodista que preguntaba, y lo hacía poniéndome en lugar del espectador. Quien haga un programa sobre libros, ¡mejor que no publique libros, que no sea escritor!” (Bernard Pívot).

· “‘Para fundar una disciplina no alcanza con inventar un término’, concedió astutamente Régis Debray cuando lo urgieron a caracterizar la mediología, nueva área de estudios que intenta imponer en los medios académicos. Y el intelectual que en los años 60 acompañó al Che Guevara y en los 80 a François Mitterrand ensayó enseguida, si no una definición, al menos una descripción: ‘Bajo este nombre se ha agrupado, con el correr de los años, una variedad de investigaciones originales en las que se cruzan filósofos, historiadores de la técnica, expertos en estética y estudiosos de la comunicación informática’” (Ana María Vara).

· “Monstruoso, despiadado, el televisor elimina a pobres angelitos con la guillotina del rating. Sólo un monstruo puede sobrevivir en un entorno semejante. Ciclos antes frecuentados por intérpretes líricos y maestros de la oratoria universal han debido disponer que sus invitados transmutaran en nigromantes, numerólogos, hechiceras y superhéroes. Se logra por este procedimiento no sólo la supervivencia, sino el renacimiento y aun la multiplicación de los monstruos: de un Alien muerto pueden nacer numerosos monstruitos” (Hugo Caligaris).

· La víspera del día de brujas de 1938, una radio estadounidense transmitió en vivo, durante una hora, los pormenores de la primera invasión marciana. Los extraterrestres habían descendido al atardecer en una granja de Nueva Jersey y atacaron a los vecinos con rayos caloríferos y gas tóxico. Muchos oyentes se asustaron, algunos aprestaron sus armas y se atrincheraron en sus casas. La policía recibió numerosas llamadas que denunciaban la presencia de máquinas gigantes. Varias personas afirmaron haber olido el gas tóxico o sentido en el aire el calor de los rayos. Hubo quien aseguró haberse descompuesto a causa del gas y quien dijo haber visto las llamas de los incendios provocados por los marcianos” (Raúl Alzogaray).

· “Los personajes de ficción creados por Roberto Arlt y los personajes reales que inspiraron a Truman Capote para escribir A sangre fría, parecen explicar una de las violencias que atormenta a la Argentina. Esa violencia se expresa a través de la abyección y de la imbecilidad, pero no tiene que ver con el hambre ni con la exclusión social. Por eso, para explicarla no alcanza la sociología. Hay que cerrar los manuales y buscar en la literatura. Allí están los personajes que cometieron esos crímenes pertenecientes a lo que he llamado la violencia de la mediocridad” (Claudio Fantini).

· Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacilamos en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. La gente busca la verdad y nosotros le damos moneda falsa. Es el oficio, el metier. La gente cree que recibe la mercadería legítima y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda, de otras falsificaciones que también se inspiraron en falsificaciones” (Roberto Arlt).

· “Hasta 1958, siete años después a partir de aquella tarde, no leería ninguna obra de Arlt; pero aquella tarde, gracias a la solapa del libro que me dieron en la biblioteca, supe que Arlt había ganado el Premio Municipal. No sé si hace falta agregar algo. Yo tenía quince años y vivía en un pueblo; yo creía en la solapa de los libros y en los premios literarios” (Abelardo Castillo).

· “Él tenía su lugar en el periodismo, un lugar muy contradictorio, con el que tenía muchos conflictos. Era muy conocido por sus crónicas y demás, pero en un momento, después de su muerte, su literatura empieza a quedar relegada a un lugar ajeno a los lugares centrales del debate. Y yo creo que el público, los lectores siguieron leyendo a Arlt, a veces incluso, leyeron a Arlt antes que a Borges. En el caso de Arlt fue la fidelidad de ese público, de ese lector que se iba construyendo de generación en generación, y que siempre volvía a los textos de Arlt, y que estaba adelante de los críticos, que en general seguían tratándolo con cierta suficiencia, con cierta superioridad” (Ricardo Piglia).

· “Una imagen que aún me queda grabada en la mente es la de Ricardo Piglia abrazado a ese cheque de la Editorial Planeta... Esa imagen, creo, fue para mí tan desconcertante, tan profundamente dolorosa como la caída del Muro de Berlín. Y no porque piense que el Muro estuviera bien o la plata no fuera necesaria para un escritor como Piglia. No. Lo digo en el sentido figurado de lo que ese cheque y esa caída del muro significaron: la sepultura -por la peor de las vías- de eso que sentimos como la utopía” (Carlos Gazzera).

· “Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: ‘Viva la patria’, sino que dijo: ‘No me dejen solo, hijos de puta’” (Rodolfo Walsh).

· “Conocí a Rodolfo Walsh cuando regresó de Cuba donde participó en la creación de la agencia Prensa Latina y, sin más ayuda que un manual de criptografía para aficionados conseguido en una librería de viejo de La Habana, descifró los cables secretos con el plan de la invasión organizada por la CIA desde Guatemala, que entraron por casualidad en una radioteletipo que la agencia noticiosa usaba para monitorear el servicio de la competencia” (Horacio Verbitsky).

· “Tenía los ojos claros y risueños detrás de los cristales de miope con monturas gruesas de carey, tenía una calvicie incipiente con mechones flotantes y pálidos y su piel era dura y con viejas grietas solares, como la piel de un cazador en reposo. Aquella noche, como casi siempre en La Habana, llevaba un pantalón de paño muy oscuro y una camisa blanca, sin corbata, con las mangas enrolladas hasta los codos. Masetti me preguntó: ‘¿De qué tiene cara Rodolfo?’ No tuve que pensar la respuesta porque era demasiado evidente. ‘De pastor protestante’, contesté” (Gabriel García Márquez).

· “Como una piedra en el agua, el concepto se ampliaba en la concisión de tres cláusulas: ‘Lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades’. En las noches, me leía cada párrafo atisbando mi gesto de duda, rechazo o aprobación ante un adjetivo o una palabra de más o de menos que debilitara un concepto o alterara su ritmo. ‘Estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las tres armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno’. La precisión y contundencia de un golpe de timbal” (Lilia Ferreyra).

· “Walsh es un lector y un escritor lento. Lo ha dicho él mismo: ‘he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto’. Hace el tipo de lectura de un corrector, el que lee lo que falta y lo que excede a un texto” (Osvaldo Aguirre).

· “Ha sido frecuente atacar la presunción de Capote, demostrando que hubo novelas de no ficción antes de la suya. Entre ellas, Operación masacre de Rodolfo Walsh, que los argentinos proponemos como verdadera fundadora del género con la misma tozudez con que pregonamos nuestra potestad sobre el colectivo, la birome y el dulce de leche” (Carlos Gamerro).

· “El verdadero enfant terrible de la literatura estadounidense, el pionero del nuevo periodismo, el autor de la novela-reportaje A sangre fría, llevaría hasta las últimas consecuencias una sentencia que leyó detrás del mostrador del café de su barrio (registrada en la crónica ‘Nueva Orleans’ de Los perros ladran): ‘No te preocupes por la vida... de ella nunca saldrás vivo’” (Silvina Friera).

· “Un día, empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado. Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación” (Truman Capote).

· En un momento en que la mayoría del periodismo mundial se solaza con calcar esquemas de lejanía informativa del tipo de USA Today -texto escueto, pretendidamente farmacéutico-, la propuesta de este diario es exactamente inversa; para Página/12 se trata de buscar una relación más humana con el lector, que juegue con estereotipos propios y ajenos, en los que importe más la identificación emocional que el distanciamiento supuestamente objetivo. La adhesión humana no es siempre ideológica, ex profeso la definición editorial de este diario se ha dado sólo en tres o cuatro puntos repetidos hasta la exasperación: derechos humanos, política económica en contra de la concentración empresaria, democratización de la sociedad en todos los niveles y política antinuclear” (Jorge Lanata y Ernesto Tiffenberg).

· “El periodista no tiene horario, ni fin de semana, ni vacaciones aseguradas. Aún ahora, después de 30 años de profesión, cuando uno cree que pudo conseguir algunos beneficios, todavía no sé cuándo empieza ni cuándo termina mi trabajo todos los días. Desde que la crisis argentina tomó un ritmo tan vertiginoso, volví a perder los fines de semana, porque mi columna del domingo la termino de editar los sábados a última hora” (Joaquín Morales Solá).

· “La escritura es una camisa que el lector debe desabotonar por sí mismo. Hay que tener coraje para escribir vestido y ofrecerse a ser desvestido por el lector que uno se merezca” (Sandra Russo).

· “Los nuevos periodistas se destacan por su tremenda energía. Los cronistas de mi generación llegaban a viejos. Ahora veo que para recoger información en la calle hay que ser más joven. Estar en la calle es estar a prueba permanentemente. De cronista hay que jubilarse a los 29 años y después conseguir un trabajo en la redacción” (Andrew Graham Yooll).

· “Periodista es ese tipo que escribe a toda velocidad de cosas que generalmente ignora y lo hace de noche y la mayoría de las veces cansado o borracho y que no teniendo talento para ser escritor ni coraje para ser policía se queda sólo en un chismoso o en simple confidente. Esto es un alarde de masoquismo. Yo soy periodista, aunque, como dijo alguien, prefiero que en casa sigan creyendo que toco el piano en un burdel” (Manuel Vicent).

· “Karl Kraus detestaba la parcialidad de la prensa y aspiraba a la neutralidad informativa. Y aunque no lo logró (sus artículos tenían una fuerte carga de opinión) sus ataques a lectores, políticos, psicoanalistas y, sobre todo, periodistas están cargados de una ironía feroz, que en muchos casos conserva, un siglo más tarde, toda su vigencia. Es en esa contradicción donde está el verdadero valor de sus escritos” (Diego Rottman).

· “No esperen de mí una palabra, tampoco podría decir nada nuevo. En la habitación donde estoy hay un ruido horrendo: carros de guerra, ediciones de la prensa voceada como batalla ganada: quienes nada tienen que decir ahora, porque de hecho tienen la palabra, continúan hablando. Quien tenga algo que decir, que de un paso al frente y calle para siempre” (Karl Kraus).

· “Cuando Sergei Esenin se suicidó en 1926, cortándose una vena, escribiendo un poema con su sangre (‘En esta vida no es nuevo morir,/ pero vivir tampoco es nuevo’) y luego colgándose con una soga atada a uno de los tubos de la cañería de agua de la habitación que ocupaba en un hotel de Leningrado, hubo una voz que se levantó para llorarlo. Maiacovski escribió un poema en su memoria, cuatro de cuyos versos decían: ‘Tal vez,/ si hubiese habido tinta en el hotel Inglaterra,/ no habría tenido razones/ para cortarse las venas’” (Guillermo Piro).

· “Un compañero de trabajo me dijo un día que los medios en Internet nunca serían masivos mientras obligaran al público a leer. Quizás tenía razón. ‘Leer –comentaba– es un esfuerzo que mucha gente no está dispuesto a realizar, y menos sobre una pantalla’. Esfuerzo mental y físico, esfuerzo en tiempo y dedicación. Y quizás esté en lo cierto: la pantalla es un artilugio que se inventó para mirar, no para leer” (Enric Castelló).

· En el mundo se está desarrollando una tendencia que en la Argentina aún es embrionaria: la de los periodistas profesionales con blog propio. Su situación de bloggers es diferente de la que sustentan en los medios. En la web, carecen de la cadena de jerarquías profesionales que hace que sus trabajos pasen por diversas instancias de control de calidad; el blog es, mayormente, un espacio unipersonal: yo lo pienso, yo lo escribo, yo lo edito, yo lo posteo. En el universo tradicional, la credibilidad del periodista está avalada por el medio. En el blog, la única garantía es su firma y, al igual que el resto de los bloggers, necesita procurarse lectores” (Adriana Schettini).


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