
¿Hace falta decir que escribir en esta región no es una actividad reconocida? ¿Es necesario expresar que es más fácil identificar a un futbolista que reconocer a un escritor? Con el fútbol sucede algo, por lo menos, curioso: miles de pibes se dedican a una práctica en la que triunfa sólo un puñado que tienen condiciones notables y, en no pocas veces, sus adicciones les juegan en contra. Es decir, el fútbol es una práctica frustrante para la mayoría de sus seguidores. “Pateáme que me gusta”, diría si fuese futbolística. Pero no lo soy.
Apenas soy un cualquiera que sabe que escribir equivale a pensar. Y esta equivalencia significa cuestionar al poder de turno. Por lo tanto, escribir es una actividad peligrosa. Casi tanto como leer y creerse el destinatario de ese texto para aceptar sus mandatos.
(Antes de seguir una aclaración: es fácil creerse un perseguido por el poder o por algunas instituciones que lo representan. La imagen de burócratas que postergan a los creadores ejerce una seducción grandísima. Por eso, muchos escritores se sienten tentados a usar sus palabras en nombre de colectivos que según –estos literatos– no se pueden expresar: los pobres, los marginados, los chicos de la calle y la lista sigue. A juzgar por los resultados, sería más conveniente una acción mucha más directa, antes que poemas que denuncien una situación social injusta.)
Escribir, en esta región, significa convivir con inteligencia con un sistema que está preparado para que el fútbol no se detenga nunca (¿se acuerdan cuándo ocurrió aquel corte de agua que dejó a gran parte de esta ciudad sin el “liquido elemento” durante varios días y que, aún en esas circunstancias, un camión regador llegaba puntualmente al estadio “23 de Agosto”?) y que carece de políticas que incentiven a la creatividad y la reflexión. Por lo demás, sería ilusorio pensar que existiesen tales políticas porque se trataría de un sistema que se vulnera a sí mismo. Escribir, en Jujuy, significa tener un espíritu crítico frente a las consecuencias de un sistema injusto que se rechaza pero con el que no se puede dejar de convivir.
¿Qué es lo que puede hacer un escritor con este panorama? Quizás, la primera tarea sea criticarse a sí mismo. Parece algo muy obvio, pero créanme que no lo es. El campo literario, en un punto, coincide con el campo político: es el lugar donde más sobran la trascendencia, la pedantería y el lameculismo.
Uno escritor puedo autocriticarse cuando conoce la diferencia entre escribir bien y escribir mal. Y, cuando sabe la diferencia trascendental que existe entre escribir bien y producir una obra de arte, hasta puede llegar a reírse de sí mismo. Llegado a este punto, no puedo dejar de aceptar algo: escribo mal. Pero, a diferencia del fútbol, la escritura es una actividad en la que uno aprende más del fracaso que del éxito.
¿Cómo alguien que escribe mal puede terminar esta nota? No es tan difícil si se cuenta con lectores atentos, entonces uno puede solicitarles ayuda. Eeehh… ¿Por qué se van? ¿Hay alguien frente a estas palabras? ¿Alguien se anima a decirme que libros le parecen escritos por necesidad? ¿Y a cuáles considera una obra de arte? ¿Hay alguien allí o se fueron a jugar al fútbol?