viernes, 3 de mayo de 2013

El deber de la memoria

LA MIRADA OSCURA. Rafael Mariano Braga
He tenido un privilegio que pocos investigadores han logrado. Años después de trabajar sobre las memorias de la represión dictatorial en Jujuy, estuve sentado frente a Mariano Rafael Braga, un hombre acusado de maltratar, secuestrar y hacer desaparecer personas. Uno de los militares que más recuerdan los familiares de detenidos-desaparecidos de Jujuy y que hoy –viernes 3 de mayo de 2013– el Tribunal Oral Federal deberá emitir sentencia.

Participé como testigo contextual por haber escrito Con vida los llevaron, obra que curiosamente, según me cuentan, en estos días forma parte de los libros reproducidos en formato ampliado como decoración del stand de Jujuy en la Feria del Libro de Buenos Aires. Es decir, escritores y lectores jujeños hemos crecido más rápido que nuestro sistema judicial.

Más allá de este desarrollo desigual, quiero decir que nunca antes había pensado estar frente a un represor (Antonio Orlando Vargas y José Eduardo Bulgheroni, los otros imputados, no permanecieron en el recinto de sesiones por motivos que no entendí). No lo había pensado porque había descartado, desde el vamos, las declaraciones que hacen aquellos que tuvieron un accionar activo en la represión ilegal; siempre me parecieron –y aún hoy lo siento así– que su discurso fue (es) interesado para mejorar su pasado, por lo tanto, nunca busqué entrevistar a aquellos que detentaron el poder en la última dictadura.

Para mi sorpresa, Braga no sólo fue un lector no buscado, sino que gracias a los caminos de la Justicia, nuestras miradas se cruzaron. Él cita nuestro libro para afirmar que Julio Rolando Álvarez García y su compañera, Inés Peña, fueron militantes de la organización Montoneros. Cuestión que efectivamente fue así. La primera vez que, en una reunión realizada en la casa de Nélida y Andrés Fidalgo, en el año 2002, Inés nos contó de su militancia, la mayoría de los que la escuchábamos nos sorprendimos. Todavía era difícil asumir que nuestros detenidos-desaparecidos habían participado en una organización armada. Inés, como tantos militantes honestos, asumieron su pasado revolucionario y ese hecho quedó registrado en un libro que tiene ya varias ediciones.

Braga fue un militar que se destacó mientras estuvo de servicios en Jujuy. Se destacó por maltratar a los familiares que concurrían al Regimiento de Infantería 20 a preguntar sobre sus detenidos y desaparecidos; él, en un acto de humillación digno de un miserable, ubicaba su escritorio al frente de un charco de agua, para que todo familiar tenga que mojar sus pies para preguntar sobre un ser querido. Además, fue el más perverso torturador que denunció Dominga Álvarez de Scurta, días antes de pasar a integrar la nómina de detenidos-desaparecidos de Jujuy. Y también fue el oficial responsable que irrumpió en la casa paterna de Julio Rolando Álvarez García y lo secuestró, esto lo sostienen todos los testigos que presenciaron el acto y que fueron los familiares y amigos que ese día almorzaban en la casa del barrio Ciudad de Nieva.

Según Rafael Mariano Braga, el trabajo que hicimos con los familiares de los detenidos-desaparecidos contribuyó a crear una ficción sobre su trayectoria militar en Jujuy. Quiero dejar constancia que soy un escritor que respeta la creación literaria, pero que mi trabajo de rescate de las voces que vienen del pasado ha sido realizado con el rigor del periodismo de investigación. Que mi título de licenciado en comunicación social me habilita para realizar esta tarea con solvencia. Que mi actividad como investigador acreditado de la Unju, me permite calificar a los testimonios que tienen un alto grado de credibilidad por los constituyentes que poseen y también descartar otros que sólo son maniobras, como las que emplea Braga, en su intento torpe de desvincularse de una historia que reclama justicia desde hace varias décadas.

El abogado defensor de Braga, Mario Vitellini, preguntó a los jueces cómo era posible que los testigos de la querella recordasen hechos que ocurrieron hace 37 años, cuando él no recuerda lo que hizo hace poco. Tenemos que aclarar, por lo tanto, que la tarea de rememorar la realiza la persona que necesita entender lo que sucedió, que hacen falta palabras para construir un manto de memoria que nos proteja de los hechos que nunca debieron haber sucedido y que hay cuestiones que actúan como invariantes: personas, hechos y fechas.

Ahora bien, las personas que cometieron actos aberrantes no necesitan rememorar. Por la simple razón de que ellos necesitan olvidar. El olvido es, para ellos, una necesidad para seguir viviendo. Los que fueron humillados necesitan recordar para exigir justicia; los asesinos necesitan olvidar para hacer más llevadera la culpa que cargarán hasta el último día de su vida.

He escrito que tuve un privilegio raro: varias de estas palabras se la pude decir en la cara de Rafael Mariano Braga. Él no tuvo que pisar un charco inmundo de agua. Estaba sentado detrás de su abogado que me pedía que por favor no lo mirara a su defendido, que me dirigiera a los jueces.

Hoy, todos podemos mirar a los ojos a los asesinos porque sabemos la importancia del deber de la memoria.

jueves, 18 de abril de 2013

La peste también es jujeña


La peste es siempre de afuera, dijo alguna vez un escritor de esta tierra de fronteras. Ironizaba, claro, sobre los problemas que los jujeños no nos atrevemos a enfrentar. Hablaba del cólera aquel escriba. Decía que siempre venía de Bolivia, como tantos otros males. ¿Hace falta que vuelva aclarar que era una ironía? Lo aclaro, por las dudas.
Respeto la decisión de los expresarse que tienen los dirigentes de la UCR y el FAP. Me hubiese gustado leer las opiniones de los organismos (así, en plural, como titulan la nota) de DDHH. Pero, ya sabemos, no siempre los títulos dan lo que prometen. Ahora bien, ¿no sería interesante preguntarnos sobre cómo está constituido nuestro sistema judicial (me refiero al de Jujuy, claro), si existen ramas familiares (incluyendo a los parientes políticos) en su estructura, si hay una organigrama paralelo constituido por afectos (por llamarlo de algún modo) que producen ruidos comunicacionales (por seguir dando vueltas con las palabras) que traban pedidos de justicia (los crímenes de lesa humanidad sin ir más lejos)?

http://www.las24horasdejujuy.com.ar/index.php?option=com_k2&view=item&id=7234%3Apartidos-pol%C3%ADticos-y-organismos-de-ddhh-y-sociales-de-jujuy-en-contra-de-la-reforma-judicial-que-se-debate-en-el-parlamento-nacional&Itemid=548

jueves, 4 de abril de 2013

Memorias oficiales, memorias marginales. El caso de Tilcara


Desde el gobierno de Néstor Kirchner, la visibilidad de las políticas de memorias se ha modificado. En un principio, las consignas de “memoria, verdad y justicia” fueron enunciadas casi exclusivamente por los movimientos de DDHH. Sus integrantes influyeron para que Raúl Alfonsín ordenara, en diciembre de 1983, el Juicio a las Juntas Militares; ellos mantuvieron la lucha aún en los difíciles tiempos de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final; con esas consignas resistieron el Indulto a los comandantes que otorgó Carlos Menem. Por lo tanto, hay que decir que la decisión del entonces presidente Kirchner de basar su política de DDHH en la lucha de madres y familiares de detenidos-desaparecidos potenció, como ningún otro gobierno post dictatorial, el reclamo de estos organismos.
Una política no se basa únicamente en líneas de acción, también se forma con los actores que la constituyen. Así, varios militantes o hijos de militantes empezaron a ocupar cargos en reparticiones públicas de la nación y de las provincias. Para algunos, esta decisión puede ser mirada como un intento de cooptación; para otros, significa la acentuación de una política de reparación. Como sea, el resultado es una multiplicación de discursos conmemorativos referidos a cada 24 de Marzo.
Una cuestión interesante para analizar sería averiguar si esta proliferación de memorias de la represión dictatorial genera discursos y prácticas que problematizan, movilizan y permiten la reflexión; o si –por el contrario– la multiplicación de discursos de los trágicos sucesos de los setenta produce una disfunción narcotizante que se agota en los rituales conmemorativos.
Más allá de la cuestión planteada, resulta enriquecedor ver cómo los trabajos de rememoración encuentran espacios donde, años atrás, era impensado ya sea por indiferencia o por incapacidad para superar el trauma vivido. La contracara está dada por actos que giran sobre sí mismos, que repiten discursos dichos en años anteriores y que devalúan a las palabras por el uso reiterativo hasta el punto que no movilizan a nadie.
Los actos conmemorativos del año pasado tuvieron un común denominador: varios oradores solicitaron la renuncia al juez Carlos Olivera Pastor, quien había sido denunciado desde 2009 por rechazar sistemáticamente pedidos de indagatoria a acusados de cometer crímenes de lesa humanidad. Unos días después, Olivera Pastor renunció y, como acto de despedida, concedió una entrevista a Canal 7 de Jujuy en la que, sin ningún pudor, expresó que él había realizado grandes avances para agilizar las causas. Que conste la falta de verdad del ex juez subrogante y que conste también la falta de coraje para repreguntar por parte del periodista.
Así como sabemos que la memoria personal es incompleta, inestable y poco confiable; que está afectada siempre por el olvido y por la negación, la represión y el trauma; la memoria colectiva no es menos circunstancial ni menos endeble, sus marcos de ninguna manera son inmodificables a lo largo del tiempo. La memoria siempre queda sujeta a la reconstrucción, a veces de manera ingeniosa, otras no tanto.

La memoria interior
Desde hace un año, el Instituto Interdisciplinario Tilcara (ITT) de la Universidad de Buenos Aires desarrolla un ciclo de proyección de documentales. Entre el 20 y 23 de marzo pasado, se exhibieron cuatro documentales: tres referidos directamente a problemáticas trágicas de nuestra provincia y uno a mujeres que buscan restos humanos en el desierto de Atacama (Chile). Son historias que ocurren en lugares alejados de las grandes ciudades, con hombres y mujeres que pocas veces entran en las páginas de los libros oficiosos de la historia.

La primera vez que leí unas líneas sobre la represión en Tilcara fue en el libro Jujuy, 1966/1983 de Andrés Fidalgo (2001). En la página 195, el escritor narra que, a mediados del año 1976, policías de San Salvador de Jujuy detuvieron a alrededor de quince personas, a las que sumaron dos o tres de Maimará. Fidalgo expresa que todos fueron liberados excepto dos: Horacio Gaspar y Oscar Schultz, ambos docentes, quienes fueron llevados –sin ningún justificativo– a la cárcel. Expresa, además, que en el operativo habrían colaborado un pintor y maestro de la ciudad quebradeña y “un conocido antropólogo y su esposa de igual profesión que se desempeñaban en el IIT”. Todos los que vivieron en Tilcara durante aquellos años conocen los nombres que el escritor cita de manera relativa; todos saben lo que pasó pero nadie habló durante mucho tiempo. Ya sabemos: si no se habla es como si no hubiese sucedido.
Es por todo lo anterior que resulta altamente positivo que el IIT proyecte documentales referidos a “los años de plomo”, que invite a familiares de detenidos-desaparecidos, documentalistas e investigadores a dialogar con los vecinos para reconstruir una trama que durante varias décadas estuvo postergada. Porque efectivamente ocurrieron atropellos injustificados en el interior de nuestra provincia y pocos se atrevieron a denunciarlos. Hoy, en la misma institución que una pareja de antropólogos conspiraban para la detención arbitraria de vecinos, las imágenes y los sobrevivientes hablan de lo que nunca debió haber sucedido. Y esto es bueno también saberlo.
La proyección de documentales se complementó con una muestra de fotografías y textos que contextualizaban las imágenes. Escribo muestra y me tengo que corregir: en el patio del Museo Arqueológico había una instalación de fotos y textos que se agitaban con la dirección del viento del lugar.
Ya hablamos que tanto la memoria individual como colectiva se desarrolla siempre sobre arenas movedizas. En el caso de esta instalación, las fotos y los textos estaban anclados a robustas piedras que intentaban, en vano, configurar una permanencia.
Nadie miró dos veces la misma instalación. Si, en un momento, nos asaltaba la miraba firme y desolada a la vez de Jorge Weisz (firme por sus convicciones, desolada por no saber la suerte que le esperaría a sus seres queridos y a él mismo), en la típica imagen del detenido que mira de frente, enseguida estaba la foto de perfil que confirmaba que, para los dictadores, la presencia de hombres que habían renunciado a vivir de manera conformista y abrazaban a la ética, como Weisz, era sumamente peligrosa para los personeros del poder.
Las imágenes nos recuerdan a las personas que ya no están: Avelino Bazán, Alcira Fidalgo, “Dumbo” Turk, Luis Wayar (detenido no desaparecido) y otros, y también nos llevan al pasado de nuestra propia historia, a escuchar voces que ahora nos parecen lejanas. Lo peor que podría pasarnos es no escuchar esas voces que vienen desde atrás, que nos sugieren comportamientos, que nos recuerdan deberes y que, fundamentalmente, nos hablan de injusticias que aún faltan reparar.
Aún quedan muchos habitantes en Tilcara que recuerdan a los dos furgones que secuestraron a sus vecinos, en aquel 1976. Es posible que alguno haya gritado, que otro no se animó a responder porque entonces las palabras se habían vuelto inseguras. Todo lo que se expresara podía ser usado para convertir en subversivo al que las enunciara. El sueño del traidor parecía haberse cumplido: nadie lo denunciaba. Por eso tenemos que recordar, porque el que traiciona busca no tener memoria; el olvido es, para él, un modo de subsistencia.
Los vecinos vieron y escucharon, percibieron que algo grave estaba ocurriendo para que uniformados de la ciudad más importante de la provincia secuestren gente de una ciudad tranquila. Los que protagonizaron los secuestros destruyeron pruebas y maltrataron a los testigos para asegurarse el olvido de sus propias historias. Pero la percepción de lo visto y oído fue una huella que quedó en muchos que se convirtieron en portadores imprescindibles de los relatos del horror. Una huella que recuperó su forma por las historias que se contaron en el IIT. Es decir, lo percibido y guardado en un subsuelo de la memoria y lo representado, posibilitan la rememoración.
El pasado, por lo tanto, estaba bien representado. El viento que se colaba por los muros parecía indicar que existen nuevas perspectivas para representar la masacre. Las fotografías y los textos atados con hilos finos y resistentes desplegaban historias, en el mismo patio que hace unos años, algunos paseantes habían decidido bloquear el paso de la historia. Tarea que fue en vano porque la historia, como el viento, no detiene su inexorable marcha. 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Estoy rodeado de viejos vinagres

En Jujuy, sabemos que la mayor fiesta juvenil es la de los estudiantes que se celebra en este mes, precisamente. Justo ahora que el gobierno nacional promueve habilitar a aquellos que tienen dieciséis años a participar de una elección (como votantes, no como candidatos, of course), vamos a hablar de esta cuestión juvenil. Los jóvenes que cursan el secundario y participan activamente en la Fiesta Nacional de los Estudiantes (FNE) -¿hace falta decirlo?- son aquellos que tienen menos de dieciocho. La FNE es organizada por el Ente Autárquico Permanente que fue creado por el entonces gobernador Carlos Alfonso Ferraro, quien designó como máxima autoridad a ¡su esposa! María Inés Haquim, en la segunda mitad de los noventa. En la actualidad el Ente está bajo la dirección de Santiago Solá, un hombre al que la juventud lo dejó hace varias décadas. No tengo nada contra él -lo aclaro por las dudas-, como tampoco tengo nada contra los viejos (me acuerdo que fue un viejo de ochenta años el que nos marcó el camino de recuperación de las memorias de la represión dictatorial en Jujuy: Andrés Fidalgo, quien siempre fue el más joven de todos los escritores); simplemente quiero preguntar: ¿la política juvenil no la debería coordinar alguien que pertenezca a la juventud? ¿O es que acaso Solá es más joven que todos los militantes de la Cámpora en Jujuy? ¿Los jóvenes sirven para vota y no para ser electos? ¿Sirven para ser carroceros y no para organizar la FNE?
http://www.fne.org.ar/institucional

martes, 7 de agosto de 2012

Corazón


Mi amiga Ileana Medina Hernández hace unas horas colocó en andariveles (perdón por la metáfora natatoria) distintos al amor como expresión del corazón y la conducta tangible que se manifiesta en acciones concretas (dar, acompañar, acariciar, permanecer, comprender, perdonar, aceptar). Ella sostiene que es un síntoma de una cultura neurótica. Quizás tenga razón. Como sea, a mí me hace pensar en la importancia de las palabras, en el uso de metáforas que sugieren, agrandan y emocionan (también existen aquellas que están desgastadas porque se convirtieron en un lugar común). Palabras que invitan a la acción. Palabras que hacen que el amor se manifieste en acciones. Por lo tanto, quizás la problemática está mal planteada. Tal vez tengamos que sacar un cable que separa y dejar que por el mismo andarivel fluyan las buenas metáforas y las acciones que ellas desencadenan. Escribo esto y siento que entiendo mejor a Ileana. Entiendo que la palabra "corazón" ha sido desgastada por malos poetas, malos administradores de la fe y pésimos funcionarios públicos. Por mi parte, yo ("que nunca tuve otra religión que el cuerpo de una mujer") prefiero creer que el amor -si hay que pensar en que vive en alguna parte del cuerpo humano- existe entre las curvas de los pechos de una mujer. El corazón queda mejor en una tabla de anatomía o en el mostrador de una carnicería. Por suerte existen buenas canciones que nos reconcilian. Como la que cantan Fito y Ana Belén.

miércoles, 1 de agosto de 2012

COMO POETA, HÉCTOR TIZÓN FUE UN GRAN NARRADOR.


El gobernador Eduardo Fellner dijo, según El Tribuno de Jujuy de hoy, “despido no sólo a un gran hombre de Jujuy, sino a un poeta, a un hombre de la cultura, buen juez, un hombre que ha marcado la trayectoria en la política, en lo ideológico en lo cultural sino también a un hombre apreciado". Es saludable que los funcionarios públicos se interesen por sus escritores. Sería más saludable si pueden precisar los géneros literarios que han practicado esos escritores. Tizón, para decirlo claramente, nunca escribió poesía. Por otro lado, como juez, el gran narrador (y nunca poeta) ordenó detener el avance de una empresa minera en la Quebrada de Humahuaca; nunca estará de más recordarlo. Todo esto nos obliga a pedirles a los funcionarios públicos que cumplan con un deber primordial: quedarse callados cuando no tienen nada para decir.

martes, 22 de mayo de 2012

Yo no vivo en Dinamarca

Uno se anota para concursar una materia. El concurso se suspende. Hay que ratificar que uno se quiere presentar, aunque pasaron varios meses. Uno lo hace. El concurso -como casi todos- tiene un tufillo a podrido, aunque no vivimos en Dinamarca. A pesar de lo apuntado, uno lo gana de tal manera que no existen impugnaciones. Espera la resolución del Consejo Académico que lo confirme. Sucede: uno está confirmado. Uno está en un programa de mejora a las Ciencias Sociales y el secretario Administrativo de la FHyCS, Julián Hamity, le dice que el aumento de dedicación saldrá con el pago del mes de abril y será retroactivo a marzo. Uno festeja y hace planes. Uno va a cargado de ilusión al cajero el 1ero de Mayo y no pasa nada con el aumento prometido. Le pregunta al secretario Administrativo y dice que la culpa la tienen en el Rectorado. Habla con el Secretario Académico de la UNJu, Gustavo Lores, y le tira la pelota a Varela ("Varelita") de Tesorería. Uno habla de lo mismo con "Varelita". El otro devuelve la pelota y dice que Hamity nunca le habló de la cuestión. Conclusión: nadie tiene la culpa, la culpa siempre es del otro. Por lo tanto, uno que es un resentido social empieza a juntar datos, arma un seguimiento con los concursos que se realizaron, con los que se impugnaron con justicia, con los que no se impugnaron (aunque el que ganó ni tenía título universitario ni una trayectoria periodística que la supliera). Uno escribe esto y pide a todos aquellos que se sienten estafados (por otros que no tienen la culpa nunca) se comuniquen con uno. Uno quiere armar un documento que demuestre que hay funcionarios que no funcionan. Que una vez por todas alguien debería poner la cara y dar una explicación. No para uno, claro, para todos.

domingo, 22 de abril de 2012

Y sin embargo


“No miento si juro que daría por ti la vida entera”, dice el cantautor y también aclara que no será más fiel que a sí mismo. Él, como nosotros, corazón, es una oveja descarriada de tantas madrugadas. Me gusta mucho esta canción porque siempre sentí la tentación del solitario para escuchar música sin interferencias, para leer en silencio los poemas que pocos conocen (“mi mujer con lengua de hostia apuñalada”), para trabajar sin que ningún jefe me toque los cojones. Y sin embargo (parece que siempre hay un “sin embargo”), corazón, ahora que vivo solo, cuando no estás, mi casa es una oficina. ¿Por qué en el momento que empiezo a llevarme bien con la soledad tengo que necesitarte? Existe algo que nos une, algo que se empeña en apuñalar mis palabras para que yo vuelva a escribir una y otra vez el poema que resuelva el dilema de esta trama. Tal vez todo se reduzca a la maldición de intentar escribir el verso imposible. Sospecho, corazón, que aceptás ese destino para mí. Y yo, por vos, daría la vida entera.


jueves, 5 de abril de 2012

El rugido del León

León Gieco actuará en San Pedro de Jujuy, el miércoles 11 de abril


León con dos artistas de "Mundo Alas"
Fui aquella vez que León Gieco actuó en el estadio de la Federación de Básquet, aquí, en San Salvador. El recital fue en los últimos meses de la dictadura y anticipaba lo que sería la gira “De Ushuaia a La Quiaca”. Una semana antes de que el músico actuara, su representante  -creo que era Pity Iñurrigarro- estuvo en Radio Nacional, cuando todavía los estudios de transmisión estaban en la calle Ramírez de Velazco; allí habló de los músicos nuevos: Charly García, Luis Alberto Spinetta, Raúl Porcheto, Miguel Cantilo, Sandra Mihanovich y, por supuesto, de “El Campesino” (así lo apodaban entonces al autor de “Sólo le pido a Dios”).

Fue un momento muy especial aquel recital. Todos habíamos aprendido a andar con cuidados y sabíamos del peligro del terrorismo de Estado, aunque entonces no hablamos con esas palabras; en rigor, casi no hablábamos del terror que todos teníamos. Por eso, aquel recital fue como un soplo de aire puro en medio de una sociedad contaminada. Me acuerdo que, en la Federación, nos encontrábamos con otros que eran como nosotros. Por fin, la palabra nosotros tenía un sentido concreto.

Nunca imaginé que, en aquellos años, tantos jóvenes teníamos el pelo largo. Entonces, éramos como esos trasnochados que aguantan hasta que sale el sol y recién cuando se abrazan por algo, se dan cuenta de que el frío ya pasó. Aquella vez, muchos nos abrazábamos sin saber porqué. Ahora lo sé: el momento era especial porque ese día se empezó a percibir que el fin de la dictadura estaba próximo.

León empezó con “La Navidad de Luis” y todos saltamos para demostrar que estábamos vivos. Cantó su clásico “Pensar en nada” que, como la mayoría de sus canciones, nos hizo vibrar y pensar. Nos deliramos con “La Rata Laly” porque la voz de Gieco salía por un canal y, por otro, aparecía la de la Rata por medio de un efecto especial. El cierre del recital fue a toda orquesta: “El Campesino” presentó a “Los hijos de Humahuaca”, un conjunto folklórico local y dijo: “Escuchenlos porque son muy buenos músicos y porque son de ustedes”. Juntos cantaron “Solo le pido a Dios”. Me corrijo: todos cantamos aquel himno.

¿Por qué escribo esta reseña que debí haber escrito hace treinta años y que entonces no me animé? Porque el miércoles 11 de abril, el músico actuará en San Pedro a beneficio de la Casa de la Mujer “María Conti”. Hace ocho años, León había estado en esta ciudad, pero esa vez no cantó, tuvo que tocar el “pianito” en el juzgado de San Pedro. Allí dejó sus huellas digitales y se negó a declarar por la denuncia que tenía en su contra. La acusación había sido presentada por un abogado local que lo incriminaba por “instigación el crimen”, ¿hace falta recordar que la canción “Santa Tejerina” y las declaraciones periodísticas en las que León defendía a la joven Romina Tejerina le trajeron este problema judicial?

Hace falta. Porque después, Raúl (“León”) Giego fue sobreseído por la Justicia. Sus seguidores no necesitábamos esa confirmación de inocencia. Él tiene una trayectoria impecable como artista popular. No sólo llegó a esta provincia a tocar -y reivindicar- músicos como Ricardo Vilca, Los Beteranos (sic) de Humahuaca y copleros anónimos, sino que él escribió temas que hacen que los jujeños nos reconozcamos en sus letras: “Rey mago de las nubes”, “Cinco siglos igual”, “Maestras de Jujuy”, “La memoria” y la lista sigue. También se comprometió con causas sociales: su oposición a la guerra de Malvinas, la solidaridad para con los familiares de los detenidos-desaparecidos, el amor por las personas con capacidades diferentes y, muy en especial, para con los excluidos por la dictadura primero y el neoliberalismo después.
 
Ahora que el músico vuelve a San Pedro no está mal recordar que su pedido por una sociedad más justa es un rugido que tiene varias décadas. Escribo esto porque tengo escritores amigos e investigadores jóvenes (pienso en especial en Belén, Paula, Fernanda, Gonzalo, Pamela, Ximena, Natalia, Magali, Juan Pablo, Lía, Darío, Valeria, Sabina, Silvina, Martina, Bruno, Manuel, Susana, Pablo, Lucía, Carla, Daniela, Facundo, Mistol, Ezequiel, Agustín, César, Laura, Daniel, Romina, Gabriela, Andrés, Federico, Meliza y Victoria) que nacieron justamente en la peor dictadura que tuvimos que soportar y no saben de aquel recital en la Federación. Escribo esto porque el 13 de junio próximo comenzará el primer juicio por delitos de lesa Humanidad en Jujuy; por fin se juzgará a algunos de los responsables del secuestro y posterior desaparición de Julio Rolando “Pampero” Álvarez García. Escribo esto  porque somos muchos los que pedimos que lo injusto no nos sea indiferente.


domingo, 4 de marzo de 2012

Curso “Literatura en Jujuy: De la oralidad al hipertexto”

Dictado por Alejandra Nallim y Reynaldo Castro.

La oralidad. La literatura anónima: leyendas, cuentos, mitos, relatos, etc. El campo y la ciudad. Los primeros escritores y los fundadores del campo literario local: la Generación X. Literatura de viaje, femenina, testimonial y autobiográfica. La construcción de la figura de un escritor de fronteras. Nuestros años setenta: ¿una vanguardia local? La Generación Y.  La poesía de posdictadura: entre la utopía democrática y la indignación por las atrocidades de la dictadura. Campo literario de los 90: El fin de la inocencia. Los pliegues de las memorias de la represión dictatorial. La Nueva Historia: la consolidación de un campo de investigación regional. La generación Z: estéticas del nuevo milenio. La aldea blogal.

La capacitación tiene una duración de 60 horas cátedras y cuenta con una evaluación final.

Empieza el 14 de marzo.

Más información: Dirección de Cultura de la UNJu, Av. Bolivia 1685 Barrio los Huaycos, teléfono 4244101 de 08,00 a 13,00 horas y de 15,00 a 19,00 horas, mail: cultura@unju.edu.ar.

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