jueves, 20 de marzo de 2008

Periodismo, una actividad peligrosa

Un investigador argentino que trabaja en una universidad de Estados Unidos me pregunta si yo conocía al periodista que mataron en Jujuy. Desde miles de kilómetros de distancia, el científico afirma que el hecho es una tragedia. Quizás, los jujeños todavía no tengamos la suficiente distancia para apreciar la verdadera dimensión de este asesinato.


Un periodista es alguien que cuenta historias. Busca, edita y comunica; es decir, transforma hechos en noticias. Por lo general, los buenos periodistas no tienen mucho que decir pero sí saben qué preguntar. Y, llegado el caso, saben qué es lo que se debe repreguntar. Entonces, un periodista no importa por lo que opina y sí por lo que pregunta.

Cuando el periodista empieza a ser reconocido por sus vecinos, cuando su palabra es escuchada con más atención, él está en condiciones de convertirse en una voz autorizada. ¿Autorizada por quién? Por los integrantes de la comunidad a la que se dirige. Ellos legitiman al periodista.

Muchas veces los periodistas son envidiados por los universitarios. Estos, lo sabemos bien, se han profesionalizado en la acumulación de un saber que muchas veces no encuentra eco en la sociedad. Tiene que ocurrir una desgracia evidente (digamos una contaminación que produce una montaña de plomo en el centro de un pueblo) para que las voces de los científicos sean escuchadas atentamente.

Mientras no ocurra una catástrofe, los periodistas son quienes concentran la mirada del público. Y, dentro de su propio campo, los que ejercen su oficio o profesión en la televisión son los que más reconocimiento cosechan.

***

Los teléfonos de una redacción periodística son usados más en llamadas salientes que entrantes. Lo dijimos: los periodistas buscan, indagan, preguntan. Ellos, salvo honrosas excepciones, saben de todo un poco y casi nada en profundidad. Están siempre dispuestos a escribir sobre el último fenómeno mediático; tanto a favor como en contra.

Algunos, aquellos que tienen una fuerte presencia en los medios, ya sea por sus apariciones o sus declaraciones, reciben llamadas desde los centros del poder. He visto a las mejores mentes del campo periodístico local ser tentadas por mandatarios, ministros y aspirantes a políticos. Algunos, esto también me consta, aceptan ciertas prebendas, venden espacios que construyeron a lo largo del tiempo y se dedican a administrar lo que entra y lo que sale. Es evidente, por otro lado, que determinadas presiones son originadas desde los mismos medios de comunicación.

El primer indicador que aparece, cuando una sociedad se degrada, no está relacionado con lo estrictamente económico. El primer síntoma de infamia está dado por la corrupción de la palabra. ¿Cuándo sucede esto? Cuando se difunden tendencias que no existen, cuando se potencian ideas que no merecen ser tenidas en cuenta por las audiencias y cuando sólo habla el que más fuerte grita. Lamentablemente, ya no quedan rebeldes que hagan oír sus voces, pero, a menudo, ese espacio se sigue llenando con sonidos guturales que son afinados por el dinero.

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Marzo, para los argentinos, es el tiempo en el que la memoria se hace más densa. Significa, a partir de ahora, el mes más cruel para los periodistas jujeños. En la madrugada del miércoles 18, un proyectil calibre 22 dejó sin vida a Juan Carlos Zambrano, jefe de noticias del medio de información local más influyente.

No tengo tiempo ni ganas para analizar la trayectoria periodística del periodista asesinado. Esta tarea bien podría ser uno de los temas de las monografías y tesis que se realizan en la carrera de Comunicación Social de la UNJu: ¿cuáles son los temas que tratan los periodistas en Jujuy?, ¿qué ideas son potenciadas por los medios?, ¿cómo son presentados los distintos actores sociales? Y una pregunta más ambiciosa: ¿de qué no se habla en la esfera pública?

Zambrano ocupó una posición central en el campo periodístico. Fue odiado y reivindicado por importantes sectores de la sociedad. Los avisos de condolencias que aparecieron en los medios gráficos, casi todos firmados por actores sociales reconocidos, y los llamados telefónicos que se difundieron por la radio del multimedia donde trabajaba dan prueba de lo que digo. En algunos casos, varios políticos que lo odiaban en voz baja no tuvieron más remedio que expresar públicamente algo que, en verdad, no sentían. Distinta fue la situación de la audiencia que el periodista supo construir: los llamados anónimos resultaron fuertemente creíbles y no existen motivos para dudar de su sinceridad.

***

Una fuerte sensación de miedo se instaló en la sociedad aquella madrugada funesta. Los compañeros de redacción de Zambrano empezaron a trabajar en busca de indicios no bien se enteraron del asesinato. Ese día, los teléfonos fueron desbordados por los llamados que pedían información, gente que quería saber qué había pasado, por qué había sucedido y cómo fueron los hechos.

Esa vez, la lógica comunicativa se invirtió: el periodista ya no era el que preguntaba sino el que protagonizaba la noticia. Rápidamente empezaron a circular diversas hipótesis, dos se destacaron y ganaron las calles: se trataba de un crimen pasional o era un ajuste de cuentas desde algún resorte del poder.

De nada sirve especular sin pruebas a la vista. Hasta ahora sólo sabemos que hay una persona detenida. Que muchos (y no hablo exclusivamente de los periodistas) tienen miedo. Y que algunos (pocos, afortunadamente) reclaman el regreso de una mano dura que controle la espiral de violencia que crece día a día.

Algo grave sucedió. Un periodista fue asesinado. La posición que ocupaba y la violencia del hecho nos obligan a pronunciarnos para repudiar el crimen. Permanecer en silencio es lo peor que nos puede suceder como sociedad. No repudiar este asesinato sería convertirnos en una comunidad ultimada, tan ultimada como el periodista Juan Carlos Zambrano.

Este texto fue reproducido en El informante digital en marzo del 2008.

3 comentarios:

manancancho dijo...

Lamentablemente un hecho de estas caracteristicas no tuvo la repercusión nacional que realmente se merece. Así como no tuvo repercusion una ciudad sitiada,una casa de gobierno tomada.
No estamos muy lejos de colombia en jujuy.

Anónimo dijo...

Es cierto que se debe repudiar el asesinato de Zambrano. Pero que ello no lleve a convertirlo en el icono del periodismo critico o el vocero de los "sin voz". Todos (o la mayoria) los que vivimos aca en Jujuy City sabemos que J.C era un tipo que laburaba para intereses politicos determinados y que respondia a las ordenes directas de Jenefes. Asi que el verso del periodista critico no es para difundir. Zambrano era como gran parte de los periodistas de esta provincia, un mercenario que abandona todo compromiso etico para trabajar para los intereses de algun sector o funcionario politico.
Con esto no quiero decir que este bien que lo maten a Z o a cualquiera. Pero el repudio no solo tiene que servir para convertir martires sino para que el periodismo local revea su postura acomodaticia. Los mecenas que tienen no son otra cosa que mafiosos y corruptos. Y en los codigos de la mafia el asesinato es un recurso al igual que la compra de voluntades.
A Z, de dudoso patrimonio, nunca se le escucho decir nada en contra de su patron, al igual que es sabido cual es el patron de otros periodistas que en cuanto pueden se acomodan en algun cargo o consigue espacios de aire y grandes sumas de publicidad oficial.
Ademas no hay que olvidarse que el tipo era un violador y un racista con microfono abierto.
Por ultimo Mamaracho se muestra preocupadisimo por la casa de gobierno tomada y la ciudad sitiada. Y no quiere parecerse a Colombia.
Jeje, en todo caso si nos parecemos a Colombia no es por la incontrolable protesta social sino por que carteles del narcotrafico, mafiosos y periodistas obsecuentes gobiernan la provincia y ocultan y deforman la verdad. Por que es mas facil indignarse por un corte de calles, que por los pauperrimos salarios de los docentes y trabajadores. Y si el hecho no tuvo repercusion cabe preguntarse que es lo que se quiere tapar? o todos estamos convencidos que fue Chauque. En tres años sale libre y desaparece o se ahorcfa en el penal. Y no es futurismo.

Aca no existe inflacion, no hay crimenes por encargo, no hay mafias ni narcotrafico. Todo es culpa de los piqueteros.
Urgente un pasaje a Miami para el mamaracho!!!!

Anónimo dijo...

A mi lo que mas me preocupa, no solo de esta ciudad, sino de este pais, y tambien me duele, es que hoy en dia, cualquiera maneja vehiculo, cualquiera canta, cualquiera opina, y estimado amigo: cualquiera escribe. No es por nada esa frase que dice ¡Que pais generoso!

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