martes, 2 de octubre de 2007

Tres historias de hombres infames

Todos los vecinos ayudan a Agustina. Ella pasa después de las nueve de la noche y en cada casa recibe restos de comida, algunas monedas y, de vez en cuando, útiles escolares. ¿Cómo es que la desgracia se adueñó de ella y sus tres hijos? Quizás todo comenzó cuando su marido volvía borracho después de haber cobrado algunas changas y la golpeaba. Más tarde, cierta tranquilidad llegó a la vida de esta mujer: el golpeador abandonó a la familia y nadie supo más nada de él. Ni siquiera volvió cuando el hijo mayor apareció ahorcado en la seccional del barrio.

Juan estaba por cumplir los dieciocho y había empezado a deambular, junto a sus amigos, por otros barrios. Estaba en la edad en que los jóvenes sienten la obligación de buscar mujeres para el levante. Una madrugada, a la salida de un boliche, el hijo mayor de Agustina se vio envuelto en una pelea de borrachos y, para su desgracia, esa vez la policía se presentó rápidamente.

Una trompada en la nuca lo había dejado mareado y tambaleante. Por eso, él no tuvo la agilidad que sí tuvieron el resto de los contrincantes y fue detenido. A partir de ahí, el resto de la historia se completa con suposiciones.

La versión oficial dice que el joven se ahorcó con su campera: una manga estaba atada a un tirante y la otra envolvía el cuello. Para los amigos de Juan eso nunca podría haber ocurrido porque no estaba ni borracho, ni tenía estados depresivos y la circunstancia en que fue detenido dejaba muchas dudas. Para la madre, que no tiene más fundamento que lo que le dicta el corazón, su hijo nunca hubiese querido provocar un daño ni mucho menos hacerla sufrir.

El hecho ocurrió hace dos años y circuló como un rumor que se fue deformando a medida que se transmitía. Para colmo, Agustina no tiene trabajo fijo, ni siquiera tiene una de las ayudas económicas que brinda el gobierno o algunas de las organizaciones sociales. Sin formación laboral y sin una voz que interese a los medios masivos, tiene miedo por sus dos hijos y no dispone del respaldo que va más allá de la solidaridad acotada de sus vecinos.

Nadie pidió por ella; yo no hice nada. Si recién ahora escribo sobre este caso es porque no puedo aguantar el óxido que tengo en la garganta y porque sé que si no lo cuento, mi cuerpo se llenará de herrumbre.


El caso Marcuzzi

La persona que me contó el drama de Agustina inmediatamente recordó un hecho que sacudió a toda la provincia en los últimos días de 1997: el asesinato de Juan Marcuzzi en la carnicería de su familia. Según uno de los abogados del padre de la víctima, se trató de “un crimen por encargo”.

En el sangriento episodio murieron, además, dos delincuentes y un policía. En tanto que el padre del joven asesinado salvó milagrosamente su vida. El caso fue tan impactante que los diarios de tirada nacional no pudieron dejar de mencionarlo. Así, la corresponsal de Clarín escribió que se trató de un “brutal asalto comando a una carnicería”. Por su parte, Raúl Noro, en La Nación, relató que: “Cuatro muertos (entre ellos un policía, dos delincuentes y el hijo del dueño de un conocido negocio de venta de carnes) y tres heridos fue el resultado de un espectacular asalto, que tuvo visos impensados por la toma de rehenes, que luego fueron liberados, y por un violento tiroteo que se prolongó por lo menos tres horas, en un concurrido barrio comercial de esta capital”.

Posteriormente, hubo un primer juicio en el que se condenó a Gustavo Medina por robo calificado y homicidio; el condenado, es necesario recordarlo, fue el único de los asaltantes que no fue abatido por el personal policial. Más tarde, el comisario Héctor Francisco Burgos fue condenado por el delito de robo y falta a los deberes de funcionario público. Burgos, una vez que la balacera había terminado en aquella fatídica noche, simuló que estaba herido y se retiró con una parte del botín. Cuando se lo juzgó el padre de Juan Marcuzzi exclamó: “A mí no me interesa lo que pueda haber pasado con esa plata. A mí lo que me interesa es saber la verdad. Mataron a mi hijo. ¡Yo quiero Justicia!”.

En los primeros días del mes pasado, la policía detuvo a Daniel Eduardo Gianinetto, quien está procesado por su participación en el sangriento asalto y era, según un diario local, “una de las personas más buscadas de Interpol”. La detención podría permitir la unión de varios eslabones sueltos, ya que según el padre del joven Marcuzzi existe una cadena de encubrimientos por parte de los autores del aquel violento hecho.

El próximo 23 de diciembre se van a cumplir diez años de aquel caso que todavía tiene varias interrogantes.


Un genocida en San Salvador de Jujuy

El miércoles 26 de setiembre, Luciano Benjamín Menéndez fue citado a declarar en la causa penal por el secuestro y desaparición de la maestra Dominga Álvarez de Scurta. El genocida había sido comandante del Tercer Cuerpo del Ejército que bajo su jurisdicción estaban las provincias del norte. Él, además de ser un protagonista central de la última dictadura, también ocupó el centro de la escena mediática el 21 de agosto de 1984.

En aquel día, a la salida de un canal de televisión, envuelto en sobretodo oscuro como un uniforme, el genocida sacó un cuchillo con el que intentó atacar a un grupo de manifestantes que lo insultaba. Dos personas también formaron parte de la escena (imagen que después, congelada en una fotografía, obtuvo el premio Rey de España de fotoperiosimo): estaban a los costados del cuchillero. La expresión de los hombres que aparecen sin sobretodo era de temor. Podrían no temer a Menéndez, pero de algo no dudaban: sabían que él era temible. Seguramente conocían las consecuencias fatales de su furia y por eso intentaron frenarlo con desesperación.

En nuestra ciudad, Menéndez -asistido por su abogado defensor Horacio Conesa Mones Ruiz- se negó a declarar y la imagen que trascendió a los medios -esta vez- fue patética. El miedo se apoderó del rostro de Menéndez, quien tuvo que ser sacado por personal de seguridad en un operativo muy cuidado.

El “empeño” de los hombres uniformados (policías, gendarmes y penitenciarios) fue justificado, según el semanario El expreso del 28 de setiembre, a fin de evitar que los embravecidos reclamantes le hicieron daño al represor, “como si no se lo mereciera”, remata la publicación.

En este punto vale hacer una aclaración: el reclamo de las madres y los familiares de detenidos desaparecidos de Jujuy es por un acto de justicia, no por un acto de venganza. Muchos de los manifestantes (“miles”, según la citada publicación) y unos pocos periodistas parecerían que no entienden esta diferencia. Los destrozos realizados en el edifico donde funciona el Juzgado Federal y la escasa crítica periodística, así lo demuestran.

Para que quede bien claro: Menéndez, como todo genocida, se merece el repudio generalizado. Debe ser juzgado y condenado por los crímenes que cometió y, en el caso de Jujuy, por los crímenes que permitió que se cometieran, como el de Dominga Álvarez de Scurta y otros casos que superan el centenar. Lo que no se merece es que lo golpeen en un acto de venganza.


Una historia de la violencia

El pensador alemán Walter Benjamin es recordado porque, entre otras actitudes, supo mantener un feroz combate contra de la actitud de anticuario que profesan los que se dedican a escribir la historia. El pensador alemán se oponía a pensar el presente desvinculado del pasado. Para él, lo sucedido no debía estar encerrado en una especie de mausoleo en el que se encuentran solamente muertes y fósiles que apenas sirven para que los historiadores del futuro tengan con qué entretenerse.

Hay historias que sólo hablan de las clases dominantes y relegan -o mejor: clausuran- todo lo que tenga que ver con las víctimas que pertenecen a los sectores populares. En el caso del hijo de Agustina, no hay ningún abogado que pida justicia. Me pregunto cuántos casos como éste existirán. Y también qué acciones podemos hacer, dentro de nuestros límites y según nuestras posibilidades, para que los hombres infames sean juzgados.

En el caso Marcuzzi, más allá de las muertes, lo lamentable es que un jefe policial, cuya función debería ser evitar la delincuencia, haya robado parte del botín y que tengan que pasar muchos años para conocer la verdad.

Finalmente, la presencia de Menéndez en esta ciudad no debería hacernos olvidar que existen otros responsables directos del secuestro y posterior asesinato de la maestra. En mi libro Con vida los llevaron figuran los nombres de varios integrantes de las secta de la picana de aquellos nefastos años. Y también están algunos nombres de civiles que colaboraron con la tarea. Sin ir más lejos, aparece el nombre de quien ofició como testigo de la detención de Dominga Álvarez de Scurta por parte de Ernesto Jaig y sus esbirros. Es el mismo que, en el penúltimo año de la dictadura, asumió como ministro de Gobierno de Jujuy. ¿A que no saben de quién estoy hablando mientras por primera vez en mi vida escribo llorando para que el óxido acumulado salga de mi garganta?

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Animales políticos

Que el peronismo no sólo interesa a sus afiliados es algo que sabemos los jujeños. Gobierna esta provincia continuamente desde 1983 y, por lo tanto, su devenir nos afecta a todos.

En aquel año bisagra, la recuperación democrática restableció a Carlos Snopek en su mandato de gobernador. Dicen que el ingeniero solía tener un axioma incuestionable: el primer año de gestión es para planificar; el segundo, para empezar las obras, el siguiente para inaugurarlas[1] y, enseguida, ganar las elecciones.

A pesar de su clara estrategia, Snopek no pudo aspirar a ninguna reelección y no porque desconociera los valores de sus votantes o porque su estrategia electoral no tenía fundamentos. Simplemente ocurrió que los genocidas irrumpieron en 1976 (y, de paso, inauguraron la etapa más nefasta del siglo pasado), por un lado. La Reforma Constitucional, por otro, le impidió presentarse como candidato a un nuevo mandato.[2]

La época de gobernadores truncos

Después, llegó Ricardo De Aparici, un político con cierta habilidad para construir discursos completos pero insuficientes a la hora de gobernar. Él tuvo el triste privilegio de inaugurar una sucesión de mandatos truncos. Su renuncia fue la consecuencia de reiteradas manifestaciones organizadas por el Frente de Gremios Estatales (FGE) que lideraba Carlos “Perro” Santillán. Entonces, los medios –la televisión en particular– fueron fundamentales en el sostén del conflicto que llevaron adelante los gremios estatales por las sospechas de los actos de corrupción del gobierno provincial. Los gremialistas encontraron una suerte de segunda visibilidad en los noticiosos y programas políticos de la TV. Entonces, por primera vez en esta provincia, los medios redefinieron el espacio público.

Eduardo Huascar Alderete, un médico por entonces desconocido saltó de su cargo de vice para asumir como gobernador. Él completó los trece meses que faltaban en el mandato y entregó el cargo al nuevo gobernador electo.

El abogado Roberto Rubén Domínguez asumió, a fines de 1991, después de ganar en elecciones con ley de lemas. Su rival más próximo, Guillermo Eugenio Snopek (sobrino del ingeniero que había fallecido en un accidente automovilístico) quedó postergado después de enredarse en la ley que él mismo había redactado.[3] Al finalizar la elección, tres candidatos se declaraban vencedores: los dos peronistas antes nombrados y Humberto Salum, el candidato radical que había obtenido individualmente más votos y, por lo tanto, se sentía el ganador moral.

Era el tiempo en que el entonces presidente Carlos Menem se atrevía a tirar por la borda todas las conquistas que su partido había edificado a lo largo del tiempo. En Jujuy, esa crisis venía marcada por la muerte de los grandes caudillos (el ingeniero Snopek, en 1991; José Humberto Martiarena, el ortodoxo líder peronista, en 1988 y Horacio Guzmán, el hombre fuerte del Movimiento Popular Jujeño, en 1992) y era, además, el comienzo de los discursos endebles.

Aquellas elecciones provinciales rompieron con las viejas armas electorales del partido Justicialista. El candidato que posteriormente asumió como gobernador contrató los servicios profesionales de un consultor político:

Cuando el Dr. Roberto Domínguez nos convocó para trabajar en su campaña sus posibilidades electorales eran remotas. Domínguez era un abogado brillante, con antecedentes de haber sido fiscal de la provincia sin haber perdido un solo juicio. En ese momento ejercía el cargo de diputado nacional y era reconocido por su preocupación por el desarrollo económico de la provincia y por sus buenas relaciones con el ámbito empresario.[4]

En otro tramo de su capítulo dedicado a Jujuy, Hugo Haime expresa que puede referirse a su accionar como consultor porque “ha pasado el suficiente tiempo para que los protagonistas del relato no puedan verse afectados en términos de confidencialidad de información”. En aquel momento (las elecciones de 1991), las claves de la sociedad jujeña que descubría el consultor eran “una estructura social fuertemente piramidal y una cultura fuertemente patriarcal generaban hacia la clase política una fuerte demanda de Autoridad y Protección”. Y más adelante agregaba:

La demanda simbólica básica estaba constituida por la de un Padre Justo capaz de resolver tres temáticas básicas: Trabajo, Salarios y Orden. Recordemos que la provincia estaba sumida en una grave crisis económica que impedía al gobierno cumplir con sus compromisos esenciales como el pago de salarios en tiempo y forma; sumado ello a una sensación de crisis institucional permanente al haber dejado el gobierno el ex gobernador De Aparici. Las promesas electorales de ésta habían generado altos grados de frustración. [5]

Resulta interesante el trabajo de Haime porque muestra las distintas piezas que fueron utilizadas para la construcción del nuevo gobernador. Entre otras cuestiones, el consultor señaló la existencia de tres segmentos electorales:

1. el sector que propicia un cambio (mayormente ubicado en los sectores medios de San Salvador de Jujuy),

2. el sector de los descreídos de la dirigencia política tradicional que buscan un gobernante con autoridad para frenar el caos (ubicados en el interior), y

3. el sector de los tradicionalistas que esperan la promesa de un dirigente ligado a la tradición provincial que sea capaz de contenerlos con la afectividad.

Domínguez, quizás el último político de primera línea que pisó una librería jujeña, mantuvo varios conflictos con los legisladores provinciales y, dos años después de haber asumido, renunció. Carlos Ficoseco, otro médico desconocido, asumió el cargo y pomposamente anunció que el ultramenemismo llegaba al poder en Jujuy. Sus sueños se derrumbaron como pompas de jabón y en menos de un año tuvo que presentar la renuncia.

Entonces, la legislatura tuvo que elegir el diputado que completaría el mandato. Agustín Perassi, un legislador de Palpalá que hasta entonces no tenía más antecedente que un fugaz paso gremial, fue el elegido. Perassi mostró que podía tomar decisiones (una de ellas fue otorgar un sustancial aumento a la clase gobernante bajo la forma de viáticos y gastos de representación, decisión que su antecesor no había podido efectivizar[6]) y su momento de fama le hizo soñar que podría ser elegido gobernador en las urnas. Hizo una campaña discreta de publicidad (algunas de esas imágenes gráficas serían utilizadas en posteriores campañas), pero no le alcanzaron frente al candidato que ya había aprendido la lección anterior y resultó airoso: “Guillermito” Snopek.

Esta vez, la fórmula triunfante se completaba con Carlos Alfonso Ferraro, un extrapartidario[7] que rápidamente se afilió al partido Justicialista (y que pronto llegaría al grado máximo de autoridad partidaria provincial). Éste había sido el principal periodista local, el que dictaminaba los temas de la agenda de la semana con su programa televisivo El pulso de la semana y que complementaba con otro de intenciones culturales, Nuestro Jueves. Según Pablo Baca, Ferraro era “una avispa el lunes y un pilpinto el jueves”. Es decir, al comienzo de la semana fustigaba a los errores de los políticos y durante el otro hacía ver la vida bohemia y tranquila del mundo de la cultura folklórica y artística.

En una clara intención de mostrarse alejado de los actos de corrupción que se mostraban en la revista Caras con las mansiones de políticos en Buenos Aries, Snopek afirmó al asumir su cargo que tanto él como Ferraro esperaban terminar el mandato “con la misma casa, con el mismo auto y, si nos aguantan, con la misma mujer”.

Esta vez no fue un golpe militar ni la renuncia por presiones populares la que truncó el mandato. Un accidente terminó con la vida del Guillermo Snopek y asumió Ferraro, en febrero de 1996.

Antes habíamos hablado del fin de los grandes caudillos, justo es reconocer que ese espacio vacío fue ocupado por el más exitoso de los periodistas locales. Después, Ferraro trataría de ser el principal enunciador del espacio político, pero ahí ya no se iba a mover con la misma soltura que en los medios audiovisuales.

Las continuas movilizaciones del FGE pusieron en jaque al último de gobernadores trunco y éste renunció en noviembre de 1998. Antes, en una de sus declaraciones se había sincerado ante los medios: “Tengo que entender la bronca de la gente, de los que no trabajan ni pueden mandar sus chicos a la escuela. En algún momento, en su impotencia, la gente tiene que expresarse”. El otrora brillante editorialista admitió lo que de verdad sentía. Sus palabras fueron reproducidas en un diario de tirada nacional y comentadas por otro periodista:

Ya no queda nada para esconder. Que los gobernadores admitan que su gente se siente impotente conlleva la confesión de su propia impotencia para sacarla del pozo. Guiados por el mismo impulso, los jueces se declararán impotentes para condenar a los reos, los detectives advertirán con tiempo que serán impotentes para llegar hasta las últimas consecuencias y, ante cada reclamo, los ministros se llevarán la mano al corazón y murmurarán: “Entiendo, pero soy impotente”.[8]

Carlos Ferraro fue el último político incapaz (casi escribo “impotente”, menos mal que me contuve a tiempo) de completar su mandato. Otra historia estaba por comenzar.

La era Fellner

Eduardo Fellner fue electo por la Legislatura local y completó el último mandato corto de un gobernador. El 24 de octubre de 1999 fue elegido gobernador (superó a su rival Gerardo Morales por tres mil votos); su eslogan prometía asegurar el orden y la paz de la provincia. Su compañero de fórmula, Rubén Daza, en ningún momento intentó pegar el salto de la Casa de Piedra a la de Gobierno (después se despegaría del partido que lo vio crecer y formaría otra agrupación política).

Sólo falta agregar que una de las frases en la que basó su campaña electoral (que no tuvo una plataforma de gobierno) fue que “Jujuy tiene salida”. Con ésta, el oficialismo jugó con el doble sentido de salir del caos y también hizo referencia a una de las obras públicas más ambiciosa: el paso de Jama, obra que había empezado a construir el ingeniero Carlos Snopek, en la década del 80.

El resto es historia reciente y casi todos sabemos lo que ocurrió.

Cuestiones abiertas

Este repaso fugaz quizás pueda servirnos para pensar si en las próximas elecciones se mantendrán aquellos segmentos que citaba Haime: los del cambio, los descreídos y los tradicionalistas. Y, si se mantienen, ¿cuál de ellos se impondrá?

Otra cuestión: aquellas demandas de autoridad, contención social y seguridad jurídica, ¿seguirán tan actuales? ¿No habrá que aumentar la cuestión de la seguridad a secas?

Y, por último, ¿el candidato ideal gobernador seguirá tendiendo estos atributos que solicitaba nuestra sociedad hace más de diez años: autoridad y firmeza, dueño de propuestas creíbles y realistas, sensibilidad social y capacidad de gestión? Y, si sigue con esos atributos, ¿cuál de ellos tiene más peso?

¿Será Carlos Daniel Snopek el que mejor encarne los atributos de autoridad y tradición? ¿La historia que tiene su apellido le ayudará a posicionarse claramente en el sector tradicionalista? ¿Y qué le suma Marcelo Quevedo Carrillo, hombre ligado a la producción tabacalera?

¿Qué sucederá con Walter Barrionuevo? No tiene un apellido tradicional pero es el elegido para ir “por el mismo camino”, ¿le alcanzará su lealtad para ocupar el segmento de autoridad y tradición? ¿Y qué segmento sumará el supermercadista Pedro Segura?

Por el lado radical, Alejandro Nieva tiene el perfil de la tradición y, al igual que Carlos Daniel porta un apellido que tiene pedigree político, ¿será Alejandro el que seduzca a los tradicionalistas? ¿Tiene fundamentos para convencer al segmento innovador más allá de los carteles en los que coloca el diminutivo de su nombre? ¿Será Pablo Baca el mejor candidato a vicegobernador? ¿Su accionar como abogado de diferentes causas (entre ellas ser el asesor legal de varios gremios, colaborar con los Juicios por la Verdad), la sensibilidad de escritor y un dinamismo que se hizo notar en la parsimoniosa cámara legislativa le darán muchos votos a la fórmula que integra?

¿Serán estas elecciones propicias para Rubén Daza y sus propuestas de creación de empleo y productividad? ¿Él será el que mejor encarne la contención social que reclaman los afiliados justicialistas? ¿Los años que lleva en política habrán forjado su carácter para gobernar con autoridad? ¿Fernando Arnedo en qué segmento se posicionará?

Es la hora de analizar las propuestas de los únicos animales que tienen la cualidad de ser políticos. Sobre ellas hablaremos en una próxima nota.


Las ilustraciones que aparecen en esta nota son obras de H.R. Giger.




[1] Marcelo Lagos y Mirta Gutiérrez afirman: “Se reconstruyeron rutas, viviendas, puentes que habían sido barridos por las inundaciones. En el año 1986, se realizó la mayor cantidad de obras de infraestructura, en especial en materia de defensa de los ríos y puentes en toda la provincia”. Más detalles en “Dictadura, democracia y políticas neoliberales. 1976-1999”, incluido en Marcelo Lagos y Ana Teruel (directores), Jujuy en la Historia, San Salvador de Jujuy, Ediunju, 2006.

[2] El artículo 127 de la Constitucional de la provincia de Jujuy, sancionada el 29 de octubre de 1986, estuvo redactado de manera tal de cortarle toda posibilidad de reelección al ingeniero Snopek y también a toda integrante de su familia que pretendiese sucederle. Expresa dicho artículo: “El Gobernador y el Vicegobernador durarán cuatro años en el ejercicio de sus cargos y cesarán en ellos el mismo día en que expire el período legal, sin que motivo alguno pueda prorrogarlo. Podrán ser reelectos por un período más, pero no ser reelegidos sucesiva o recíprocamente sino con un intervalo legal. No podrán ser candidatos a Gobernador o Vicegobernador, los respectivos cónyuges y parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad, o por adopción, del Gobernador o Vicegobernador en ejercicio.”

[3] “El error de Snopek fue presentar cuatro sublemas que lo postulaban como candidato a gobernador –con distintos candidatos a vice– pero presentando números distintos de sublema en cada boleta. Así, mientras en términos matemáticos los cuatro sublemas de Snopek sumaban el 22% de los votos en términos legales dichos votos no existieron. Para la justicia la lista del PJ obtuvo el 47,7%, y dentro del lema, el sublema más votado fue Rojo Federal de Roberto Domínguez con el 18%” (Hugo Haime, La imagen del poder: La consultoría política en acción, Buenos Aires, Corregidor, 1997, p. 171).

[4] Ibídem, p. 171.

[5] Ibídem, p. 171.

[6]Durante la crisis de gobierno de Ficoseco, cuando el sueldo promedio de los estatales era de de 200 pesos, se había intentado elevar la paga del gobernador de 1.800 pesos a 10.000 pesos, de 4.000 a 7.500 peso el de los legisladores y 13.000 pesos el de los magistrados. El intento fracasó por el estado de convulsión social” (Lagos y Gutiérrez, op. cit., p. 294).

[7] “También se hizo común, copiando la ‘moda’ nacional, el tránsfuga (en sentido literal: persona que pasa de un partido a otro) o candidato sin tradición ni estructura partidaria, pero con fondos para financiar el costo de las campañas, asimismo los extrapartidarios que gozaban de de popularidad ganada en otros ámbitos, en el caso local, en los medios de comunicación” (Ibídem, p. 284).

[8] Hugo Caligaris, en La Nación, Buenos Aires, 25 de mayo de 1997, p. 27.

martes, 14 de agosto de 2007

Con vida los llevaron

Nota a la segunda edición del libro Con vida los llevaron: Memorias de madres y familiares de detenidos-desaparecidos de San Salvador de Jujuy, Argentina que aparecerá próximamente.

Este libro apareció con un sello editorial de larga trayectoria en el campo intelectual: La Rosa Blindada. José Luis Mangieri, su director, no dudó ni un instante en apoyar este trabajo, razón por la que le agradezco públicamente. Él puso todo su entusiasmo -los que lo conocen, saben lo que eso significa- para lograr una edición digna que, además, resultara accesible para el bolsillo del lector:

Siempre tuve en cuenta que éste es un libro eminentemente político, lo que no quiere decir que lo he descuidado desde el punto de vista gráfico ni mucho menos. Lo que sí tuve en cuenta es la cuestión económica para que no gravitara en el precio de tapa del libro, entre otras cosas. Tranquilidad, que soy un editor responsable y eficiente (no hay de qué).[1]

Por este motivo, él respetó casi todas mis indicaciones. Es decir, hizo caso omiso a mi pedido para que las notas al pie figuraran en el final de cada página y no en las últimas; tampoco aceptó que cada capítulo comience en una página nueva. Esas decisiones permitieron ahorrar una buena cantidad de papel (esa primera edición tuvo 260 páginas) y, por lo tanto, el precio al público resultó amable.

Otro logro del editor fue que el libro circulara por todo el país y en algunos focos culturales del extranjero. Mangieri concurrió a programas de radio, concedió entrevistas que aparecieron en medios gráficos y el lanzamiento del libro no pasó desapercibido. El mismo acto de presentación fue un hervidero de gente. “No cabía ni un alfiler”, graficó una periodista amiga. Que el libro atraiga a tantas miradas -justo es decirlo- es, además, un mérito de la convocatoria de las madres y los familiares de nuestros detenidos-desaparecidos.[2]

Con vida los llevaron recibió comentarios que aparecieron en medios de Buenos Aires, Rosario, Mendoza y -no podía ser de otra manera- Jujuy. Y también se publicaron notas en Venezuela y Estados Unidos. Por otro lado, no fueron pocas las universidades extranjeras que adquirieron el libro para sus bibliotecas.

A mí me tocó responder a una batería de entrevistas. Las más interesantes fueron las que me realizaron Osvaldo Aguirre, un autor que establece relaciones promiscuas entre el periodismo y la literatura, y un grupo de jóvenes que terminaba la escuela media. Ellos demostraron ser muy buenos lectores y sus intervenciones resultaron las más interesantes. No ocurrió lo mismo con un político que, en el acto en el que el Consejo Deliberante declaró al libro de interés municipal, reconoció no haber leído el libro pero le parecía importante apoyar esta iniciativa. Ayer, la dictadura prohibió libros, amenazó y censuró a autores; hoy, existen funcionarios que no leen, quizás porque consideran a la lectura como un acto innecesario. La relación entre los dos momentos es directa: los regímenes totalitarios no permiten que sus ciudadanos piensen y nuestra democracia todavía tiene muchas cosas que mejorar. Esa analogía demuestra, además, la dificultad de cambiar ciertos modos de pensar.

Otra consecuencia del libro fue un curso que dicté sobre las memorias de la represión dictatorial en Jujuy. Esa capacitación se desarrolló gracias a la organización del gremio de los docentes secundarios y del nivel superior no universitario. Asistieron más de sesenta profesores que demostraron el interés por esta temática (novedosa, para los más jóvenes).

Por sugerencia de Mangieri, editamos la revista de memorias Nadie olvida nada -siete números, entre julio de 2004 y marzo del 2006- que después dio nombre al film documental que realizó Ariel Ogando. En las páginas de la revista, el pasado existía en tiempo presente; tal vez, ésa sea una de las pocas formas en que el pasado puede existir para las sociedades y no sólo para los historiadores.

Estas acciones permitieron crear un público lector, así me confirmaron los amigos libreros de esta ciudad. Y también permitieron que las voces de las mujeres que testimonian en el libro tengan resonancias en medios de alcance nacional y de otros países. Es de destacar, en ese sentido, la presencia de periodistas de la televisión holandesa en Jujuy; ellos registraron opiniones sobre la dictadura militar y lo que determinados políticos expresaron produce vergüenza ajena, algunos aseguraron (así quedó registrado en un video) que siempre brindaron respaldo a familiares de los detenidos-desaparecidos y esgrimieron, como signo de evidencialidad, la declaración de interés legislativo del acto de presentación de nuestro libro y de la revista, como si esas actuaciones fuesen algo más que un acto declarativo que apenas sirve para la tarea burocrática. Un diputado provincial afirmó que no puede colaborar porque “los organismos de DDHH son muy cerrados”; sólo le faltó declarar que los jujeños “somos derechos y humanos”.

En el 2005, gracias a los esfuerzos del ministerio de Educación de la Nación, la universidad local y el ministerio de Gobierno de Jujuy, apareció el cuadernillo Tejer con hilos rotos: Notas y entrevistas sobre una cultura de la memoria que reúne textos que escribí en diversas publicaciones. Ese cuadernillo formó parte del programa de articulación “Universidad y la Escuela Media II”, en el que formé parte como capacitador. Lamentablemente, la edición reducida (cincuenta ejemplares) apenas alcanzó para los docentes que asistieron a capacitarse.

No sólo escribí mucho sobre esta cuestión. El año pasado brindé una charla denominada “La máquina de recordar”, en un acto organizado por el gremio de docentes e investigadores universitarios de esta provincia. En el marco de la conmemoración de los treinta años del golpe de Estado, también formé parte de un panel titulado “Entre el pasado y el futuro, los jóvenes y la transmisión de la experiencia argentina reciente” que organizó el ministerio de Educación de la Nación y la secretaría de Educación de Jujuy. Por otro lado, lamenté no concurrir, por razones de compromisos laborales, a un encuentro internacional organizado por el Núcleo de Estudios sobre la Memoria que dirige Elizabeth Jelin en Buenos Aires.

Estas actividades señalan el interés creciente que tienen los escritores, periodistas, docentes, investigadores universitarios y jóvenes por una herida que nunca fue cerrada. Y también marcan la, por lo menos, dudosa posición de algunos actores políticos locales. Es decir, los trabajos de la memoria realizados en Jujuy son muy visibles, aunque esto no signifique que se ha cerrado la investigación ni que exista un compromiso de la dirigencia política. Es posible que esto sea así porque, entre otros motivos, está faltando pasar del recuento de los hechos trágicos que nos tocó sufrir a un análisis crítico y reflexivo de los mismos.

Por lo demás, todavía nos faltan relatos que completen el rompecabezas que empezamos a armar hace algunos años. Por eso, en esta edición hay espacios en blanco (ahora lo podemos dejar de manera evidente porque contamos con un subsidio de cuatro mil pesos del poder Ejecutivo provincial, un dinero que nos quedó de la revista Nadie olvida nada y la ayuda de la universidad local).

No obstante lo expresado, entre la primera edición y ésta, el número de capítulos se incrementó en más de un decena (varios han aparecido en la revista de memorias ya nombrada).

Mi tarea sigue siendo la misma que en la primera edición: más cercana a la de un editor que a la de un autor. El método que he empleado ha sido el montaje literario que, como ya expresé, no descarta los espacios en blanco. Esos espacios son un vacío que, en el caso especial del capítulo “Donde habita la muerte”, es una demanda contra el asesinato de Dominga Álvarez, Alicia Ranzoni y Juana Torres.

Que esta edición aparezca con el sello de una editorial universitaria no significa que pierda su carácter político. Como bien lo expresó el Dr. Enrique Arnau, en su discurso de asunción como rector de la Universidad Nacional de Jujuy, ningún universitario (ningún ciudadano, agregamos nosotros) puede estar al margen de las memorias de la violencia política y de la represión dictatorial. Por lo tanto, esta edición que mantiene su constitución inicial -inalterable, de acuerdo a mis convicciones-, sigue siendo una obra que contiene historias acerca del poder (militar, empresarial y religioso), de los militantes que querían transformar la realidad, de las víctimas y los familiares que resistieron.

Es, por lo tanto, un libro político.

San Salvador de Jujuy, febrero de 2007


[1] Correo electrónico de José Luis Mangieri del 10 de febrero de 2004.

[2] Sospecho que fue el último acto público al que concurrieron militantes de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y la Corriente Clasista Combativa (CCC). La presencia de grupos que se miraban de soslayo ya hacía temer que vendrían días de difícil convivencia entre los grupos sindicales de Jujuy; pero eso ya es otra historia.

viernes, 10 de agosto de 2007

Un poema rescatado de la papelera de reciclaje

La deuda interna


en el barrio
yo era un chico que se peleaba con su viejo
hasta que un día
él me llevó a un baile de la jotapé
yo no entendía mucho
pero admiraba a aquellos muchachos
que se reían
y fumaban cigarrillos imparciales
ninguno de ellos pensaba que se venía lo peor

la memoria que tengo ahora
no es gratuita
me viene por mi familia
y el patrullero que se paraba todos los días
en la esquina de mi casa
mi viejo,
entonces,
estaba organizando
─con mucha imprudencia─
la federación de centros vecinales de palpalá

la vida era intensa para mí
cuando mi viejo
me llevaba en el manubrio de su desvencijada bicicleta
era una bici de mujer
pero la usábamos todos sin distinción de sexo
en el caño que baja hasta la rueda delantera
tenía un cartelito que decía:
“luche y vuelve”

(el general volverá en un avión negro,
decía un vecina
y me mandaba a ver si no estaba bajo mi cama)

ahora escribo
para aquellos que perdieron a sus hijos
y siento que
─de alguna manera─
pago parte de mi deuda
por aquellos días intensos

martes, 31 de julio de 2007

Periodistas

Adelanto del libro que editará la Universidad Nacional de Jujuy próximamente

Prólogo

Esta compilación fue pensada, inicialmente, como material de lectura para mis compañeros del gabinete de Prensa y Difusión de la Universidad Nacional de Jujuy. Después, entendí que estos artículos podrían servir a un público lector más amplio.

Convencido de que la gestión de la información no puede estar desligada de cuestiones formales (el tono, el ritmo, cierta estructura), como de cuestiones ideológicas en las que se selecciona qué contar y a quién presentar como protagonista, he seleccionado estos textos que pueden servir a periodistas como material de apoyo en su práctica concreta.

El lector encontrará en las páginas que siguen material referido a tres cuestiones muy ligadas: la lectura, la escritura y la práctica periodística. Todos los artículos exceden a la mera enunciación de un tema y señalan la destreza simbólica de sus autores en el uso de la palabra.

Casi todos ellos tienen, o han tenido, una presencia constante en medios gráficos. Otros son consultados de manera asidua por esos medios. La totalidad se ha profesionalizado en la acumulación de un capital intelectual y, por lo tanto, ha reflexionado largamente sobre la tríada mencionada en el párrafo anterior.

La escritura y la lectura son acciones centrales del trabajo periodístico. Ese trabajo es uno de los que más ha evolucionado en el largo paso de la modernidad. Poco queda del oficio de mala fama (“prefiero que en casa sigan creyendo que toco el piano en un burdel”, satiriza Manuel Vicent después de unas elecciones en las que los ganadores no fueron tan ganadores ni los perdedores tan perdedores como habían pronosticado sus colegas) y es una de las actividades centrales en la formación de discursos que circulan por los medios más influyentes y, a menudo, forman la opinión pública.

En la lucha simbólica por imponer sentidos, los periodistas –o mejor: algunos periodistas– son envidiados por otros actores sociales que también utilizan las palabras con destreza. A menudo esa rivalidad está dada por el lugar que ocupa cada oponente. Así, el año pasado, cuando la revista Ñ de Buenos Aires dedicó su edición del 21 de marzo para conmemorar los treinta años del inicio de la última dictadura, sólo el editor José Luis Mangieri, entre tantos entrevistados, recordó a escritores del interior (entre ellos, a Alcira Fidalgo de esta provincia) que fueron víctimas de los genocidas del 76. Esta cuestión no pasaría desapercibida por varios lectores.

Así, unos días después, el poeta Ernesto Aguirre envió un correo electrónico con la pretensión de que la publicación de difusión nacional lo incluyera en la página destinada al correo de los lectores. El texto decía:

Como si fuesen pocas las coincidencias registradas por la historia argentina entre hechos ocurridos en Capital Federal con similares sucesos en el interior y, luego de leer la edición de Ñ dedicada a recordar el golpe militar sufrido por dicha capital un 24 de Marzo de 1976, debemos sumar una más. Curiosamente, un 24 de Marzo, aquí –en el interior–, padecimos un golpe militar de similares características represivas idénticas al que ustedes denuncian. Sería beneficioso para ambos pueblos inaugurar, cuanto antes, alguna vía que nos permita un intercambio de información. Algún día (¿por qué no?), podríamos contar con un panorama más generoso sobre tanta historia padecida y casi, casi, compartida.

¿Hace falta aclarar que el mensaje de Aguirre nunca fue publicado? La tensión no sólo existe por un lugar de privilegio para la construcción de representatividades culturales; también aparece por el uso de la fina ironía. La única diferencia, en este caso, es que la primera puede imponer rápidamente una manera de ver y entender; en tanto que la queja del poeta tiene que esperar una oportunidad, como la de la presente edición, para ver la luz.

Creo que tampoco hace falta aclarar que toda la cuestión no pasa por la dicotomía centro / periferia. La nota de opinión, tanto de un periodista como la de un escritor (en esta compilación se evidencia la estrecha relación que existe entre ambos sujetos de la modernidad), es siempre un espacio de independencia emergente que, por ser tal, incomoda a los poderes establecidos.

Es por lo recién expresado que mientras preparaba el índice de este proyecto tuve siempre en claro que la escritura es inseparable de la lectura y que una buena crónica se diferencia de un texto literario sólo porque la primera ha sido escrita con mayor urgencia temporal. En ningún momento pensé en lograr una síntesis que unifique la problemática que aquí se presenta. He preferido mostrar la riqueza de una cuestión, antes que buscar una resolución inexistente a los problemas de la comunicación.

Los textos hablan por sí mismos y no hay necesidad de que yo haga un resumen. Sólo quiero hacer notar que la compilación no ha sido aleatoria. El mérito –si cabe este término– ha sido lograr una convivencia respetable entre las distintas ideas que aquí se presentan. Ideas que, en no pocos casos, se enfrentan entre sí y que juntas producen una fértil pluralidad de perspectivas.

Lamento ofrecer al lector algunos textos de manera fragmentaria. Pero el diseño total me empujó a cortar algunos artículos para que el conjunto tenga un delicado equilibrio. Más lamento no poder incluir otros por obvias razones de espacio. Me hubiese gustado introducir, por ejemplo, textos que se refieren al periodismo científico o al cultural. Manifiesto esto porque la divulgación de la ciencia es una tarea incipiente que desde nuestra Universidad desarrollamos con mucho entusiasmo. Por esa razón, hemos planificado la aparición de un próximo libro con artículos de investigadores universitarios que se dirigen a un público no especializado. Mientras tanto, será tarea del lector elegir otras combinaciones posibles que las presentadas en este libro o, en los casos en que los textos no aparecen en su totalidad, completarlos o buscar el contexto de los artículos citados.

Por otra parte, el periodismo cultural es la gran deuda que tiene este país. Apenas un puñado de autores han reflexionado sobre esta cuestión: Jorge B. Rivera, Jaime Rest, Beatriz Sarlo, Pablo Chacón y Jorge Fondebrider. En Jujuy, Néstor Groppa ha practicado largamente esta especialidad, rastros de esa práctica quedaron registrados en uno de sus libros –Abierto por balance–, pero ha obtenido un reconocimiento escaso en lo que se refiere a su función específica:

Nunca me consideraron periodista porque aquí es periodista el que informa sobre un choque, un robo, una violación, un gooooool, la construcción de un cordón cuneta, un contrabando, es decir todas las insoslayables pequeñeces que reunidas hacen a la cultura. El que difunde esa cultura que muchos han resumido en poemas, cuentos, teatro, etc. del lugar en que viven pero no usan las frases convencionales y los lugares comunes gramaticales del “periodista” corriente, no es periodista y pasa a ser, en el atlas plantarium del lugar, una extraña especie vegetal en una maceta incómoda que no se sabe bien dónde ubicar.

La aclaración de Groppa como rara especie también sirve para anunciar la necesidad de contar con un volumen con textos de autores locales, cuestión que –me apuro a decirlo– también figura en nuestra planificación.

Finalmente quiero agradecer a los columnistas que han autorizado la reproducción de sus trabajos, a las autoridades universitarias que han aprobado esta edición y al Departamento de Investigación del Instituto de Formación Docente y Capacitación Nº 2 de Tilcara que permitió que ocupe un cuatrimestre en una de las actividades que más placer me brinda: leer.


Índice

Leer y escribir por Beatriz Sarlo

Leer, vicio impune por Eduardo Berti

La era de la fragmentación por Luis Alberto Quevedo

Focus por Vicente Verdú

Kriptonita en los pulmones del Che por José Pablo Feinmann

El cachorro asesinado por Ernesto “Che” Guevara

Territorio comanche por Arturo Pérez-Reverte

La realidad transformada en mero show por Víctor Hugo Ghitta

Tele que me hiciste mal… por Ariana Vacchieri

La enfermedad del deseo por Nicolás Casullo

La lengua larga de los candidatos por Orlando Barone

Casting por Susana Viau

Mi programa no era un coto cerrado por Bernard Pivot

Una nueva disciplina: la mediología por Ana María Vara

Defensa de la caja boba por Luis Alberto Quevedo

Monstruo por Hugo Caligaris

El día que los marcianos invadieron la tierra por Raúl Alzogaray

La violencia de la mediocridad por Claudio Fantini

Los que escribimos y firmamos lo hacemos para ganarnos el puchero por Roberto Arlt

Un libro de Roberto Ar, o Art, o algo así por Abelardo Castillo

¿Quiénes son esos sujetos desplazados? por Ricardo Piglia

El ocaso de la función crítica por Carlos Gazzera

La historia que escribo en caliente y nadie me la quiere publicar por Rodolfo Walsh

Nacer en Madrid por Horacio Verbitsky

Recuerdos de periodista por Gabriel García Márquez

Esa carta por Lilia Ferreyra

La herencia pendiente por Osvaldo Aguirre

Se oyen las musas por Carlos Gamerro

El hombre que fue su propio experimento literario: Truman Capote por Silvina Friera

Una fiebre por Truman Capote

Guiños por Jorge Lanata y Ernesto Tiffenberg

El periodista independiente es aquel que dice cosas que al poder no le gusta por Joaquín Morales Solá

Vestirse y ser desvestido por Sandra Russo

El periodismo es un oficio por Andrew Graham Yooll

Periodistas por Manuel Vicent

El fiscal de Viena: Karl Kraus por Diego Rottman

Yo por Karl Kraus

Escribir: modos y vidas por Guillermo Piro

El lector y sus límites por Beatriz Sarlo

Cumpleaños, hipermodernidad y masoquismo x Enric Castelló

Blogs: ¿La nueva información? Por Adriana Schettini

domingo, 29 de julio de 2007

Vacaciones de invierno

Esta es una foto rara. La tomé la semana pasada, mientras paseaba por Tilcara.

El día se estaba yendo y yo saqué mi cámara para captar las última luces. Al costado derecho se ven las sombras de unos árboles. Al centro, los adoquines de la calle de la iglesia y la vieja escuela Normal. Al fondo, unos cerros imponentes.

Digo que es una foto rara porque, en la plaza del pueblo, había cientos de turistas que buscaban el mejor precio del mismo recuerdo. Todos iban con sus cámaras en la mano y con alguna prenda de lana de llama.

Una vez, un turista profesional (esos que siempre salen de vacaciones a lugares recomendados) le preguntó a un tilcareño qué era lo más tradicional del lugar. El visitante quería congelar el momento en que él estaba al lado de la tradición tilcareña. Sin dudarlo el informante le indico a otro turista que iba con su cámara lista para gatillar y dijo: "Eso".

A pocas cuadras de la plaza central hay adoquines solitarios. Más allá del centro siempre hay visiones que valen la pena.

miércoles, 4 de julio de 2007

La fiesta literaria más importante de Jujuy

Manuel Ortega, Max Cachimba, RC, Gustavo López y Tincho Bertolone.

Como cualquier lector activo, soy parte interesada de la Feria del Libro. Además, colaboro con algunos contactos literarios, pero empujo –sin cansarme mucho– desde atrás; hago esta aclaración porque esta nota no tiene la distancia crítica que debería tener cualquier nota seria. En rigor, ahora que lo pienso, ninguna de mis notas tiene esa distancia, pero las responsables de esta publicación me dan licencia para mezclar el placer con el trabajo. El resultado es esta especie de Fernet con Coca que todos los meses aparece en esta publicación.

El protagonismo organizador de la Feria lo tienen los amigos de la librería Horizonte, el responsable del Teatro de La Vuelta del Siglo y otros personajes sueltos que prefieren estar en el anonimato. Hay, además, varios auspiciantes (nombro a los que figuran en el programa): la delegación local del Instituto Nacional del Teatro, la editorial Perro Pila, la secretaría de Turismo y Cultura de la provincia, Simecom, el programa Café Cultura Nación, la Asociación de Trabajadores del Estado, la empresa de ómnibus ETAP, el Club Hostel, la Universidad Nacional de Jujuy, el Ente Autárquico Permanente, el hotel Ohasis y la agenda cultural Mi Salida.

También están los lectores a los que se les ofrece un menú más que variado. La programación se hace con la ayuda de organismos del Estado (por lo general, se trata de escritores que tienen títulos que reconocemos en las vidrieras de las librerías); contactos aislados que ofrecemos los últimos de la fila (casi siempre buenos escritores, músicos y/o editores desconocidos por el público masivo); ofrecimientos que hacen editoriales de neto perfil comercial para presentar a sus autores; el apoyo de los escritores de Salta y Jujuy; de las editoriales locales; de las revistas y de cualquier persona que tenga ganas de exponer un producto cultural. El menú que resulta es apto para todos los gustos y uno puede elegir libremente con qué alimentarse y casi no hay peligro de indigestión.

Resulta imposible referirse a la totalidad de los actos que se desarrollaron. Por eso, voy a hablar sólo de algunas cuestiones. Para empezar, fue todo un acierto desarrollar el taller de edición alternativa que coordinó Gustavo López de la editorial Vox de Bahía Blanca. El editor llegó con los libros más atractivos de la Feria. Todos magníficamente diseñados, empaquetados y con mucho material no convencional para el objeto libro: gomillas, posavasos, piolines, calcos, publicidades de bailantas, radiografías y otros residuos. La combinación de todos estos elementos hace acordar a los cuadros que Berni construía con material recogido de basurales (algunos fragmentos de la revista Ñ que colocan como páginas de guarda de un libro bien podrían haber salido de ese lugar, digo por cierta calidad dudosa que ofrece ese periodismo de Buenos Aires).

Otro taller importante fue el de historieta que dictó el rosarino Max Cachimba. Ustedes ya saben que todavía algunos sectores de la sociedad ven a la historieta como un género menor; son los que creen que la historieta es a la historia, como la camiseta es a la camisa. Es decir, algo que está a flor de piel, pero que conviene no mostrar. El autor que apareció en la Fierro, una de las mejores revistas del género, demostró que la historieta es un arte mayor.

Hay muchos puntos positivos que no van a entrar en esta página por razones de espacio. Apenas me quedan una líneas para decir que faltó café y vino en el teatro. Fue, para alegría de los amantes de la vida sana, una fiesta libre de humo y de bebidas fuertes. La única excepción ocurrió en el festejo por la aparición del libro La olla coya de Tincho Bertolone, cuando el cocinero-murguero nos convidó unos excelentes vinos. El recuerdo de esos tragos casi me hace olvidar que, en este número de La Revista, estoy escribiendo demasiado y casi sin cansarme.

Salud.

Esta nota se publicará en La Revista, nº 34, San Salvador de Jujuy, julio de 2007.

Ver este tema en el blog de Guillermo Piro.

martes, 3 de julio de 2007

Dicen que soy aburrido

Si uno tuviera que asociar un color con las palabras que utilizan los políticos de Jujuy, ese color debería ser el gris de los hospitales. Casi todos los funcionarios públicos se expresan con una medianía que se parece a una expresión enferma. Fulano es del partido; con mengano se puede; gestión pepito; zutana diputada; XY se la banca, el suertudo al gobierno, el patrón al poder: he aquí un listado incompleto de la poética de la mediocridad jujeña.

Todo lo anterior sirve para contextualizar la sorpresa que cualquier lector siente cuando lee las expresiones del senador Guillermo Jenefes que aparecieron en la edición impresa de ServiPren del 29 de junio del corriente. La entrevista fue realizada por Rosario Agostini, quien muy hábilmente logró que el político citado salga de la monotonía expresiva de la clase política.

La parte más colorida es cuando el senador (y empresario) le contesta a la senadora (que tuvo sus primeros minutos de fama en el canal de adivinen quién) Liliana Fellner. Ella había afirmado, según su actual compañero de bancada y otorgador de espacio televisivo, que no se precisa ser dueño de un medio para dedicarse a la política.

Jenefes afirma que es político porque se ha ganado su lugar, aunque no precisa cómo fue la construcción de ese espacio. Digo esto porque no sabemos, por ejemplo, cuándo perdió el pelo: si ocurrió en su militancia en la juventud peronista o en alguna de las luchas sindicales o en la clandestinidad contra la dictadura. Tampoco sabemos cómo fue su inserción en la opinión pública de manera tal que el pueblo (¿se acuerdan de esta palabrita?) decidiera darle su apoyo. Aval que, sin dudas, lo tiene.

En los dos últimos párrafos de la entrevista, Jenefes demuestra que las palabras críticas de Liliana Fellner le llegaron a la másmédula del corazón y, en consecuencia, pega duro. Expresa que el espacio que él ganó es similar al que también se ha ganado “Liliana, que es Fellner”. Repite cuatro veces la fórmula que incluye el nombre de pila de la senadora o alguna referencia (“ella, senadora”) seguido del apellido magnánimo de esta provincia.

Según el entrevistado, la senadora “ha sido una luchadora de la cultura” y que el lugar donde luchaba era un espacio que él le había cedido. Allí nació su “pasión por la cultura y sus aportes a la provincia”.

El poder, lo sabemos, se puede ejercer de muchas maneras. Quizás, la más común sea por medio de la dominación; es decir, cuando alguien tiene la dependencia de otros. Es evidente que la mayoría de los políticos que supimos conseguir ignoran otras formas de poder como aquellas que brindan autonomía para que todos estemos mejor. Para no dar tantas vueltas: existe el poder de dominación y existe –aunque lo veamos poco– el poder del servicio. Éste último significa garantizar los recursos para que todos ganemos en autonomía y cambiemos la injusta realidad en la que vivimos.

Releo lo que escribí y me doy cuenta que soy tremendamente aburrido. Que no puedo ni siquiera aproximarme a la atractiva nota de Agostini, a quien envidio por su capacidad para descubrir oro en medio del barro. Y, debo reconocerlo, envidio muchísimo más a nuestros senadores no por el lugar que bien se ganaron, pero sí por su militancia incuestionable y por el lugar que tienen en la historia de la cultura de Jujuy.

Esta nota se publicará en La Revista, nº 34, San Salvador de Jujuy, julio de 2007.

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